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Florent Manaudou le nouveau sex symbol français : Les photos avant-après !

Written By sitemp3 on Rabu, 15 Agustus 2012 | 02.53


florent manaudou




























La nouvelle star des bassins Florent Manaudou pourrait facilement figurer dans mon sondage des plus beaux mecs du monde ! Révélé au grand public lors des derniers Jeux Olympiques de Londres, on peut parier qu'on va bientôt le voir dans des campagnes de pub pour du parfum ou autres, vu son physique magnifique.
Pourtant en 2004, c'était juste un petit ado un peu bouboule : Quel changement !
Et vous, est-ce que vous aussi vous craquez sur Florent Manaudou ?
Ou préférez-vous un de ces beaux mecs ?

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Colin Farrell va al futuro

Written By sitemp3 on Minggu, 12 Agustus 2012 | 21.06

El actor irlandés protagoniza, 22 años después, una nueva versión de la exitosa cinta de ciencia ficción El vengador del futuro.

Miguel Cane.



Desde su debut hace poco más de una década, este actor irlandés (Cork, 1976) ha demostrado ser muy versátil y bastante ecléctico en la elección de sus filmes. Si a eso agregamos que no suele dar importancia en absoluto a lo que los medios digan de él para hacer lo que le dé la gana con su vida, se confirma que es una figura poco común: un rebelde genuino.

Esto no le ha restado oportunidades de trabajo; al contrario, le ha dado una mayor libertad. Es así que se permite trabajar con cineastas de renombre como Terence Malick o Neil Jordan, sin descuidar algunos proyectos que le dan imagen y taquilla, como es la nueva versión de El vengador del futuro, que, curiosamente, no constituye un remake de la película del mismo título, protagonizada en 1990 por Arnold Schwarzenegger y Sharon Stone y dirigida por Paul Verhoeven.



MC: Entonces... ¿El vengador del futuro no es un remake?
CF: No, no realmente. Len Wiseman (el director) le otorgó a la historia cambios de estructura y de forma. La película sólo se basa en el cuento original de Philip K. Dick, que muestra a Quaid como un obrero común y corriente cuya fantasía es viajar a Marte. Mi personaje se construyó de forma diferente. También es un tipo ordinario, pero enfrenta un problema mucho más complejo: tiene una pesadilla recurrente que le trae recuerdos que no cree haber vivido, algo así como flashbacks de un pasado incierto, una suerte de vida pasada, ¿me explico? De repente siente que el mundo que conoce no es el real, y por eso decide recurrir a la técnica del implante de memoria. No dispara la acción de la película por un simple viaje turístico, como sucede originalmente.

MC: Y no tiene el tono de la primera versión...
CF: Por supuesto que Paul Verhoeven (el director holandés de la primera versión) tenía otra intención: quiso mezclar acción, ficción, suspenso y algo de humor, algo que le sentó muy bien a su película. El guión se desarrolló en torno a la figura que era Schwarzenegger cuando estaba en su mejor momento. Pero tuvimos claro desde un principio que esta versión sería diferente, más dramática, quizás en un ambiente más oscuro, dándole una gran importancia narrativa y visual a las escenas de acción, y con una magnífica panorámica visual, con una escenografía compleja y muy elaborada. Es otra historia, completamente, aunque provengan ambas de la misma fuente.

MC: ¿Cómo te sentiste cuando te la ofrecieron?
CF: Soy un gran admirador de la cinta original. De niño era fan de todo lo que hacía Schwarzenegger, es decir, Red Heat, Commando, Terminator y Predator, hasta de sus películas malas. Pero gracias a Dios no sentí presión por retomar el papel que hizo ni por competir con la habilidad que demostró. Al principio dudé de hacer este nuevo Vengador del futuro hasta que leí el guión y comprendí la gran diferencia narrativa e incluso de género con respecto a su predecesora. A pesar de ser una superproducción, la sentí más íntima que algunas pequeñas películas independientes que he rodado.

MC: Hiciste todas tus secuencias de acción sin doble, y eso es algo muy dificil.
CF: Desde que supe que haría esta película me dediqué a una exigente preparación física. Levanté pesas durante cuatro meses, seis días por semana. Me levantaba muy temprano para correr todas las mañanas. Cuando me sentía exhausto, recordaba que mi personaje tiene un entrenamiento más que militar, como superagente de gran fortaleza física, así que entonces me esforzaba más.

