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Mentiras mortales / Arbitrage, de Nicholas Jarecki

Written By sitemp3 on Kamis, 18 Oktober 2012 | 14.32

Miguel Cane.



El debut en la dirección de Nicholas Jarecki, que ya había llamado la atención como guionista, es un logrado filme evidentemente de corte comercial que en vez de ser condescendiente como es la norma, trata a sus espectadores como personas inteligentes. Contada desde el punto de vista de un poderoso magnate de las altas finanzas con una ética moral turbia e hipócrita, lo mejor de Mentiras mortales es como su director y el protagonista, un estupendo Richard Gere, consiguen una sinergia que logra que el espectador empatice con un hombre virtualmente sin escrúpulos.



Sin duda, lo mejor de la película es Gere con un personaje hecho a la medida, al que da su mejor interpretación desde Gigoló Americano (Schrader, 1980). Jarecki le brinda la oportunidad de lucir todos sus encantos y seducir y engañar tanto a personajes como espectadores con su interpretación de un hipócrita, que se esconde bajo el aspecto del hombre de reputación intachable. Lo increíble es que no solo lo consigue, si no que el espectador se identifica con y sufre por él.



Presentada a manera de thriller melodramático, el filme es en realidad una dura crítica a unos tiempos en los que la riqueza se valora por encima de la moral. La crisis económica global está muy presente en la trama y con ese escenario, Gere deslumbra, si bien el resto del reparto también tiene momentos de lucimiento: Susan Sarandon, madura, elegante y muy intensa, está sensacional en el rol de la esposa, que al principio parece superficial, pero termina por causar un gran impacto y casi le arrebata la película. Redondean la compañía Tim Roth como el agente que investiga a Gere, la joven Brit Marling como su hija, involucrada sin saberlo en un terrible fraude, y en una breve aparición, la supermodelo Laetitia Casta como la amante secreta del protagonista.

La cinta a veces flaquea (sobre todo cuando no está sobre Gere o Sarandon) pero abunda un aire de astucia en ella y eso la eleva del promedio a ser una película interesante que no tiene desperdicio y es un gran momento para sus principales intérpretes.

Mentiras mortales/Arbitrage
Con Richard Gere, Susan Sarandon y Tim Roth
Dirige: Nicholas Jarecki
EU. 2012.


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Siniestro / Sinister, de Scott Derrickson

Written By sitemp3 on Kamis, 11 Oktober 2012 | 12.26

Imágenes del mal

Miguel Cane.



Reminiscente del cine de terror de los 70, no solo en su temática y atmósfera, sino incluso en su ejecución, Siniestro, el más reciente filme de Scott Derrickson (El Exorcismo de Emily Rose), es una película sin miramientos, sin concesiones y con muy mala entraña. Si va a entrar a la sala, queda advertido: esto no es una de esas vaciladas (como la Cabaña de Whedon) que se prestan para el susto barato.



Más cercana a la desesperanza de La Invasión de los usurpadores de cuerpos (Kaufman, 1978), esta es la historia de Ellison Osborne (Ethan Hawke, muy avejentado... ¿es propositivo?), un escritor que visita diversos puntos de Estados Unidos donde se han cometido crímenes brutales, para escribir sobre ellos. Ahora, lleva a su familia a una casa donde una familia fue masacrada sin motivo aparente y sin que hubiera rastro de los asesinos. El elemento sobrenatural entra en juego al encontrar una caja con películas Super 8 que revelan cómo éstas y otras víctimas fueron torturadas y sacrificadas. Como es natural, no pasa mucho antes que Ellison se obsesione con esas imágenes y acabe tomando decisiones impulsivas y a la postre, terribles, que pondrán a su mujer e hijos (y a él mismo, evidentemente) en peligro mortal.



De este argumento engañosamente simple, pero no exento de un sentido de crueldad y de ironía, Derrickson (también guionista) desenvuelve su cinta, que es oscura e inquietante desde el principio. Las alusiones a filmes como El Resplandor están presentes – la desintegración de la familia nuclear – mas no estorban. Sin embargo, abandonen toda esperanza (Dante Alighieri dixit) todos cuantos se adentren aquí: conforme avanza la trama y el elemento sobrenatural se torna cada vez más explícito, las posibilidades de una resolución “segura” se van evaporando con rapidez. La crueldad de Derrickson para con sus personajes es sorprendente, sobre todo en una época en que el cinema extremo está de moda, no por su violencia (que la hay), si no por su frialdad. La película provoca escalofríos al espectador no con sustos baratos, si no con la ominosa sensación de ansiedad, de pérdida, de haber caído en un pozo sin fondo.

Hawke está bien en un rol muy alejado de sus giros habituales y Juliet Rylance, como su esposa, le da una buena réplica (no en balde es una gran figura en los escenarios teatrales pese a su juventud), juntos logran involucrarnos en su aterradora experiencia y esto eventualmente lleva al espectador a un verdadero sufrimiento. La cinta cumple con creces su cometido, pero definitivamente, no es una cinta ligera, ni un mero entretenimiento. Como ejercicio en lo angustioso es brillante, pero no es para cualquier tipo de público. Ya sabe entonces a lo que vino.

Siniestro / Sinister
Con Ethan Hawke, Juliet Rylance y Fred Thompson
Dirige Scott Derrickson
EU 2012


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Juegos de hoy / Play, de Ruben Östlund

Written By sitemp3 on Kamis, 04 Oktober 2012 | 14.13

Cosas de niños

Miguel Cane



Nunca ajeno a la controversia, el director sueco Ruben Östlund, presenta en Juegos de hoy / Play una situación, que inflama cuestiones relativas a la constelación del poder y a la construcción de la identidad nacional e intensifica también el debate sobre la responsabilidad en la representación del racismo, todo a partir de lo que a primera vista parece un juego secreto de un grupo de niños.



Östlund ha suscitado polémica y elogios, muchas veces al mismo tiempo, con sus obras anteriores: The Guitar Mongoloid (Gitarrmongot, 2004) como Involuntary (De ofrivilliga, 2008) son filmes que buscan despojar al cinema sueco de su barniz bergmaniano de formalidad narrativa y obligaban al espectador a enfrentarse a sus propios prejuicios y debilidades como miembros de una sociedad hipócrita y cobarde.



Play no es una excepción, y está muy bien ejecutada en el aspecto técnico, pero, pese a la voluntad de Östlund de sacudir a su espectador, el filme corre el riesgo de caer en condescendientes argumentos racistas y alimentar el antagonismo histórico que plantea y que incluso trasciende la ficción narrativa. En consecuencia, la película necesita a un espectador que esté abierto a criticar la realidad que le rodea y a pensar, cosa que hoy día no es fácil, dado el panorama complaciente del cine en cartelera comercial.

Östlund coloca al espectador en una posición compleja: por una parte, lo hace ver a la gente pasar por delante de su campo de visión. y determina la responsabilidad de lo que se ve y de quien lo ve, pero no de quien lo muestra. Por tanto, ¿qué es lo que se quiere contar? ¿Cuáles son las “ideas” que se quiere despertar?



