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Cincuenta años de la muerte de Marilyn Monroe

Written By sitemp3 on Minggu, 05 Agustus 2012 | 17.56

Claudi Etcheverry.



Norma Jean Baker nació en la ciudad de Los Ángeles en 1926 inscrita oficialmente como Norma Jean Mortensen para que no fuera ilegítima, hija de Gladys Pearl Baker, aunque el supuesto padre abandonó a la madre antes del parto. No está claro si el padre fue Stanley Gifford –otro empleado de la empresa de cine en que trabajaba Gladys como montadora de películas– o bien Edward Mortensen, un noruego emigrado a los Estados Unidos. A las seis semanas de vida del bebé, Gladys fue diagnosticada de esquizofrenia paranoide, y estuvo recluida en institutos psiquiátricos hasta que tras siete años, volvió a hacerse cargo de la niña. Pero sus constantes recaídas obligaron a que volviera a dejarla, y ya nunca más pudo ejercer como madre de Norma Jean hasta su muerte, en 1984.



Norma Jean fue dada en adopción a la mejor amiga de su madre, Grace McKee, quien al casarse se trasladó a la costa oeste y tuvo que dejar provisionalmente en tutela a la niña. Tras su solicitud, la Sra.McKee consiguió recuperarla aunque eso duró poco pues su esposo la violó a los ocho años. Así, Norma Jean pasó a vivir con Olive Brunnings, otra amiga de su madre; uno de sus hijos la forzó cuando Norma Jean tenía doce años. Pasó a vivir con los Bolender, una nueva familia de acogida próxima a la casa de su abuela materna, quienes al mudarse lejos por una oferta de trabajo decidieron no llevarla, por lo cual Norma Jean decidió casarse con el hijo de una vecina para evitar regresar a alguna otra institución de menores. Su esposo era el joven James Dougherty, de 21 años, aspirante a policía; por entonces Norma Jean tenía 16. James se alistó en la Marina y fue enviado a Australia. Norma Jean fue a vivir con su suegra y empezó a trabajar en una fábrica de munición, donde la fotografiaron como una de las empleadas de la planta para la campaña de colaboración civil en la industria de la guerra. Allí comenzó su vínculo con la imagen, primero como modelo para calendarios de una agencia menor, la Blue Book, y luego con un primer contrato para cintas de bajo presupuesto en la 20th Century Fox.


Marilyn lee Ulises, de James Joyce.

Toda la vida de Marilyn Monroe fue una continua paradoja tratando de ser una persona normal atrapada en un cuerpo anormalmente atractivo. Dougherty no estaba de acuerdo con que su mujer se mostrara en fotografías, y por otro lado, la Century le ofrecía su primer contrato a condición de que estuviera soltera: llegó el primer divorcio. Años después, se casó con el beisbolista Joe Di Maggio, en quien buscó la vida familiar que Di Maggio no podía ofrecerle por el modelo de mujer que tenía como ideal, incompatible con Marilyn y su creciente vida artística: otro divorcio. Más tarde, se unió a Arthur Miller, un escritor a quien ella sentía que no le bastaba y para quien el cuerpo de ella no era estímulo suficiente contra la apatía de un escritor que se refugiaba en otros fantasmas: otro divorcio más...