En cuanto a mi forma artística, me siento realizado: ahora puedo hacer películas grandes y pequeñas (cine independiente). Algún día quizás sólo haga pequeñas (risas). La verdad es que me gustan más.

MC: Sin embargo, debes haber quedado magullado, al igual que las actrices...
CF: Totalmente... Mucha gente puede creer que no somos los actores en estas escenas, pero en realidad sí lo somos. Kate, Jessica y yo quedamos con moretones, algunos bastante dolorosos. Cada mañana, durante los cinco meses que duró el rodaje, me costaba mucho trabajo levantarme por los dolores en la espalda, el pecho, los brazos. Kate y Jessica me sorprendieron muchísimo con su entrega incondicional en los combates. Un día llegué al set y escuché ruidos fuertes, y resulta que era Jessica, que ensayaba las coreografías desde la madrugada. Son muy dedicadas estas chicas y por eso uno debe estar a la altura.

MC: Este filme te devuelve a la superproducción. ¿Las echabas de menos?
CF: Todo depende de las ofertas que reciba; por mí, encantado de ir de un género a otro, y del comercial al independiente. Sin embargo, hay un detalle curioso, y es que me sentí como en familia rodando El vengador del futuro. Pude acercarme de forma muy personal al director y los otros actores; llegamos a tenernos una gran empatía y confianza. Fue emocionante y formativo pertenecer a este equipo. Por eso la describo como una experiencia tan íntima que me parecía que estuviera trabajando en una película de pequeño presupuesto, aunque sabíamos que la inversión sobrepasaba los 100 millones de dólares.

MC: ¿Ya conocías la obra de Philip K. Dick?
CF: Tengo un hermano que es fanático de la ficción y de Dick, pero yo no me puedo considerar un auténtico conocedor. Admiro su trabajo porque tras la ficción hay una serie de elementos sociológicos muy interesantes, el temor de gran parte de la humanidad ante el creciente abuso de poder de muchos gobernantes. Y no sólo en su cuento, sino en otras novelas. Es como una advertencia de lo que podría pasar si seguimos dejando que los poderosos decidan el rumbo de todos. Al margen de los avances monstruosos de la tecnología, resulta alarmante lo que hacemos los humanos. También estuve en Minority report, basada en otro cuento de Dick, una visión similar a Total recall, aunque menos oscura.

MC: ¿Qué fue lo más difícil del rodaje, además de las secuencias de acción?
CF: Besar a Kate (Beckinsale, que es esposa del director Len Wiseman) fue muy difícil, pero golpearla fue más sencillo (risas). Es broma. Pero me estremezco de recordar las escenas de combate con ella, que interpreta a Lori Quaid, la esposa de Douglas en su vida implantada, y que me golpeaba más fuerte en las contiendas. A veces, me miraba como pidiéndome perdón y luego me daba otro golpe más duro (risas).

MC: Hablando de cine independiente, después de El vengador del futuro, rodaste Seven Psychopaths, dirigido por Martin McDonagh (In Bruges).
CF: Adoro a Martin. Haría cualquier cosa con él, lo que me pidiera, lo que sea. Su trabajo tiene aspectos absurdos y sombríos, pero también llenos de ternura y esperanza. La película sucede en Estados Unidos, soy el único personaje irlandés en ella; hago de un escritor que busca inspiración para una novela y se topa con el secuestro del perro de un mafioso hasta acabar involucrándose en el asunto. Me acompañan en la cinta Abbie Cornish, Sam Rockwell y dos hombres que para mí son dioses: Christopher Walken y Tom Waits. Se estrenará en noviembre.

MC: ¿Y después qué sigue?
CF: Empiezo el rodaje de Dead Man Down, escrita por Joe Wyman y dirigida por Niels Arden Oplev. Es sobre un inmigrante húngaro que pierde a su familia y decide infiltrarse en la banda responsable de la muerte de su hija. El guión es muy oscuro. Las dos películas son muy fuertes en realidad, ¡pero al menos no tengo que golpear ni besar a la esposa del director! Eso me da más tranquilidad (risas).