La acción parte de un centro comercial, donde cinco niños de entre once y trece años, comienzan a perseguir a otros tres. La cámara se precipita sobre ambos grupos como observador pasivo, y no tarda en advertir algo sospechoso: los dos grupos de muchachos se diferencian por el color de su piel, aparecen de una manera “racializada”. Incluso antes de que comience la acción, brota una sensación inquietante. El film continúa con su juego del gato y el ratón que dura todo un día, pero los primeros no ejercen su poder mediante la violencia, sino mediante la palabra y a un juego elaborado. Es un juego con expectativas y perjuicios. Y mientras los niños juegan, Östlund lo hace con el espectador.: entra y sale de cuadro, gira, se acelera, para. ¿Qué pretende contar? Quizá alude a esa mirada pasiva sobre la banalidad del mal, que no surge de acciones malvadas, sino de un comportamiento indiferente. El consentimiento silencioso de la masa que pasa de largo ante lo que no le gusta. Así, el film se expone desde la pasividad del mundo adulto, del que se desconecta y solo ve a los niños que van escalando en su gresca y persecución sin querer saber por qué.

Östlund, en todos sus largometrajes, realiza una observación y un reflejo sobre una Suecia que podría ser cualquier comunidad desarrollada de Occidente: vivir en determinados lugares o simplemente ser inmigrante de otra raza, equivale a pertenecer a la clase baja o trabajadora. El planteamiento de una identidad quebrada por parte del narrador visual, permite una separación de lo observado y los hechos, sin embargo, queda el desasosiego: ¿qué es lo que estamos viendo? ¿Por qué pasa esto? A diferencia de Haneke, Östlund no se atreve a llevar la provocación a su máxima consecuencia. El resultado es notable, pero extrañamente, indiferente, como la mirada sobre este juego cruel, especialmente cuando la resolución es como una bofetada en el rostro del adulto que no ha estado alerta.

Film de controversia, sin duda merece buscarse y verse, sobre todo para abrir debates y posibilidades. No todo el cine es de evasión y eso es algo que siempre es de agradecer.

Juegos de hoy / Play
Con Kevin Vaz, Johan Jonason y Yannick Diakité
Dirige: Ruben Östlund
Suecia, 2011


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Dredd, de Pete Travis

Written By sitemp3 on Kamis, 27 September 2012 | 10.28

Justicia ruda

Miguel Cane.



Aparecido por primera vez en las páginas del célebre cómic 2000 AD en 1977, creado por John Wagner y Carlos Ezquerra, el Juez Dredd es un personaje clave en la cultura popular: sus aventuras, cargadas de rabia punk contra la autoridad, también pueden leerse como un sincero canto al heroísmo en una sociedad podrida y asfixiante. Se trata, por tanto, de un icono difícil de manejar, como su nefasta apropiación por parte de Sylvester Stallone –Juez Dredd (1995)– se encargó de confirmar. ¿Cómo hacer una película popular, basándose en un personaje tan sui generis?



La nueva adaptación realizada por Pete Travis en Dredd, escrita por Alex Garland, tiene notable influencia de la obra de John Carpenter (especialmente Escape de Nueva York, Asalto a la Crujía 13 y La Cosa), presenta una visión del universo creado por los cómics. Karl Urban hace suyo el personaje sin problemas, imprimiéndole matices en una interpretación que arranca yendo directa al grano, tras una escena que anuncia tanto la brutalidad de la película, como de este juez, implacable. El espectador tiene la información básica para entender al protagonista, sabemos que es un tipo incorruptible, justo, valiente y que lucha por que su palabra sea la ley, con sólo eso hay más que suficiente para dotarle de un magnetismo arrollador ayudado por el porte de Urban, que impone con su simple presencia. La réplica la da Olivia Thrilby como la Juez Anderson, que forma una estupenda mancuerna.



De la sencillez de Dredd nace su grandeza, Pete Travis sabe contener la tensión, sabe resultar espectacular en las secuencias de acción y sabe imprimir humor a la trama sin necesidad de exagerar. Al respecto de la tan polémica violencia en esta versión del personaje, efectivamente es a veces abrumadora, pero nunca está fuera de contexto. Travis apela a un tipo de cine que hoy en día está casi en desuso: el cine de acción para adultos, que prescinde de la corrección política o de los elementos adolescentes, la película da todo lo que el espectador puede esperar de una película como ésta, una frenética acción salvaje no apta para menores.

Garland recrea el universo decadente del cómic y la trama fluye: los villanos (encabezados por la sensual Lena Headey, Sersei Lannister en Juego de Tronos) es una mafia futurista que no desmerece ante la presencia de Urban, que sabe hacer de ésta su película y en suma dejará satisfecho al espectador que sabe qué es lo que va a ver; los que creen que encontrarán el típico producto hollywoodense, tal vez se sentirán desconcertados: esta es una película muy ruda, que nada tiene que ver con las típicas producciones de superhéroes, algo que se agradece, para variar.

Dredd
Con Karl Urban, Olivia Thrilby y Lena Headey
Dirige: Pete Travis
Reino Unido/Sudáfrica 2012

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Tengo ganas de ti, de Fernando Gónzalez Molina

Written By sitemp3 on Kamis, 20 September 2012 | 17.02

Melodrama de importación

Miguel Cane.



La película española más taquillera (hasta la fecha) del año 2012, es la secuela de la más taquillera del 2010. 3 Metros sobre el cielo, también dirigida por Fernando González Molina y protagonizada por Mario Casas (bien plantado ex modelo que ahora se busca lanzar como el “nuevo Antonio Banderas” aunque está muy lejos de serlo, como se verá), era un melodrama juvenil muy telenovelero, adaptado de la versión fílmica italiana de un best-seller de Federico Moccia (el escritor más vendido en Italia, una especie de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, pero sin moralejas) que contenía todos los ingredientes para gustarle al público adolescente: gente bonita, conflictos generacionales, peleas callejeras, carreras de motos, sexo candente y muertes trágicas.



Pese a su chabacanería, ambas películas, tienen un muy buen aspecto técnico; ambas están bien hechas y ahí no hay reproche que valga: finalmente el cine también es un negocio que busca crear una industria (y créalo, en España hay una crisis en la industria cinematográfica tan o más grande que en México), y ganar dinero. El problema es que ambas cintas, y en particular, la segunda se presentan como una tragedia griega (pero en Barcelona), y su aire pretencioso se filtra hasta en los diálogos. Y algo peor: tiene un tono machista que acaba por irritar al espectador.

Tengo ganas de ti es más de lo mismo: más carreras, más sexo en lugares públicos, más peleas gratuitas y actuaciones acartonadas y cuerpos perfectos. Hay un triángulo amoroso presuntamente escabroso entre “Hache” -- es decir, Hugo – (el galán Mario Casas) y dos chicas, “Babi” y “Gin”, que no deviene en nada de lo que promete y el hilo argumental está, de nuevo, relleno con paja en forma de giros incomprensibles y situaciones increíbles concebidas únicamente para el lucimiento del equipo técnico (que sí, se luce) y del palmito del actor principal (que obviamente, de despoja de la camisa a la menor provocación).