Quienes lograron sortear el impacto visual de esta hermosa mujer consiguieron ver a una persona sumamente frágil e inestable, extraordinariamente insegura de sí misma. La psicología barata llama neurótico a toda persona demasiado sensible, a quien ama demasiado, o a quien se busca permanentemente. Marilyn recordó en sus sesiones de análisis con el Dr. Greenson que de pequeña iba al Paseo de la Fama de Los Ángeles y colocaba sus pies y sus manos en las losas del pavimento en las que grandes artistas habían dejado sus huellas para la posteridad. Quizá en ese entonces forjó un deseo por ser parte de un mundo cuyos peligros ella misma no acabó de calibrar, y se sumió cada vez más en otra paradoja de un pozo de destrucción a causa del sitial que deseaba en medio de ese mundo con garras. En la rubia tonta muy pocos consiguieron ver a una persona extraordinariamente emotiva que murió aturdida y devastada buscándose a sí misma. Su inseguridad la empujó a cultivarse leyendo clásicos y contemporáneos, y entró al Actors’ Studio del judío ucraniano Israel Lee Strasberg Strassberg. Él, potente observador del alma humana, decía de ella que la Monroe era a la vez vasta e insondable. Strasberg se había formado en la línea de exploración personal del ruso Konstantin Serguéievich Alekséyev, quien más tarde adoptó como pseudónimo el apellido de un actor polaco a punto de retirarse, Stanislavsky, para poder realizar sus experimentos teatrales con más libertad. El método Stanislavsky profundizado por Strasberg fomentaba en los alumnos que explorasen los distintos aspectos de su personalidad no para actuar, sino para vivir las emociones de sus personajes como propias.



Strasberg y su esposa Paula afirmaron ver en Marilyn una enorme sensibilidad y un deseo de trascender sus propios personajes con una infancia trágica como fondo, y estuvieron convencidos del don que tenía para ayudarle a sacarlo con la formación actoral. La fuerza expresiva de Marilyn se ganó el respeto y la admiración de muchos de sus colegas de curso. Aunque aterrorizada ante la audiencia, ganó su plaza en la escuela tras hacer una breve interpretación de la obra de Eugene O’Neill Anna Christie, cuya profundidad dejó pasmados a todos. Años más tarde, Strasberg afirmó que los dos actores que más le habían penetrado en la exposición de la intimidad de cada uno habían sido Marlon Brando y Marilyn Monroe. Entre sus alumnos estuvieron Paul Newman, Jane Fonda, Montgomery Clift, James Dean, Maureen Stapleton, Eli Wallach, Robert De Niro, Steve McQueen, o Al Pacino, de modo que la escala de comparación es muy notable. Convencido de su método, Strasberg instó a Marilyn a que explorara su inconsciente y se sometiera a psicoanálisis, convencido de que aflorarían rasgos enriquecedores para su formación. Lo que no supo era a qué arcón de padecimientos y desgracias la abismaba. Ella aceptó con el deseo de dejar de ser un fenómeno para poder ser ella misma. ("For the first time, I felt accepted not as a freak but as myself"). Se adentraba así en otra paradoja más, buscando ayuda en un método de análisis que se demostraría incapaz de resolver su pasado.



Marilyn Monroe murió cuando yo tendría unos seis o siete años. Creo que me enamoré de ella durante mi adolescencia, y he visto sus películas una y otra vez, aunque lo que más me detiene son sus fotografías. Hay una película que me crispa, con una escena que me llena de angustia en la que Marilyn se desespera para evitar que no maten un caballo. Dirigida por John Houston y con guión de Arthur Miller, la escena en que ella se desgañita contra Clark Gable, Monty Clift y Eli Wallach acaba con sus gritos desgarrados pronunciando unas palabras que parecen dirigidas a todos los hombres mientras cae sola, desplomada de rodillas, en medio del desierto. Eli Wallach afirma: “Está loca. Lo reconozco cuando lo veo: ¡está loca!”. Nadie la abraza mientras ella grita: “¡Asesinos! ¡Criminales! ¡Mentirosos...! ¡Todos sois unos embusteros!”. La escena acaba con el potrillo que trata de calmar a su madre tumbada en el suelo en una metáfora en la que los locos, queda claro que somos los seres humanos.