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Toda una vida / Another Year, de Mike Leigh

Gente como uno

Miguel Cane



Mike Leigh abre y cierra su vigésimo cuarto filme con dos plano sostenidos de dos mujeres tristes, las dos caras de la infelicidad separadas por un año de desconsuelo: la primera que vemos es, Janet (Imelda Staunton), quien está furiosa con el mundo, se odia a sí misma tanto como a los demás; la segunda es Mary (Leslie Manville), queexhibe su infelicidad como un collar en torno al cuello, y toma mucho vino blanco y se siente perdida en su mediana edad.

Ellas son parte de la gama de personajes que rodean a Tom y Gerri Hepple (claro que la referencia es intencional) – Jim Broadbent y Ruth Sheen --, un matrimonio bien avenido y profesional quienes cuentan, a manera de satélites, con un grupo de amigos y familiares todos al borde del abismo. De hecho, podríamos decir que la protagonista secreta del filme es Mary, la única que figura en las cuatro estaciones.



Es en torno a ella que Leigh articula, con un hábil uso de la narrativa eliptica, una trama que sacude, subvierte finalmente destruye el status quo. A Leigh no le importa hacerle una vivisección a la ostensible felicidad de Tom y Gerri, por eso les hace existir en un clima de complicidad engañosa. Su amabilidad tiene un tono subterráneo, como si necesitaran enfrentarse, desde la condescendencia y el sarcasmo, a la desesperación de sus visitas para corroborar su dicha. De las ruinas de ese sadismo nace Mary, que la portentosa Manville encarna sin miedo a parecer ridícula o desesperada.

Leigh la observa sin hacer concesiones: es tan capaz de ponerse en evidencia coqueteando a lo Mrs. Robinson con el hijo de sus amigos como de humillar al pobre infeliz que se interesa por ella, solo por considerarlo obeso y feo. Es un personaje tan hostil como conmovedor, el corazón fracturado de una película donde Leigh parece reforzar los lazos primarios de la vida social como elementos que hacen sostenible la vida y enriquecen un mundo que sigue su ciclo natural de cuatro estaciones y sin embargo, explora un mundo abrumador, crudo y gris.



Se muestra la rutina, el ritmo de productividad impuesto por una vida de trabajo que no deja lugar a la realización personal de los sueños. La construcción de los personajes responde a ciertos estereotipos y valores atribuidos a ser “felices/infelices”. Mientras los amigos de la pareja padecen depresión, vicios y frustración, los protagonistas capitalizan lo opuesto, quizá como espejos distorsionados. Las actuaciones son formidables (pero esto, viniendo de un filme de Leigh no debe sorprender a nadie). Esto se debe en parte, a la técnica que impone, permitiendo a sus actores improvisar con libertad (como Robert Altman). Esto contribuye al clima de cotidianeidad creado en el film que se siente genuina y absorbente.

Another year / Toda una vida tardó casi dos años en llegar a las pantallas de México y obviamente merece una oportunidad: su realización es excelente y está sostenida por un guión brillante, acompañado por actuaciones que cumplen de forma cla estrategia de representar la vida misma. Hay que hacer un esfuerzo por buscarla en cartelera y verla. La satisfacción está garantizada.

Toda una vida / Another Year
Con Leslie Manville, Jim Broadbent, Ruth Sheen e Imelda Staunton
Dirige: Mike Leigh
Reino Unido 2010


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Prometheus, de Ridley Scott (02), por Claudi Etcheverry

Claudi Etcheverry.