La tensión entre este Romeo de barrio y su Julieta burguesa es prácticamente inexistente, apuntalada por diálogos son absolutamente inverosímiles. Director con oficio y deseos de impresionar, González Molina presenta una película que tiene todos los elementos para gustar (aunque en México es posible que no pegue: la idiosincracia de “macarras y chonis” en realidad poco o nada tiene qué ver con la realidad nacional, donde cintas como Amar te duele de Sariñana ya tocaron este tipo de temas con óptica más accesible). Es un producto llamativo, pero el carisma de Casas no es garantía suficiente de atrapar a un espectador que probablemente encuentre difícil de aceptar este tipo de melodrama, sobre todo porque, si bien trata de imitar los pasos del cine americano, resulta demasiado pedante e insatisfactorio, y donde tal vez al público promedio no le importaría si esto estuviera protagonizado por Robert Pattinson o Emma Stone, pero no es el caso y aunque bien hecha, la cinta no tiene nada qué ofrecer.

Tengo ganas de ti
Con Mario Casas, María Valverde y Clara Lago
Dirige Fernando González Molina
España 2012

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Buscando un amigo para el fin del mundo / Seeking a friend for the end of the world, de lorene Scafaria

Written By sitemp3 on Kamis, 06 September 2012 | 14.26

Juntos ante la Catástrofe

Miguel Cane



El anuncio de que un asteroide llamado Matilda está por impactar el planeta Tierra, provoca las más diversas reacciones en la población; donde algunos deciden abandonarse a las cosas que nunca se atreverían a considerar en su vida normal (a una “fiesta del fin del mundo” alguien lleva heroína como droga recreacional, por ejemplo). En este marco satírico y muy, muy negro, encontramos a Dodge Petersen, un vendedor de seguros (Steve Carell) a quien su mujer abandona de repente y cuya vida rutinaria se va transformando aún si él no quiere (esto es algo que le queda más que claro cuando trata de explicarle a su empleada doméstica que no necesita ir a trabajar a su casa; el que ella se aferre a su rutina como una manera de lidiar con el pánico bajo una semblanza de normalidad es algo a lo que él se verá obligado a renunciar).



En medio de este caos surrealista, se cruza en su camino Penny Lockhart (Keira Knightley), una joven inglesa que vive en su edificio, cuya relación con un tipo ególatra se colapsa – como el resto de la sociedad – y que está deprimida al no poder regresar a Inglaterra para ver a su familia nunca más.

Sin proponérselo, Dodge y Penny inician un éxodo juntos: él para buscar reunirse con un amor perdido en la juventud y ella, porque no tiene otra persona en quién interesarse. Su odisea, por turnos hilarante y desoladora, revela poco a poco, en medio de situaciones absurdas y a veces sorprendentes, la naturaleza no sólo de los personajes si no del mundo que los rodea, tal como es, sin los artificios de la ¨civilización”.



Su encuentro con diversos tipos de personajes, lo mismo entrañables que esperpénticos durante su trayecto, hace que éste sea una especie de híbrido entre Melancolía de von Trier, los célebres road movies de los 60 y los célebres relatos de Canterbury de Chaucer.

Carell y Knightley hacen que el ritmo narrativo fluya con naturalidad, si bien conforman un dueto extraño (él es obviamente más de veinte años mayor y entre ambos no hay la química elemental en las comedias románticas – como entre Hugh Grant y Julia Roberts, por ejemplo... pero es que en realidad ésta no es una comedia romántica. Al menos no en el estricto sentido de la palabra) y hacen que la situación inverosímil atrape la atención del espectador y que éste se sienta interesado por lo que pueda pasarles.

Aderezada por apariciones de diversos actores conocidos en pequeños cameos (William Petersen y Martin Sheen, por ejemplo), Buscando un amigo para el fin del mundo, aprovecha todos sus elementos y se deja ver como un intento poco convencional de hacer un tipo de cine que uno ya no creía posible: la comedia anárquica y ácida (como Week-end, de Godard) que es mucho más aguda e inteligente (¡y compasiva!) de lo que se puede esperar al conocer la premisa.

Una banda sonora excelente redondea un filme logrado, ameno y también triste, pero que extrañamente hace que uno abandone la sala con una sensación, quizá inapropiada, pero bienvenida, de esperanza.

Buscando un amigo para el fin del mundo / Seeking a friend for the end of the world
Con Steve Carell, Keira Knightley y Martin Sheen
Dirige: Lorene Scafaria.
EU/Reino Unido 2012.


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Poderes Ocultos / Red Lights, de Rodrigo Cortés

Written By sitemp3 on Sabtu, 01 September 2012 | 13.59

Magia oscura

Miguel Cane.



Hace un par de años, Rodrigo Cortés sorprendió al público con el estreno de Enterrado, un inquietante ejercicio de tensión donde Ryan Reynolds llevaba todo el peso de sus 90 minutos, y conseguía llevar al espectador al límite de su resistencia, gracias a un guión inteligente y la película le abrió las puertas del mercado internacional.



En Poderes Ocultos reúne un elenco notable encabezado por Sigourney Weaver y Robert DeNiro, acompañados de Cillian Murphy, Toby Jones, Joely Richardson y Elizabeth Olsen, revelación de 2011 con Martha Marcy May Marlene. Asi establece una atmósfera ostensible de misterio: Margaret Matheson es experta en desacreditar supuestos fenómenos paranormales. Su asistente, Tom Buckley, tiene un escepticismo a veces puesto a prueba por su fe. Ambos están obsesionados con desenmascarar a Simon Silver (DeNiro), un psíquico invidente de fama internacional – estilo Uri Geller – que se ha mantenido alejado de los reflectores pero regresa con una gira exitosa y los tres se verán involucrados en una confrontación que demostrará si existen los poderes mentales o si todo es una elaborada farsa, aún si alguien tiene que pagar un precio muy alto.

La trama no carece de interés, el director es ambicioso en su propuesta y construye una película con una buena factura, pero es en el desarrollo de su propio enigma donde más falla la cinta, con un guión que pierde impulso al apoyarse demasiado en una gran cantidad de recursos para contar finalmente algo más simple de lo que aparentaba en principio y que se queda a medias para tener un final que deviene tramposo y complaciente.

Sin embargo, la primera hora resulta interesante, y nos introduce en el mundo de la investigación sobre esos fenómenos, la física y la parapsicología de la mano de los personajes de la Weaver y Murphy, sentando las bases que luego ignora. Esto se debe a darle prioridad al juego psicológico que quiere establecer para que el espectador no sepa si creer o no creer, pero en su conjunto se convierte en algo que no termina de funcionar, en una mezcla de trama y personajes interesantes pero donde también nos encontramos algunas partes que se alargan e incluso escenas que no aportan lo suficiente para darle coherencia. Quizá la trama se habría beneficiado de invertir los roles, con DeNiro como el mentor y Weaver como la mentalista, Ciertamente el estilo de la actriz habría funcionado más para el personaje, donde DeNiro realmente no parece muy interesado en éste, y su sobriedad habría servido más para el profesor escéptico.

En su intento por sorprender al espectador la cinta se convierte en algo que pretende parecer más de lo que realmente es y no termina de decidir qué quiere contar, por lo que en su clímax pleno de efectos, donde todo es revelado, acaba por no satisfacer del todo, lo cuál, dado el elenco y recursos, amén del talento del director y su gran trabajo de cámara, es un penoso desperdicio.

Poderes Ocultos/Red Lights.
Con Sigourney Weaver, Cillian Murphy y Robert DeNiro.
Dirige Rodrigo Cortés.
España/EEUU/Reino Unido.
2012.