Marilyn Monroe fue un simulacro de ella misma. La mujer más deseada de América no quería serlo, pero se presentaba frente a 20 mil soldados en los campamentos de guerra, expuesta como una diosa en medio de hordas de hombres ciegos sedientos de deseo. Tampoco quería cantar a Kennedy en su cumpleaños, y mientras se enamora de él, el hermano de éste, Robert, queda prendado de ella y ambos asumen compartirla. El propio Hoover, director del FBI y en pleno macartismo hace que la vigilen por relacionarse con rojos como los Kennedy...



Clark Gable, en su papel en The misfits le pregunta: "¿Puede un hombre sonreír cuando contempla a la mujer más triste del mundo?". Ella es Roslyn Taber, Marilyn Monroe en su último papel. "Pues todo el mundo piensa que soy muy alegre", responde ella. "Eso es porque cualquier hombre se siente feliz al mirarte". Como en otra metáfora e igual que con las estrellas del firmamento, las hay que siguen dando su luz aunque se hayan apagado hace millones de años. La vida de Marilyn Monroe fue como una partida de ajedrez, en la que ella al fin, tiró el rey. Esta vez, con la ternura y admiración que sigue despertando y no se apagan, hasta la muerte ha perdido la partida.

Opiniones y pareceres a c.etcheverry@coac.es

© 2012 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España.


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Michael: Crónica de una obsesión / Michael, de Markus Schleinzer.

Written By sitemp3 on Sabtu, 04 Agustus 2012 | 12.11

El hogar del monstruo

Miguel Cane



El debut de Markus Schleinzer, ex director de casting de Michael Haneke, es un filme decididamente difícil y no para todos los públicos, mas no por ello, exento de méritos. Michael arranca con una lenta y metódica secuencia en la que vemos a un hombre llegar a casa del trabajo, como otro día cualquiera y preparar una cena para dos. Michael (Michael Fuith, en una interpretación perturbadora), treintañero, completamente anodino, vive con Wolfgang (David Rauchenberg), un niño de 10 años. Cenan juntos y el chico pide ver la televisión, a lo que Michael accede, hasta una hora razonable. ¿Es su hijo? No, es su víctima. El niño vive secuestrado en su sótano y cuando le da la gana, Michael se ceba sexualmente con él.



La ascéptica indiferencia con que se plantea el tema es por turnos escalofriante y fascinante; la cinta no busca una polémica (como ocurrió con El gran éxtasis de Robert Carmichael, que en el circuito festivalero hasta desmayos causó), sino que pretende inquietar y provocar al espectador, hacerle reflexionar con total naturalidad, de manera seca y realista (esta historia, que recuerda inevitablemente al horrendo caso de Natascha Kampusch, no es ninguna fantasía) acerca de los monstruos cotidianos; Schleinzer no desea ni necesita mostrar ninguna escena desagradable con el pervertido, solo sugerirla, logrando un efecto mucho más brutal.

Al centrarse en cómo el pedófilo lleva una vida a todas luces convencional y corriente, la cinta podría prescindir de algunas secuencias que sobran para lograr una narración más compacta. Por lo delicado del tema que trata, por cómo se hace, y por las soberbias interpretaciones Michael es un filme bastante logrado, aunque su lentitud podrá irritar, compensa en su retrato del mal con una cara jovial, como la del vecino de al lado.

Michael: Crónica de una obsesión/Michael
Con Michael Fuith, Christine Kain, David Rauchenberg
Dirige Markus Schleinzer
Austria, 2011



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Carmina o revienta, de Paco León

Por Claudi Etcheverry.

Hay veces que algunas películas dan un giro en un momento y nos sorprenden. Recuerdo ahora mismo “Match point”, de Woody Allen, que transcurría como una comedia ligera hasta que de pronto vira al negro oscuro con el asesinato de aquella vecina. Estábamos en el cine con mi hijo, y me soltó una reflexión muy aguda: “Y ahora, papá... ¿Cómo va a hacer el director para salirse de ésta?”. En “Carmina o revienta” la sorpresa es de otro jaez. Uno puede creer que la cinta sea una exageración folklórica, una mirada sesgada o mordaz sobre algunos rasgos tópicos. O también puede creer que se trata de una película de trama fantástica con personajes que sean solamente figuras del imaginario colectivo.