En la mitología griega, el semidiós Prometeo roba a Zeus el fuego para los hombres, por lo cual los dioses lo encadenan a una piedra para que los buitres le coman el hígado cada día y éste se le regenere cada noche. Una afrenta semejante necesitaba un castigo eterno, según parece. En esta película la metáfora es otra, aunque parecida: para conocer a nuestros creadores, una expedición científica (como en Alien) viaja a un planeta desconocido enviados por una empresa sin escrúpulos (como en Alien) hasta dar con un bicho sumamente hostil (como en Alien) que desova en unos huevos verticales (como en Alien) plantados en una gruta que no es lo que parece (como en Alien) sino una nave para dispersión de esa colonia de semejantes en ciernes (como en Alien) más allá de las fronteras de sus cielos. Una científica desolada por lo que finalmente entiende como motivo de la expedición que la incluye (como en Alien) se da cuenta de que el destino de aquellos huevos será la Tierra (como en Alien) y se decide a parar aquella posible diáspora. Advierte que en la tripulación viaja un robot que parece plenamente humano (como en Alien) que lleva en su programación los verdaderos planes de la empresa (como en Alien), aunque al final su cabeza cortada (como en Alien) revela para qué ha sido incluido en la tripulación mientras babea leche por el costado de la boca (como en Alien). La heroína se encuentra cara a cara con el bicho malo en la nave de escape (como en Alien) y el bichejo tiene la cabeza como un pepino igual que el otro. En Prometheus no hay un ordenador central lapidario en sus afirmaciones como Mother, en Alien, que diga a la capitana sin paños tibios que la tripulación fue calificada como “expendable” (prescindible) ya de buen principio por la empresa que los envió, pero al final en Prometheus lo entendimos todos. Igual que en Alien, también de Scott.



En general, hago mis reseñas con un primer párrafo que exponga la trama general sin revelar el final, para comentar la cinta en las líneas siguientes. Pero los guionistas Jon Spaihts y Damon Lindelof no dejan nada de margen porque la película carece de interés y en un primer párrafo ya cabe todo: es pomposa en sus aspiraciones a obra maestra, y se pierde finalmente en los arenales de un planeta de “quiero y no puedo”. Con infinitos recursos menos, “2001, una odisea espacial” consigue una trascendencia metafísica brutal que dura todavía hoy, cuarenta y cinco años después. Prometheus empieza por el final y se propone abrazarlo todo tanto, que no aprieta nada. Recuerdo una anécdota personal cuando comencé a estudiar piano, a los veintitantos años. Al conocerla, le dije excitado a la maestra con quien empezaba las clases “¡Quiero ser un gran pianista!”, a lo cual ella contestó: “Solo puedo enseñarte a tocar el piano...”. Dejaba claro que lo otro dependía únicamente de mí.



En esta película, las pretensiones se dan de cara contra los resultados de manera parecida, como si en una mesa de café demasiado entusiasta productores, director, actores y guionistas se hubieran propuesto hacer una gran obra maestra. Pero la cinta toda ella es una secuencia de propuestas frustradas proponiéndose todo y cumpliendo con nada, desde un robot a quien no puede señalarse como un traidor porque está claro que no tiene sentimientos y ha sido simplemente programado para ello; la eterna pregunta humana sobre el devenir entre dónde venimos y adónde vamos; o la reconciliación con la naturaleza de nuestra especie cuando nos enfrentemos a un bicho cósmico malo de veras y nos damos cuenta de que tan malos no somos. El conflicto edípico insulso de la Theron con un padre abismado a la muerte y ansioso de eternidad completa esta obra tan centrífuga como inconsistente. Todo ya ha sido visto decenas de veces en la historia del cine. A 2001 podemos disculparle aquellos planos de colores quizá arbitrarios si entendemos que se filmó en plena época psicodélico-lisérgica, pero su tensión dramática no decae en ningún momento y lo hace con la centésima parte de recursos menos que ésta. La metáfora de la escultura que encuentran en la cueva de esta cinta (detallista, metálica, figurativa, enorme) se opone término a término con la sobriedad conceptual del prisma negro puro en 2001. Por el otro lado, Alien es una zozobra permanente con escenas salvajes como la muerte del mecánico negro o la subida de un tentáculo casi seductor por la pierna de una rubia tonta que se desvanece de pánico ante su muerte segura. En ambas hay muchísimo más, con muchísimo menos. Ridley Scott podría haber sido un moderador de esas falencias, pero no. Traicionado por sus propios recuerdos, repite e insiste en aquellos moldes que en Alien iban llenos de mérito y que aquí naufragan en flecos gastados. Hasta la atmósfera del planeta anfitrión se acerca peligrosamente al entorno de un parque de atracciones en vez de hacernos sentir en serio que el aire fuera irrespirable. Con un palmo menos de altura, Noomi Rapace parece un subproducto de Cher, como un clon suyo en plan hermanita menor feúcha o con menos pasta para bisturí de belleza.