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Amigos / Intocable / Intouchables, de Olivier Nakache y Eric Toledano

Written By sitemp3 on Sabtu, 25 Agustus 2012 | 18.40

Insólita amistad

Miguel Cane



Philippe (François Cluzet) es un millonario que a raíz de un accidente queda cuadraplégico y confinado a una silla de ruedas. A partir de ese momento, necesitará ayuda de una persona que haga todo por él ya que sus circunstancias no le permiten valerse por sí mismo. Así es como conoce a Driss (Omar Sy), hijo de inmigrantes africanos, que proviene de un barrio pobre, acaba de salir de la cárcel y no tiene casa. Él será quien ocupe el puesto de ayudante de Philippe y aunque ambos pertenecen a mundos obviamente distintos y contra toda expectativa, descubren que encajan a la perfección.




La diferencia de Driss con respecto a cualquier otra persona que pueda cuidar de Philippe es que no le tiene compasión ni lástima, no lo trata como a un inválido y esto hace que su empleador no solo lo aprecie, si no que empiece a sentir afecto por él, llegando a ser un dúo inseparable.



Ostensiblemente basada en una historia real, la cinta dirigida por Olivier Nakache y Eric Toledano, que ha roto récords de taquilla en Europa, evita caer en los clichés de las tramas similares (como el caso de El Chofer y la Señora Daisy, de Beresford); así, se permite ofrecer franca diversión y humanidad al mismo tiempo, lo cual es muy difícil de conseguir. Cluzet y Sy tienen una estuenda química y colaboran de una manera muy elegante y efectiva: los problemas de Philippe son tratados de forma directa, certera, y en algunos momentos cruel por Driss, que en todo momento mantiene su tono de broma y esboza una sonrisa por desgraciada que sea la situación.



Philippe entiende que ha llegado un punto en su vida en que no necesita ser tratado como un mueble delicado, y prefiere recibir el mismo trato que cualquier otro ser humano, aún cuando ese trato incluya bromas pesadas. La aparición de una posible relación amorosa en el horizonte de Philippe, es otra de las líneas argumentales interesantes del film, que acerca al personaje a la semblanza de normalidad que tanto necesita.

Toledano y Nakache no apelan a la lástima del espectador, divierten con las situaciones de humor negro y políticamente incorrecto que viven sus personajes y al mismo tiempo logran tocar la fibra del espectador, un ejemplo de esto, en una escena donde Driss baila y Philippe lo observa con rostro nostálgico.

En resumen, esta es una película que tiene un ritmo ameno, pese a que el tiempo en que la historia transcurre no sea muy largo (la historia transcurre en, supuestamente, unos 3-4 meses) y una solidez narrativa compacta y sorprendente. Es un film muy recomendable, que vale la pena buscar en la cartelera, sepultado ente los grandes y más vistosos estrenos de Hollywood.

Amigos/Intocables
Con François Cluzet, Omar Sy, Anne Le Ny, Audrey Fleurot, Clotilde Mollet
Dirigen Olivier Nakache y Eric Toledano
Francia, 2011

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El legado de Bourne / The Bourne legacy, de Tony Gilroy

Claudi Etcheverry



Las diferentes agencias en las altas esferas de la inteligencia y el espionaje americanos no van en una única dirección, no son ni mucho menos transparentes, ni todas tienen los sentimientos patrióticos asociados a unos mismos objetivos. Cruce de intereses, superposición de cometidos o antagonismos más o menos visibles entre todas ellas trazan una trama siniestra en la que los agentes a veces se transforman en piezas de recambio sin la menor consideración moral, todo a oscuras y de espaldas a los contribuyentes a cuya fidelidad dicen deberse los políticos mientras borran con el codo lo que firman con la mano en las campañas políticas. Si Estados Unidos tiene todo un país en el cielo por la cantidad de aviones que están en el aire en cada momento, tiene todo otro país subterráneo y secreto al margen de la opinión pública y que esta cinta trata de mostrar sin ninguna convicción. En esa vorágine de detección, delación y señales de alarma, no todos ocupan un mismo nivel de seguridad, ni conocen qué piensan hacer con ellos sin que los participantes sepan a ciencia cierta qué papel tienen en la organización. Actúan a ciegas cumpliendo órdenes, mientras desconocen incluso con quiénes trabajan. Parece que para mantener las agencias de inteligencia, no hay nada mejor que contar con espías que actúen como idiotas y cobren como genios hasta que sus superiores sospechen que piensan y entonces los tiren de un tren en marcha con documentos falsos que hagan imposible reconocer el cadáver. Es cuando se envía una bandera a la viuda y se los rotula como héroes.



Pero dos agentes llegan a despertar y se dan cuenta del riesgo de muerte o de supresión como factores de la trama –la científica Martha Shearing en una excelente Rachel Weisz, y el agente Aaron Cross en un convincente Jeremy Renner– y juntos inician una huida inverosímil pero entretenida. El director Tony Gilroy ha entendido que Bourne es una marca y que ser fiel a la franquicia supone incluir algunas concesiones. Que Bourne es una marca se ratifica con el dato de que para mantener el ligamen con las anteriores cintas de esta serie, presentar la foto del otro Bourne previo –Matt Damon– supuso a la productora desembolsar 115.000 dólares por derechos de imagen al actor. Pero parece que era necesario que este capítulo recogiera algunos de los mojones que plantaron las anteriores para seguir tejiendo desenlaces.



Para continuar con la marca, se cumplen tres premisas claras, y se cumplen bien: buenos actores, buen rodaje... y una persecución interminable. Lo que en la anterior se llevó por París con un Mini de los viejos que te cortaba el hipo, en ésta es una moto relativamente pequeña en una ciudad que de por sí es un riesgo por lo imprevisible de su tránsito (Manila). Cómo hace Bourne-Cross para escabullirse entre balaceras y misiles es más que inverosímil, pero uno sabe que Bourne, es Bourne... No tiene la solera de 007 ni su British humour, ni la fuerza bruta de la cara de pómez de Jason Statham en Transporter, pero las Bourne anteriores ya algo suenan y al menos uno se imagina a lo que va al cine.



Lo que enfada no es a lo que va, sino precisamente lo que viene, porque si bien esta película no es demasiado subsidiaria de las anteriores más que en sus lineamientos generales y en la continuidad de su temática neo-ética en una administración sin escrúpulos, la cinta se queda colgada a la espera de la continuación de manera descarada. El legado de Bourne queda directamente sin resolver, y propone un final tan diet que uno duda de si efectivamente se ha acabado o si el operador se ha quedado dormido y ha desparramado café sobre el proyector. Si a esta entrega la hubieran llamado “Primera parte”, al menos tendríamos el gusanillo de ver qué ha pasado con los dos héroes en la siguiente. Pero no: ni “Primera parte”, ni “To be continued...”

No cuento el final, porque en definitiva, no es una mala película. Pero que no tenga final, molesta, de modo que sepan los incautos que habrá otra de Bourne que resuelva ésta. O no, quién sabe...

Quien avisa, no es traidor. Yo, de puro rabietas, no pienso dar ni un paso para ver la siguiente. Ahí se quedan.

El legado de Bourne / The Bourne legacy.
EUA, 2012
Director: Tony Gilroy.
on Jeremy Renner, Rachel Weisz, Edward Norton.