Sin embargo, “Carmina o revienta” no es ni una cosa ni la otra. Al salir del cine, uno cae en la cuenta de que esa fantasía existe y mucho más profusamente que lo que querríamos todos. Y que además no es una película de ficción sino casi un documental sobre unas personas que viven a trompadas contra el destino que les ha tocado vivir, en unas condiciones económicas y culturales que solamente un trabajo de varias décadas haría que pudiera variar, una evolución que se interrumpió con una fractura de cuatro décadas mientras el resto de Europa seguía un proyecto de modernidad después de una guerra atroz. Es el documental sobre el divorcio de la España oficial y la España real, una fractura enorme entre el esfuerzo modernizador de la movida madrileña y los años enquistados de la España rural –dicho sin el menor desdén ni menosprecio– porque todos ellos mueven a una ternura enorme por la candidez con que viven sus miserias. Podemos pensar que es una comedia del ridículo y el sainete, o dejarnos preocupar muy sinceramente por un mensaje que se manifiesta incisivo en la línea de Torrente, pero sin ninguna bufonada.

Carmina es un tractor. Un mujerón que le echa cara, ovarios y juramentos a quien se le plante delante porque sabe que el sistema que la encorseta es tan absurdo, rígido y arbitrario como ella misma. Entonces, se planta mirando a la realidad a los ojos para ver quién es más feroz, no por chulería sino por supervivencia, la eterna picaresca española que comporta tantos y tantos recortes a la agudeza real frenando a las personas en ser únicamente listas sin permitirles llegar a ser realmente inteligentes.



Pero están ahí, y son el único capital humano de grandes áreas del territorio español, un sitio que hubiera sido otro si no se hubiera dado la amputación franquista del desarrollo europeo al sur de los Pirineos cuando dejar de pensar podía significar simplemente salvar la vida. La España rural, con todo lo que supone de atávico y de primitivo es un gesto de la desesperación, y por supuesto no de desarrollo. Una realidad kitsch y poblada de creencias y superposiciones, aseguradoras y delitos, alcohol y abandono, suciedad y esperanza. Porque si en algo somos iguales todos, absolutamente todos los seres humanos es en el deseo genuino de querer vivir mejor, aunque a algunos el medio no los deje más que medio ahogados, sumidos en un sueño insistente cuajado de esperanzas perdidas.

Carmina o revienta (nombre original).
España, 2012.
Director: Paco León.
Con Carmina Barrios, María León, Paco Casaus.

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© 2012 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España.

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Elena / Elena, del ruso Andrei Zvyagintsev.

Claudi Etcheverry.

Si medimos la Revolución Soviética de los bolcheviques de 1917 en términos de progreso económico, sus logros para superar las miserias zaristas fueron muy magros comparados con lo que se proponía y con lo que disponía en su inicio como potencial humano y político para llevarla a cabo. Su pervivencia como sistema fue un rotundo fracaso que acabó con Gorbachov poniéndole finalmente el cascabel al gato, con una revolución de los soviets que languidecía desde hacía décadas y que no consiguió sus objetivos económicos, pero sobre todo, dilapidó el capital moral de lo que se propuso en sus albores para romper aquella profunda inmoralidad del zar. Gorbachov no hizo sino certificar su defunción. El paso del colectivismo a la actualidad (una economía mixta liberal-estatalista hoy muy confusa) ha permitido la aparición de ricos súbitos, en un país enorme marcado por las diferencias sociales tan abismales como en la época zarista. En este contexto, Elena cuenta una historia muy simple, un drama moral privado.