Esta producción se propuso demasiadas líneas: la eternidad, la vejez, el reemplazo generacional, el hombre como dios creando a los robots como hombres, la distancia, la ética de la ciencia, la soledad en el universo. Pero la memoria es implacable: así como recordaremos siempre a las otras dos películas, esta Prometheus ya se estrella contra un frío glacial en taquillas y en muy pocos meses nadie la recordará en absoluto. La etimología de Pro-meteo comparte origen con la palabra promesa, pero aquí ni siquiera las cumplen. El director tendrá que refugiarse en recordar su otra cinta, la genial Alien, con el dolor enorme que le causará no este fracaso sino no haber conseguido superar aquel éxito.


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Visiones de... PROMETHEUS

Nuevamente l@s invitamos a compartir las apreciaciones que generan las Visiones de... Miguel Cane y Claudi Etcheverry. En la suma de las diferentes visiones, l@s lector@s van construyendo su propia su visíón personal...

Cine Visiones reafirma la esencia de su nombre en esta edición de Visiones de... PROMETHEUS, con textos de Miguel Cane y Claudi Etcheverry. En cartelera en España.




¡Que los disfruten!

PROMETHEUS, por Miguel Cane.

PROMETHEUS, por Claudi Etcheverry.


ENTREVISTAS DE MIGUEL CANE con:

Noomi Rapace.

Ridley Scott.


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Vengador del futuro, El / Total recall, de Len Wiseman

Written By sitemp3 on Jumat, 10 Agustus 2012 | 20.49

Volver a otro mundo

Miguel Cane



Autor prolífico pese haber muerto joven, Philip K. Dick es uno de los escritores de ciencia-ficción más adaptados al cine, aunque con resultados muy irregulares: lo mismo hay obras maestras (Blade Runner) que cintas buenas (Minority Report) que terribles (Paycheck) basadas en sus cuentos y novelas. La que hoy nos ocupa, El vengador del futuro, es en sí, una “nueva versión” -- aunque no propiamente un remake – de la cinta Total Recall, que Arnold Schwarzenegger protagonizara dirigido por Paul Verhoeven en 1990, que es célebre en México por tener algunas locaciones realizadas en el Distrito Federal.



Donde la primera cinta era una estilizada película de aventuras con dosis de acción y hasta de humor, con los excesos visuales de Verhoeven – un cineasta que nunca le hizo ascos a lo vulgar en su trabajo – como parte integral, ésta nueva versión, dirigida por Len Wiseman (Underworld) es una película de acción bastante convencional, bien realizada y con buenos efectos, pero con un guión plagado de huecos e inconsistencias, con espectaculares peleas que de lo coreografiadas se sienten ascépticas – no hay sangre, no hay heridas – y un ritmo vertiginoso que a la larga, se carga la trama.

Esto es una pena, porque los tres protagonistas, Colin Farrell (como Douglas Quaid, que ha vivido virtualmente engañado por un largo tiempo), Kate Beckinsale (como una villana calculadora) y Jessica Biel, hacen un buen trabajo con lo que tienen y aunque son carismáticos y valientes (ellos mismos realizaron todas sus secuencias de acción), es muy flaco el favor que el guión o que la dirección indiferente les hace.

Innecesaria en su concepto – nada de lo que propone es algo que no hayamos visto antes – y ahogada por su propio derroche de espectacularidad, que le quita toda la sustancia que Dick aplica en su narrativa subversiva e inteligente, la película no pasa de ser un mediocre ejercicio en el regodeo visual y una pobre excusa por parte de su estudio, para entrar en la carrera de cintas del verano, que evidentemente, eclipsada por Los Vengadores, Batman y Spiderman, ha perdido aún desde antes de su estreno.

Una lástima, pero Wiseman no es ni de lejos el director que esta trama necesita (se echa de menos la procacidad de Verhoeven) y esto hace que aunque ofrezca un paquete muy vistoso, en realidad sólo sea una caja vacía.

El vengador del futuro/Total Recall
Con Colin Farrell, Kate Beckinsale y Jessica Biel
Dirige Len Wiseman
EEUU 2012

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Cincuenta años de la muerte de Marilyn Monroe

Written By sitemp3 on Minggu, 05 Agustus 2012 | 17.56

Claudi Etcheverry.