Opiniones y pareceres a c.etcheverry@coac.es

© 2012 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España.



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Pacto, El / Fuera de la ley / Seeking justice, de Roger Donaldson

Written By sitemp3 on Kamis, 16 Agustus 2012 | 20.29

Claudi Etcheverry



Will Gerard es un correctísimo profesor de arte dramático que lleva una vida normal entre su casa y su instituto, pero un brutal ataque a su mujer cambia su percepción de la vida. Durante la convalecencia de su esposa y con el impacto fresco de semejante atrocidad –que parece todo un fresco en cara de la chica gracias a un maquillador de aúpa– el profesor Gerard recibe la visita de una persona extraña que se ofrece a saldar aquella barbarie fuera de los canales de la justicia ordinaria, asegurándole que la impunidad será regla otra vez gracias a la ligereza con que jueces y policías juzgan este tipo de delincuentes, y que el sistema devolverá al agresor a las calles para que siga cometiendo más actos de esa especie. Aunque duda, su deseo de venganza se impone frente a su sensatez como ciudadano, y da las pistas para que esa acción que le prometen se lleve a cabo a cambio de alguna contraparte en el futuro. No le aclaran cuál será esa contraprestación ni cuándo, ni tampoco en qué consiste el correctivo que aplicarán para el violador de su mujer. Como es dable, la trama se adivina de entrada.



En general, podemos decir que hay dos clases de mentiras: las cosas que no son ciertas, y las estadísticas. En cine, en cambio, hay tres clases de películas: las buenas, las malas, y las de Nicholas Cage Coppola.



Este sobrino de Francis Ford Coppola tiene un rasgo raro que al final te hace disculparle tanto si mete demasiadas chispas (recordemos la verbena final incendiaria de Cara a cara (Face / Off) con un John Travolta haciendo de malo malísimo); disculparle demasiadas angustias (así era de agobiado su papel en El señor de la guerra); demasiada sangre (como en el archipiélago de coágulos en Vampire’s kiss); o cuando opta por verdaderos ríos de almíbar (encharcados hasta la diabetes con Bridget Fonda en It could happen to you). Nicholas Cage tiene una clara tendencia al desborde y la exageración, y no se conforma con pequeñas pinceladas. Necesita que quede claro que para sufrir, él y solamente él, y siempre se mete en papeles a brochazos que son una mezcla de héroe involuntario, sufridor impenitente, y derrotado sentimental a quien después de todas sus desgracias en la cinta, el espectador no puede sino disculparle con todos sus excesos o por todas sus heridas y alargarle una venda si sangra, una manta de prefectura marítima si está mojado, o una taza de caldo si lo ves aterido de frío. En las de acción, es de puro milagro que no quede para el banco de órganos. Si fuera argentino, Cage sería un galán de tangos dejándose la piel en cada verso.



El pacto está cortada con esa misma tijera, y un apacible profesor se ve arrastrado a un vórtice de violencia por una especie de secta justiciera que al final se revela con sus propios objetivos, por supuesto, nada altruistas. Tras algunas cavilaciones, Cage se sacude el compromiso y emerge entre el bien y el mal donde corresponde como adalid del lado que toca. Uno ve la construcción, descubre la trama, disculpa las manipulaciones, entiende que es una de entretenimiento, agradece la buena iluminación y montaje, sabe que sus mohines tristones con carita de cocker son de catálogo y se va a casa con el saldo a cero, porque nadie entra a buscar una obra maestra sino una de Nicholas Cage, que no da más de lo que ofrece en taquilla, pero al menos no falla. No hace filosofía, no trascendentaliza, no se pone ni beato ni cabrón, y deja conformes a dioses y a diablos. Al final, te saca por la puerta sin dejarte nada atrás después de cumplir con lo que uno sabía que iba a encontrar, ni más, ni menos. Las cintas de Nicholas Cage dan cero grado en el termómetro del alma, a lo cual podríamos entender como ni frío, ni calor. Pero en esta época de tantas promesas incumplidas, es casi para dar gracias al cielo.

Pacto, El / Fuera de la ley / Seeking justice.
Director: Roger Donaldson.
País: Estados Unidos.
Año: 2011.
Con Nicholas Cage, January Jones y Guy Pearce.

Opiniones y pareceres a c.etcheverry@coac.es

© 2012 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España.


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Dictador, El / The Dictator, de Larry Charles

Miguel Cane



Aunque Sacha Baron Cohen es un muy buen actor, tiene una desventaja que le pesa: es de ese tipo de comediantes que siempre hacen variaciones de lo mismo. Cambia el personaje y maquilla las situaciones para parecer ligeramente distintas a lo anteriormente mostrado, pero es difícil no ver en El Dictador las similitudes con Borat y Brüno en las aventuras de un personaje extranjero en Estados Unidos y el importante contraste de culturas, y es que se limita a seguir exactamente la misma fórmula, aunque en esta ocasión la haga completamente actuada, en vez del documental fingido. Aquí presenta las peripecias de un tirano dictador de un país de Oriente Medio que viaja a Nueva York una cumbre de la ONU, y ahí tratarán de suplantarlo (ecos de El Prisionero de Zenda) para derrocarlo.



De hecho, Cohen consigue ser mucho más divertido al promocionar la película, como el numerito que montó en Cannes, que en pantalla con un guión. La frescura se esfuma con una saturación que acaba siendo abrumadora.



Falta brillo en los chistes de la película, cae en la extrema provocación y su afán de impactar al espectador se le va de las manos cayendo en el mal gusto, como sucede con la escena del helicóptero en que se burla del 11 de septiembre, que puede llegar a resultar molesto e incluso ofensivo para ciertas personas y es que ni siquiera es sutil o ácido, todo lo hace de forma vulgar, burda. La razón de ser de la película parece ser molestar, satirizar torpemente y buscar la risa con el chistorete fácil, únicamente haciendo que el espectador desee que termine, haciendo eternos los ochenta minutos que dura. Está claro que los fans de Cohen estarán satisfechos, pero no hay nada que permita recomendar esta última cinta en el formato habitual. Cohen tiene un talento que le permite destacar en otro tipo de productos (en Hugo está muy bien). Su fórmula con el director Larry Charles ya se agotó y este es hasta hoy, un punto bajo que se debería evitar.

El Dictador/The Dictator
Con Sacha Baron Cohen, John C. Reilly y Ana Faris
Dirige: Larry Charles
EEUU 2012

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Ted, de Seth MacFarlane

Claudi Etcheverry.





En su infancia, un acto mágico confiere vida al osito de peluche de un niño. Que se transforme en un ser vivo es lo de menos, porque el muñeco muta en una sombra de su dueño con una fidelidad que va bastante más allá de la infancia de su dueño. Es su compañero de adulto y se incorpora a su vida con todas las cargas y vicios de la sociedad en que vive. Si algo hay realmente anormal es mantener las fantasías infantiles más allá de lo que corresponde porque el Ratón Pérez, la cigüeña o Papá Noël quedan en algún recodo del camino entre los seis y los diez años. La única fantasía incomprobable que atraviesa esa barrera es la religión, y se insiste en los dioses aunque nadie los haya visto nunca. O será que dios está en todas partes y por eso no se lo ve en ninguna.