La protagonista se ha casado con un hombre rico, Vladimir, y viven una vida muy desahogada. Ambos tienen hijos de relaciones anteriores: ella, un hijo desempleado y con problemas de alcohol que malvive con su familia gracias a la ayuda que les pasa su madre; Vladimir tiene una hija con quien se ha enfrentado hasta distanciarse casi totalmente. Ambos conviven con la familia del otro como parte de los equilibrios de pareja para poder mantenerse juntos: él tolera el trato que tiene Elena con su hijo y nietos; y ella encaja como puede las fricciones que supone la existencia de Katya, una joven inteligente y neurótica que se acerca a Elena sin ninguna buena voluntad. Tras un ataque cardíaco, Vladimir se plantea qué hacer con su fortuna. Ve la muerte de cerca, y entre todos los equilibrios, decide dejarla a su hija, con quien comparte un vínculo no solamente histórico sino vital. Vladimir siente claramente que el hijo de Elena no hace absolutamente nada para salir adelante, y entre todos los males, prefiere a su hija con quien, al menos, le une una manera parecida de ver el mundo. Ante esto, Elena tomará una decisión desesperada.

La película trae varios elementos de dirección muy llamativos. Resulta una cinta sumamente lenta, pero la tensión no decae en ningún momento. Los planos son sorprendentemente largos, acostumbrados como estamos a que las películas lleven nuestra atención y nuestro entretenimiento de un plano al siguiente sin dejarnos respirar. Elena tiene tomas casi inmóviles ante las cuales tenemos que buscar algún detalle que se mueva para darnos cuenta de que es filmación y no foto quieta. Ese ritmo nos permite meternos en la trama buscando nosotros el clima narrativo y las vicisitudes humanas que plantea, en vez de recibirlos pre-digeridos como estamos acostumbrados en nuestro cine. A esto se suma la gestualidad rusa, unos gestos personales y faciales que al final reconocemos como los nuestros propios, pero al final. Los gestos de sus manos y caras son ligeramente otros.



Elena trae la fragilidad de los límites entre una situación y la contigua; muestra cómo pequeñas decisiones pueden acarrear grandes transformaciones, abismos morales que nadie parece desear pero que llegan como algo casi natural. Entre una cosa y la otra habrá una mujer (la excelente actriz Nadezhda Markina que encarna a Elena, quien da nombre a la cinta) que no podrá resignar el llamado ciego de defender a los suyos en una caída ética en la que su corazón no será suficientemente fuerte para poder detener lo que acabarán por hacer sus manos.

Elena / Elena.
Rusia, 2011.
Director: Andrei Zvyagintsev.
Con Nadezhda Markina, Alexei Rozin, Andrei Smirnov, Elena Lyadova.

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© 2012 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España.

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La melancolía de Charlotte Gainsbourg

La actriz y cantante repite un trabajo impecable a las ordenes de Lars von Trier.

Miguel Cane.



Hija del legendario compositor y showman Serge Gainsbourg y la actriz, cantante y modelo, Jane Birkin, a los 12 años, Charlotte Gainsbourg (Londres, 1971) hizo su debut antes de ser actriz, cantando música pop, en un dúo con su padre, "Lemon incest". Y en 1986 lanzó su primer álbum "Charlotte for ever". Muchos pensaron que solo era una “novedad” y que con el tiempo se disiparía; con su trabajo de actriz en filmes como 21 gramos, I´m not there, Lemming, La ciencia del sueño y Anticristo, y dos discos aclamados por el público y la crítica, ha demostrado que es mucho más que sólo su linaje. En Melancolía, el más reciente filme de Lars von Trier, es una de dos hermanas que tienen visiones muy distintas del fin del mundo.



¿Cómo consigues separar tu actuación delante de la cámara y tu actuación encima de un escenario, cuando cantas?
Son cosas completamente diferentes. Hay algo muy íntimo cuando haces una película como ésta. En un escenario, en cambio hay que estar por el público, mientras que cuando ruedas una escena ni siquiera pienso en ello. Cuando canto, no puedo pensar en mí misma como alguien que actúa. Soy yo siendo yo misma.