Norma Jean Baker nació en la ciudad de Los Ángeles en 1926 inscrita oficialmente como Norma Jean Mortensen para que no fuera ilegítima, hija de Gladys Pearl Baker, aunque el supuesto padre abandonó a la madre antes del parto. No está claro si el padre fue Stanley Gifford –otro empleado de la empresa de cine en que trabajaba Gladys como montadora de películas– o bien Edward Mortensen, un noruego emigrado a los Estados Unidos. A las seis semanas de vida del bebé, Gladys fue diagnosticada de esquizofrenia paranoide, y estuvo recluida en institutos psiquiátricos hasta que tras siete años, volvió a hacerse cargo de la niña. Pero sus constantes recaídas obligaron a que volviera a dejarla, y ya nunca más pudo ejercer como madre de Norma Jean hasta su muerte, en 1984.



Norma Jean fue dada en adopción a la mejor amiga de su madre, Grace McKee, quien al casarse se trasladó a la costa oeste y tuvo que dejar provisionalmente en tutela a la niña. Tras su solicitud, la Sra.McKee consiguió recuperarla aunque eso duró poco pues su esposo la violó a los ocho años. Así, Norma Jean pasó a vivir con Olive Brunnings, otra amiga de su madre; uno de sus hijos la forzó cuando Norma Jean tenía doce años. Pasó a vivir con los Bolender, una nueva familia de acogida próxima a la casa de su abuela materna, quienes al mudarse lejos por una oferta de trabajo decidieron no llevarla, por lo cual Norma Jean decidió casarse con el hijo de una vecina para evitar regresar a alguna otra institución de menores. Su esposo era el joven James Dougherty, de 21 años, aspirante a policía; por entonces Norma Jean tenía 16. James se alistó en la Marina y fue enviado a Australia. Norma Jean fue a vivir con su suegra y empezó a trabajar en una fábrica de munición, donde la fotografiaron como una de las empleadas de la planta para la campaña de colaboración civil en la industria de la guerra. Allí comenzó su vínculo con la imagen, primero como modelo para calendarios de una agencia menor, la Blue Book, y luego con un primer contrato para cintas de bajo presupuesto en la 20th Century Fox.


Marilyn lee Ulises, de James Joyce.

Toda la vida de Marilyn Monroe fue una continua paradoja tratando de ser una persona normal atrapada en un cuerpo anormalmente atractivo. Dougherty no estaba de acuerdo con que su mujer se mostrara en fotografías, y por otro lado, la Century le ofrecía su primer contrato a condición de que estuviera soltera: llegó el primer divorcio. Años después, se casó con el beisbolista Joe Di Maggio, en quien buscó la vida familiar que Di Maggio no podía ofrecerle por el modelo de mujer que tenía como ideal, incompatible con Marilyn y su creciente vida artística: otro divorcio. Más tarde, se unió a Arthur Miller, un escritor a quien ella sentía que no le bastaba y para quien el cuerpo de ella no era estímulo suficiente contra la apatía de un escritor que se refugiaba en otros fantasmas: otro divorcio más...



Quienes lograron sortear el impacto visual de esta hermosa mujer consiguieron ver a una persona sumamente frágil e inestable, extraordinariamente insegura de sí misma. La psicología barata llama neurótico a toda persona demasiado sensible, a quien ama demasiado, o a quien se busca permanentemente. Marilyn recordó en sus sesiones de análisis con el Dr. Greenson que de pequeña iba al Paseo de la Fama de Los Ángeles y colocaba sus pies y sus manos en las losas del pavimento en las que grandes artistas habían dejado sus huellas para la posteridad. Quizá en ese entonces forjó un deseo por ser parte de un mundo cuyos peligros ella misma no acabó de calibrar, y se sumió cada vez más en otra paradoja de un pozo de destrucción a causa del sitial que deseaba en medio de ese mundo con garras. En la rubia tonta muy pocos consiguieron ver a una persona extraordinariamente emotiva que murió aturdida y devastada buscándose a sí misma. Su inseguridad la empujó a cultivarse leyendo clásicos y contemporáneos, y entró al Actors’ Studio del judío ucraniano Israel Lee Strasberg Strassberg. Él, potente observador del alma humana, decía de ella que la Monroe era a la vez vasta e insondable. Strasberg se había formado en la línea de exploración personal del ruso Konstantin Serguéievich Alekséyev, quien más tarde adoptó como pseudónimo el apellido de un actor polaco a punto de retirarse, Stanislavsky, para poder realizar sus experimentos teatrales con más libertad. El método Stanislavsky profundizado por Strasberg fomentaba en los alumnos que explorasen los distintos aspectos de su personalidad no para actuar, sino para vivir las emociones de sus personajes como propias.