Esta película propone lo contrario a lo habitual: ¿Qué pasaría si las fantasías infantiles se hicieran realidad, y además, fueran una presencia permanente? Pues que llamaríamos a una desratizadora para fumigar al Ratón Pérez considerado plaga en campañas promovidas por las asociaciones odontológicas; habría espantadores electrónicos para ahuyentar a las cigüeñas y así controlar la natalidad; o enviaríamos a Papá Noël a un buen psicoanalista para que trabaje en terapia su obsesión obsequiosa para ser aceptado a pesar de su obesidad mórbida mientras los ecologistas tratarían de frenarlo con piquetes para que deje de contaminar el planeta con toneladas de plásticos en juguetes para niños y miles de pilas que acaben envenenando acuíferos y mares. Ted da carta de naturaleza a esa anormalidad y el osito de mentas se mete en la vida del protagonista, en su sofá, en su cama y en sus relaciones adultas.



Ha habido varias películas con distinto mérito que han presentado cosas semejantes o han puesto en pantalla otros muñecos de peluche. Gremlins, de 1984, dirigida por Joe Dante, contaba con un puñado de peluches de bazar chino y era capaz de mantener nuestra atención con ingenio durante casi dos horas a muy buen ritmo. El Rey Midas del cine, ese Spielberg capaz de transformar en oro todo lo que toca, ya lo consiguió con la memorable ET en la que el muñecote aquél te ablandaba el corazón con un guión simple y consistente que era un canto a la tolerancia y contra cualquier racismo. Stuart Little forzaba bastante más la máquina y no lo conseguía del todo, pero uno se acomodaba en la butaca aunque la lógica del ratoncito en una familia humana chirriara un poco, que al final salía más o menos airosa especialmente apoyada en dos buenos actores como Hugh Laurie y Geena Davis. Ésta no: Ted es un bodrio de cabo a rabo, con esa fórmula tan nefasta del juego de espejos y de reflejos de los reflejos. La cinta hace humor del humor en constantes indicaciones zafias con gags y chistes que hacen mención al ingenio sin serlo creyendo que vamos a reírnos de lo que el director pone sin talento ninguno para que el público se ría. Ted es como un espectáculo en el que indican con carteles de “Applause” o “Laugh” a un público abúlico que haga lo que le mandan como si no hubiera sabido en qué perder la tarde. Ya estamos mayorcitos para que los productores sigan perdiendo el tiempo creyendo que decir “pedo” o “caquita” nos va a arrancar una sonrisa. Durante toda la cinta tuve el músculo llamado risorio de Santorini (responsable de la sonrisa, precisamente) aterido como en una parálisis facial. Lo único bueno es la música de Walter Murphy, que afortunadamente, ofrece el remanso para que los actores callen siquiera por momentos. Pero para ir al cine a oír música prefiero poner la radio y quedarme en casa leyendo.

Norah Jones se mete en esta cinta invitada a algo más que un cameo. Cuando la oí por primera vez era una debutante en la música de jazz tratando de hacerse un hueco junto a figuras de ese momento como Diana Krall. Compré su primer disco y me pareció claramente una intrusa de estilo: después de oírlo pensé que no conseguiría hacer lo que parecía que se proponía y el tiempo me ha dado la razón. En aquel momento sentí que nunca podría dejar de ser una cantante country y así ha sido aunque después de la lamentable intervención en esta película, la cosa ha ido a muchísimo peor que lo que pude imaginarme. La realidad siempre supera a la peor de todas las ficciones posibles, porque ser un poco natural no da para presentarse en pantalla. Una cosa es la naturalidad, y otra la desfachatez y la Jones podía ahorrarse este esperpento en el que ni siquiera interviene como tirón. Su presencia es tan inefable como si hubiera intervenido Montserrat Caballé disfrazada de oso para calentar una taquilla que por supuesto, ha nacido muerta. Por lo general, es imposible reanimar a los muertos para que resuciten.

Al salir, quise volver al vestíbulo de entrada pero el acomodador me cortó el paso en esta nueva amabilidad de multicine en que te invitan a entrar por el hall gastando en palomitas y nos empujan como basura a un callejón por la puerta de atrás como despojos. No me dejó pasar porque yo quería ver si había una consigna como a la entrada de los supermercados en que uno deja atado el carrito de la compra. Me imaginaba si habría frascos estériles para aparcar los cerebros, porque si mi risorio de Santorini estuvo en parálisis facial durante 106 minutos interminables, Ted consiguió ponerme en parálisis cerebral durante todos y cada uno de sus fotogramas.

Mucho peor que espantosa.

Ted.
EUA, 2012.
Director: Seth MacFarlane.

Opiniones y pareceres a c.etcheverry@coac.es

© 2012 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España.


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Toda una vida / Another Year, de Mike Leigh

Written By sitemp3 on Minggu, 12 Agustus 2012 | 21.06

Gente como uno

Miguel Cane



Mike Leigh abre y cierra su vigésimo cuarto filme con dos plano sostenidos de dos mujeres tristes, las dos caras de la infelicidad separadas por un año de desconsuelo: la primera que vemos es, Janet (Imelda Staunton), quien está furiosa con el mundo, se odia a sí misma tanto como a los demás; la segunda es Mary (Leslie Manville), queexhibe su infelicidad como un collar en torno al cuello, y toma mucho vino blanco y se siente perdida en su mediana edad.

Ellas son parte de la gama de personajes que rodean a Tom y Gerri Hepple (claro que la referencia es intencional) – Jim Broadbent y Ruth Sheen --, un matrimonio bien avenido y profesional quienes cuentan, a manera de satélites, con un grupo de amigos y familiares todos al borde del abismo. De hecho, podríamos decir que la protagonista secreta del filme es Mary, la única que figura en las cuatro estaciones.



Es en torno a ella que Leigh articula, con un hábil uso de la narrativa eliptica, una trama que sacude, subvierte finalmente destruye el status quo. A Leigh no le importa hacerle una vivisección a la ostensible felicidad de Tom y Gerri, por eso les hace existir en un clima de complicidad engañosa. Su amabilidad tiene un tono subterráneo, como si necesitaran enfrentarse, desde la condescendencia y el sarcasmo, a la desesperación de sus visitas para corroborar su dicha. De las ruinas de ese sadismo nace Mary, que la portentosa Manville encarna sin miedo a parecer ridícula o desesperada.

Leigh la observa sin hacer concesiones: es tan capaz de ponerse en evidencia coqueteando a lo Mrs. Robinson con el hijo de sus amigos como de humillar al pobre infeliz que se interesa por ella, solo por considerarlo obeso y feo. Es un personaje tan hostil como conmovedor, el corazón fracturado de una película donde Leigh parece reforzar los lazos primarios de la vida social como elementos que hacen sostenible la vida y enriquecen un mundo que sigue su ciclo natural de cuatro estaciones y sin embargo, explora un mundo abrumador, crudo y gris.



Se muestra la rutina, el ritmo de productividad impuesto por una vida de trabajo que no deja lugar a la realización personal de los sueños. La construcción de los personajes responde a ciertos estereotipos y valores atribuidos a ser “felices/infelices”. Mientras los amigos de la pareja padecen depresión, vicios y frustración, los protagonistas capitalizan lo opuesto, quizá como espejos distorsionados. Las actuaciones son formidables (pero esto, viniendo de un filme de Leigh no debe sorprender a nadie). Esto se debe en parte, a la técnica que impone, permitiendo a sus actores improvisar con libertad (como Robert Altman). Esto contribuye al clima de cotidianeidad creado en el film que se siente genuina y absorbente.