¿Crees que es más 'auténtico' actuar en un escenario?
Oh, no, no. De hecho, te diré que es hasta más surrealista. De gira tengo que inventarme un alter ego hasta para subir al escenario. En mi vida normal soy tímida y me gusta ser discreta y no hacerme notar demasiado, sabes, pero cuando vas a un escenario a cantar o actuar en un set, tienes que sentirte imbuida de otro tipo de energía. Para mí, es algo completamente extraño. Y al mismo tiempo, estoy mostrando otro lado de mí. No sé si me explico (ríe) pero es así. Ha sido así siempre. Desde niña.



¿Por qué volver a trabajar con Lars?
No pude decir que no, absolutamente. De hecho, habíamos comenzado a hablar de colaborar cuando estábamos rodando Anticristo. Lars me dijo que había un personaje para mí en su siguiente proyecto, siempre y cuando yo lo quisiera. Y mira que el rodaje de Anticristo fue la experiencia más intensa en mi vida como actriz. Pero acepté. Con él sabes que lo que te espera no va a ser en absoluto como te imaginas, y esta vez no fue la excepción.

¿Cómo describirías a Claire, tu personaje? ¿Hay algo de ti en ella, o viceversa?
Claire es la hermana mayor. Es la sensata, centrada, racional. Con la familia que tiene – un padre excéntrico e irresponsable, una madre cruel y una hermana que padece depresión clínica – alguien tiene que ser “normal”, al menos lo hace por su hijo, Leo, ya que su marido, John (Kiefer Sutherland) no es exactamente una persona ordinaria. Cuando se enfrenta con una doble crisis – el colapso mental de Justine después de su boda y la inminencia de la catástrofe con el planeta Melancolía, Claire trata de mantener todo bajo control. Creo que todos hemos conocido a alguien así, que reacciona de esa manera bajo presión, incluso escabulléndose de la realidad para evadir el terror y el caos que la consumen.



¿Cambia la forma con la que te relacionas con el mundo encarnar a un personaje así?
Mientras interpretaba a Claire, veía las desde una perspectiva diferente, usando como referencia un accidente que tuve en 2007 en el que casi me mato, me asusté al revivirlo en mi mente y el personaje salió de ese miedo. Yo siempre había pensado que era una persona muy valiente y que me enfrentaría a la muerte con coraje, pero fue todo lo contrario, así pasa con Claire: el terror la domina, donde Justine mantiene una serenidad plena. La comprendo porque, cuando salí del coma, me di cuenta de lo cerca que había estado de morir, es entonces cuando empecé a asustarme de todo lo malo que podría pasarme. Ella piensa que Justine es la débil, la que no puede seguir con su vida y resulta ser que la que se asume como víctima de sus miedos, es ella y no al revés. Entendí perfectamente lo que Lars quería.

¿Y después del rodaje, cómo te sentiste?
Extrañamente, me sentí muy bien. Como exorcizada de los miedos con los que había trabajado antes. Tanto así, que decidimos, Yvan (Attal, el director de cine franco-israelí, con quien vive desde 1994 y tiene tres hijos) tener un bebé más. Así nació Joe, mi hija pequeña. Pensé que era algo que deseábamos y que reafirmaba nuestro amor a la vida. Suena raro, pero así fue. Quería embarazarme de nuevo.

¿Crees que en ocasiones sufres el peso de las expectativas, por tu linaje?
No, la verdad, no importa. Prefiero que la gente se sorprenda con... no sé. (sonríe) No sé qué espera la gente. Me siento muy afortunada por poder hacer películas que quiero hacer, y por hacer la música que quiero hacer, y por no pensar en lo que tendría que hacer para complacer a la gente. Me alegra que le guste a algunos. No me entristece que a otros no. Es como todo.