Strasberg y su esposa Paula afirmaron ver en Marilyn una enorme sensibilidad y un deseo de trascender sus propios personajes con una infancia trágica como fondo, y estuvieron convencidos del don que tenía para ayudarle a sacarlo con la formación actoral. La fuerza expresiva de Marilyn se ganó el respeto y la admiración de muchos de sus colegas de curso. Aunque aterrorizada ante la audiencia, ganó su plaza en la escuela tras hacer una breve interpretación de la obra de Eugene O’Neill Anna Christie, cuya profundidad dejó pasmados a todos. Años más tarde, Strasberg afirmó que los dos actores que más le habían penetrado en la exposición de la intimidad de cada uno habían sido Marlon Brando y Marilyn Monroe. Entre sus alumnos estuvieron Paul Newman, Jane Fonda, Montgomery Clift, James Dean, Maureen Stapleton, Eli Wallach, Robert De Niro, Steve McQueen, o Al Pacino, de modo que la escala de comparación es muy notable. Convencido de su método, Strasberg instó a Marilyn a que explorara su inconsciente y se sometiera a psicoanálisis, convencido de que aflorarían rasgos enriquecedores para su formación. Lo que no supo era a qué arcón de padecimientos y desgracias la abismaba. Ella aceptó con el deseo de dejar de ser un fenómeno para poder ser ella misma. ("For the first time, I felt accepted not as a freak but as myself"). Se adentraba así en otra paradoja más, buscando ayuda en un método de análisis que se demostraría incapaz de resolver su pasado.



Marilyn Monroe murió cuando yo tendría unos seis o siete años. Creo que me enamoré de ella durante mi adolescencia, y he visto sus películas una y otra vez, aunque lo que más me detiene son sus fotografías. Hay una película que me crispa, con una escena que me llena de angustia en la que Marilyn se desespera para evitar que no maten un caballo. Dirigida por John Houston y con guión de Arthur Miller, la escena en que ella se desgañita contra Clark Gable, Monty Clift y Eli Wallach acaba con sus gritos desgarrados pronunciando unas palabras que parecen dirigidas a todos los hombres mientras cae sola, desplomada de rodillas, en medio del desierto. Eli Wallach afirma: “Está loca. Lo reconozco cuando lo veo: ¡está loca!”. Nadie la abraza mientras ella grita: “¡Asesinos! ¡Criminales! ¡Mentirosos...! ¡Todos sois unos embusteros!”. La escena acaba con el potrillo que trata de calmar a su madre tumbada en el suelo en una metáfora en la que los locos, queda claro que somos los seres humanos.



Marilyn Monroe fue un simulacro de ella misma. La mujer más deseada de América no quería serlo, pero se presentaba frente a 20 mil soldados en los campamentos de guerra, expuesta como una diosa en medio de hordas de hombres ciegos sedientos de deseo. Tampoco quería cantar a Kennedy en su cumpleaños, y mientras se enamora de él, el hermano de éste, Robert, queda prendado de ella y ambos asumen compartirla. El propio Hoover, director del FBI y en pleno macartismo hace que la vigilen por relacionarse con rojos como los Kennedy...



Clark Gable, en su papel en The misfits le pregunta: "¿Puede un hombre sonreír cuando contempla a la mujer más triste del mundo?". Ella es Roslyn Taber, Marilyn Monroe en su último papel. "Pues todo el mundo piensa que soy muy alegre", responde ella. "Eso es porque cualquier hombre se siente feliz al mirarte". Como en otra metáfora e igual que con las estrellas del firmamento, las hay que siguen dando su luz aunque se hayan apagado hace millones de años. La vida de Marilyn Monroe fue como una partida de ajedrez, en la que ella al fin, tiró el rey. Esta vez, con la ternura y admiración que sigue despertando y no se apagan, hasta la muerte ha perdido la partida.

Opiniones y pareceres a c.etcheverry@coac.es

© 2012 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España.


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