Another year / Toda una vida tardó casi dos años en llegar a las pantallas de México y obviamente merece una oportunidad: su realización es excelente y está sostenida por un guión brillante, acompañado por actuaciones que cumplen de forma cla estrategia de representar la vida misma. Hay que hacer un esfuerzo por buscarla en cartelera y verla. La satisfacción está garantizada.

Toda una vida / Another Year
Con Leslie Manville, Jim Broadbent, Ruth Sheen e Imelda Staunton
Dirige: Mike Leigh
Reino Unido 2010


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Prometheus, de Ridley Scott (02), por Claudi Etcheverry

Claudi Etcheverry.



En la mitología griega, el semidiós Prometeo roba a Zeus el fuego para los hombres, por lo cual los dioses lo encadenan a una piedra para que los buitres le coman el hígado cada día y éste se le regenere cada noche. Una afrenta semejante necesitaba un castigo eterno, según parece. En esta película la metáfora es otra, aunque parecida: para conocer a nuestros creadores, una expedición científica (como en Alien) viaja a un planeta desconocido enviados por una empresa sin escrúpulos (como en Alien) hasta dar con un bicho sumamente hostil (como en Alien) que desova en unos huevos verticales (como en Alien) plantados en una gruta que no es lo que parece (como en Alien) sino una nave para dispersión de esa colonia de semejantes en ciernes (como en Alien) más allá de las fronteras de sus cielos. Una científica desolada por lo que finalmente entiende como motivo de la expedición que la incluye (como en Alien) se da cuenta de que el destino de aquellos huevos será la Tierra (como en Alien) y se decide a parar aquella posible diáspora. Advierte que en la tripulación viaja un robot que parece plenamente humano (como en Alien) que lleva en su programación los verdaderos planes de la empresa (como en Alien), aunque al final su cabeza cortada (como en Alien) revela para qué ha sido incluido en la tripulación mientras babea leche por el costado de la boca (como en Alien). La heroína se encuentra cara a cara con el bicho malo en la nave de escape (como en Alien) y el bichejo tiene la cabeza como un pepino igual que el otro. En Prometheus no hay un ordenador central lapidario en sus afirmaciones como Mother, en Alien, que diga a la capitana sin paños tibios que la tripulación fue calificada como “expendable” (prescindible) ya de buen principio por la empresa que los envió, pero al final en Prometheus lo entendimos todos. Igual que en Alien, también de Scott.



En general, hago mis reseñas con un primer párrafo que exponga la trama general sin revelar el final, para comentar la cinta en las líneas siguientes. Pero los guionistas Jon Spaihts y Damon Lindelof no dejan nada de margen porque la película carece de interés y en un primer párrafo ya cabe todo: es pomposa en sus aspiraciones a obra maestra, y se pierde finalmente en los arenales de un planeta de “quiero y no puedo”. Con infinitos recursos menos, “2001, una odisea espacial” consigue una trascendencia metafísica brutal que dura todavía hoy, cuarenta y cinco años después. Prometheus empieza por el final y se propone abrazarlo todo tanto, que no aprieta nada. Recuerdo una anécdota personal cuando comencé a estudiar piano, a los veintitantos años. Al conocerla, le dije excitado a la maestra con quien empezaba las clases “¡Quiero ser un gran pianista!”, a lo cual ella contestó: “Solo puedo enseñarte a tocar el piano...”. Dejaba claro que lo otro dependía únicamente de mí.



En esta película, las pretensiones se dan de cara contra los resultados de manera parecida, como si en una mesa de café demasiado entusiasta productores, director, actores y guionistas se hubieran propuesto hacer una gran obra maestra. Pero la cinta toda ella es una secuencia de propuestas frustradas proponiéndose todo y cumpliendo con nada, desde un robot a quien no puede señalarse como un traidor porque está claro que no tiene sentimientos y ha sido simplemente programado para ello; la eterna pregunta humana sobre el devenir entre dónde venimos y adónde vamos; o la reconciliación con la naturaleza de nuestra especie cuando nos enfrentemos a un bicho cósmico malo de veras y nos damos cuenta de que tan malos no somos. El conflicto edípico insulso de la Theron con un padre abismado a la muerte y ansioso de eternidad completa esta obra tan centrífuga como inconsistente. Todo ya ha sido visto decenas de veces en la historia del cine. A 2001 podemos disculparle aquellos planos de colores quizá arbitrarios si entendemos que se filmó en plena época psicodélico-lisérgica, pero su tensión dramática no decae en ningún momento y lo hace con la centésima parte de recursos menos que ésta. La metáfora de la escultura que encuentran en la cueva de esta cinta (detallista, metálica, figurativa, enorme) se opone término a término con la sobriedad conceptual del prisma negro puro en 2001. Por el otro lado, Alien es una zozobra permanente con escenas salvajes como la muerte del mecánico negro o la subida de un tentáculo casi seductor por la pierna de una rubia tonta que se desvanece de pánico ante su muerte segura. En ambas hay muchísimo más, con muchísimo menos. Ridley Scott podría haber sido un moderador de esas falencias, pero no. Traicionado por sus propios recuerdos, repite e insiste en aquellos moldes que en Alien iban llenos de mérito y que aquí naufragan en flecos gastados. Hasta la atmósfera del planeta anfitrión se acerca peligrosamente al entorno de un parque de atracciones en vez de hacernos sentir en serio que el aire fuera irrespirable. Con un palmo menos de altura, Noomi Rapace parece un subproducto de Cher, como un clon suyo en plan hermanita menor feúcha o con menos pasta para bisturí de belleza.



Esta producción se propuso demasiadas líneas: la eternidad, la vejez, el reemplazo generacional, el hombre como dios creando a los robots como hombres, la distancia, la ética de la ciencia, la soledad en el universo. Pero la memoria es implacable: así como recordaremos siempre a las otras dos películas, esta Prometheus ya se estrella contra un frío glacial en taquillas y en muy pocos meses nadie la recordará en absoluto. La etimología de Pro-meteo comparte origen con la palabra promesa, pero aquí ni siquiera las cumplen. El director tendrá que refugiarse en recordar su otra cinta, la genial Alien, con el dolor enorme que le causará no este fracaso sino no haber conseguido superar aquel éxito.


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Vengador del futuro, El / Total recall, de Len Wiseman

Written By sitemp3 on Jumat, 10 Agustus 2012 | 20.49

Volver a otro mundo

Miguel Cane



Autor prolífico pese haber muerto joven, Philip K. Dick es uno de los escritores de ciencia-ficción más adaptados al cine, aunque con resultados muy irregulares: lo mismo hay obras maestras (Blade Runner) que cintas buenas (Minority Report) que terribles (Paycheck) basadas en sus cuentos y novelas. La que hoy nos ocupa, El vengador del futuro, es en sí, una “nueva versión” -- aunque no propiamente un remake – de la cinta Total Recall, que Arnold Schwarzenegger protagonizara dirigido por Paul Verhoeven en 1990, que es célebre en México por tener algunas locaciones realizadas en el Distrito Federal.



Donde la primera cinta era una estilizada película de aventuras con dosis de acción y hasta de humor, con los excesos visuales de Verhoeven – un cineasta que nunca le hizo ascos a lo vulgar en su trabajo – como parte integral, ésta nueva versión, dirigida por Len Wiseman (Underworld) es una película de acción bastante convencional, bien realizada y con buenos efectos, pero con un guión plagado de huecos e inconsistencias, con espectaculares peleas que de lo coreografiadas se sienten ascépticas – no hay sangre, no hay heridas – y un ritmo vertiginoso que a la larga, se carga la trama.

Esto es una pena, porque los tres protagonistas, Colin Farrell (como Douglas Quaid, que ha vivido virtualmente engañado por un largo tiempo), Kate Beckinsale (como una villana calculadora) y Jessica Biel, hacen un buen trabajo con lo que tienen y aunque son carismáticos y valientes (ellos mismos realizaron todas sus secuencias de acción), es muy flaco el favor que el guión o que la dirección indiferente les hace.

Innecesaria en su concepto – nada de lo que propone es algo que no hayamos visto antes – y ahogada por su propio derroche de espectacularidad, que le quita toda la sustancia que Dick aplica en su narrativa subversiva e inteligente, la película no pasa de ser un mediocre ejercicio en el regodeo visual y una pobre excusa por parte de su estudio, para entrar en la carrera de cintas del verano, que evidentemente, eclipsada por Los Vengadores, Batman y Spiderman, ha perdido aún desde antes de su estreno.

Una lástima, pero Wiseman no es ni de lejos el director que esta trama necesita (se echa de menos la procacidad de Verhoeven) y esto hace que aunque ofrezca un paquete muy vistoso, en realidad sólo sea una caja vacía.

El vengador del futuro/Total Recall
Con Colin Farrell, Kate Beckinsale y Jessica Biel
Dirige Len Wiseman
EEUU 2012

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Michael: Crónica de una obsesión / Michael, de Markus Schleinzer.

Written By sitemp3 on Sabtu, 04 Agustus 2012 | 12.11

El hogar del monstruo

Miguel Cane



El debut de Markus Schleinzer, ex director de casting de Michael Haneke, es un filme decididamente difícil y no para todos los públicos, mas no por ello, exento de méritos. Michael arranca con una lenta y metódica secuencia en la que vemos a un hombre llegar a casa del trabajo, como otro día cualquiera y preparar una cena para dos. Michael (Michael Fuith, en una interpretación perturbadora), treintañero, completamente anodino, vive con Wolfgang (David Rauchenberg), un niño de 10 años. Cenan juntos y el chico pide ver la televisión, a lo que Michael accede, hasta una hora razonable. ¿Es su hijo? No, es su víctima. El niño vive secuestrado en su sótano y cuando le da la gana, Michael se ceba sexualmente con él.



La ascéptica indiferencia con que se plantea el tema es por turnos escalofriante y fascinante; la cinta no busca una polémica (como ocurrió con El gran éxtasis de Robert Carmichael, que en el circuito festivalero hasta desmayos causó), sino que pretende inquietar y provocar al espectador, hacerle reflexionar con total naturalidad, de manera seca y realista (esta historia, que recuerda inevitablemente al horrendo caso de Natascha Kampusch, no es ninguna fantasía) acerca de los monstruos cotidianos; Schleinzer no desea ni necesita mostrar ninguna escena desagradable con el pervertido, solo sugerirla, logrando un efecto mucho más brutal.

Al centrarse en cómo el pedófilo lleva una vida a todas luces convencional y corriente, la cinta podría prescindir de algunas secuencias que sobran para lograr una narración más compacta. Por lo delicado del tema que trata, por cómo se hace, y por las soberbias interpretaciones Michael es un filme bastante logrado, aunque su lentitud podrá irritar, compensa en su retrato del mal con una cara jovial, como la del vecino de al lado.

Michael: Crónica de una obsesión/Michael
Con Michael Fuith, Christine Kain, David Rauchenberg
Dirige Markus Schleinzer
Austria, 2011



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Carmina o revienta, de Paco León

Por Claudi Etcheverry.

Hay veces que algunas películas dan un giro en un momento y nos sorprenden. Recuerdo ahora mismo “Match point”, de Woody Allen, que transcurría como una comedia ligera hasta que de pronto vira al negro oscuro con el asesinato de aquella vecina. Estábamos en el cine con mi hijo, y me soltó una reflexión muy aguda: “Y ahora, papá... ¿Cómo va a hacer el director para salirse de ésta?”. En “Carmina o revienta” la sorpresa es de otro jaez. Uno puede creer que la cinta sea una exageración folklórica, una mirada sesgada o mordaz sobre algunos rasgos tópicos. O también puede creer que se trata de una película de trama fantástica con personajes que sean solamente figuras del imaginario colectivo.



Sin embargo, “Carmina o revienta” no es ni una cosa ni la otra. Al salir del cine, uno cae en la cuenta de que esa fantasía existe y mucho más profusamente que lo que querríamos todos. Y que además no es una película de ficción sino casi un documental sobre unas personas que viven a trompadas contra el destino que les ha tocado vivir, en unas condiciones económicas y culturales que solamente un trabajo de varias décadas haría que pudiera variar, una evolución que se interrumpió con una fractura de cuatro décadas mientras el resto de Europa seguía un proyecto de modernidad después de una guerra atroz. Es el documental sobre el divorcio de la España oficial y la España real, una fractura enorme entre el esfuerzo modernizador de la movida madrileña y los años enquistados de la España rural –dicho sin el menor desdén ni menosprecio– porque todos ellos mueven a una ternura enorme por la candidez con que viven sus miserias. Podemos pensar que es una comedia del ridículo y el sainete, o dejarnos preocupar muy sinceramente por un mensaje que se manifiesta incisivo en la línea de Torrente, pero sin ninguna bufonada.

Carmina es un tractor. Un mujerón que le echa cara, ovarios y juramentos a quien se le plante delante porque sabe que el sistema que la encorseta es tan absurdo, rígido y arbitrario como ella misma. Entonces, se planta mirando a la realidad a los ojos para ver quién es más feroz, no por chulería sino por supervivencia, la eterna picaresca española que comporta tantos y tantos recortes a la agudeza real frenando a las personas en ser únicamente listas sin permitirles llegar a ser realmente inteligentes.



Pero están ahí, y son el único capital humano de grandes áreas del territorio español, un sitio que hubiera sido otro si no se hubiera dado la amputación franquista del desarrollo europeo al sur de los Pirineos cuando dejar de pensar podía significar simplemente salvar la vida. La España rural, con todo lo que supone de atávico y de primitivo es un gesto de la desesperación, y por supuesto no de desarrollo. Una realidad kitsch y poblada de creencias y superposiciones, aseguradoras y delitos, alcohol y abandono, suciedad y esperanza. Porque si en algo somos iguales todos, absolutamente todos los seres humanos es en el deseo genuino de querer vivir mejor, aunque a algunos el medio no los deje más que medio ahogados, sumidos en un sueño insistente cuajado de esperanzas perdidas.

Carmina o revienta (nombre original).
España, 2012.
Director: Paco León.
Con Carmina Barrios, María León, Paco Casaus.

Opiniones y pareceres a c.etcheverry@coac.es

© 2012 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España.

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