Tener éxito no parece ser una prioridad para ti.
Por supuesto que me encanta que mis películas tengan éxito, pero lo planifico. La intención no es hacer algo que disguste a la gente, pero me tiene que complacer a mí ante todo. Por completo. Sólo el hecho de que te cuestiones la forma de entender una escena ya es una lucha y algo que no puedes hacer de forma relajada, pero no importa. Lo importante es no bajar la guardia. Cada vez estoy más cómoda con mis limitaciones, mis defectillos.

Es parte de lo que te hace fuerte.
Al principio de mi carrera, sentía que tenía que ser perfecta y que no tenía mucha voz, que no era suficientemente hermosa, que nada estaba bien; pero lo cierto es que a la gente le gustan las imperfecciones. De verdad, Eso es lo que hace que un concierto o un filme, sea diferente a otro. Eso es lo que busca Lars en sus películas, imperfecciones. Ahí se encuentra la vida de verdad. Mi padre era igual, no quería algo perfecto. Siempre decía que no tomara clases de canto, para él no tenía sentido aprender a cantar de forma perfecta.

Es verdad. Son los errores lo que nos hace diferentes y únicos.
Sí, pero no seguí su consejo. Fui necia y al principio tomaba clases de canto para sentirme segura de algún modo, pero ¿ahora?, bueno, ahora me doy cuenta de que papá sabía de lo que hablaba.

¿Por qué actriz y cantante... y no maestra, o dentista, por ejemplo?
Empecé de muy joven con "Lemon incest", y luego hice mi primera película como hija de Catherine Deneuve, a los doce años. Creí que eso era todo, pero después me pidieron hacer otra película, y luego otra. Y con el tiempo vi que me gustaba mucho. Al principio, estar en un rodaje era como pasar una vacaciones maravillosas; después llegó el placer de actuar. Nunca viví ese momento en el que toda persona joven se pregunta qué hacer con su vida. Conozco muchos actores que habían luchado encarnizadamente para conseguir su primer papel y me sentí poco profesional mucho tiempo. La verdad, todavía siento que no soy una actriz de verdad ni una cantante de verdad... pero lo llevo bien, soy feliz con la idea de aprender de todo lo que hago, aunque sea un poco.


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La delicadeza / La délicatesse, de Stéphane y David Foenkinos.

Por Claudi Etcheverry.



Una pareja acaba de empezar una vida en común, aunque se conocen desde niños. A poco de empezar a estar juntos, ella queda sola tras un accidente de él en la calle, y la película da el giro que uno ya se imaginaba al empezar. Sin embargo, a veces una cinta previsible también es un gusto si los directores, como en este caso, la llevan sin prometer lo que no acaben por dar. La delicadeza, sin pretender ser una obra maestra, es una hora y media de buen cine, con dos personajes principales correctísimos en la piel de la Tautou –a la vez frágil e intensa como siempre– y un François Damiens que comunica bien y no se hace el sueco (para los amigos de México, “Hacerse el sueco” es hacerse el desentendido, en España) y convence en un equilibrio muy real entre un hombre muy hombre que no sabe cómo llevar adelante su deseo atenazado por su timidez. Al final, su inseguridad está causada por las “condiciones de mercado”, y no por su personalidad. No es un tipo al uso, y eso es precisamente lo que a ella le permite volver a salir a ver la vida, dándole la mano.



Una relación fresca y risible a partes iguales. En un momento, él dice una frase que es la clave de muchas relaciones de amor: “Con ella puedo ser la mejor versión de mí mismo”. ¿Cuántas veces hemos tenido gestos de amor en la intimidad que causarían gracia si los mostráramos a los demás?



La película expone esos ribetes cuasi cómicos entre el deseo y la duda con unos medios muy equilibrados y sin caer en el fantoche. Una historia bonita que nos deja pensando en cómo la sociedad nos exige un comportamiento estándar, igual para todos, aunque quienes recomienden que actuemos de una determinada manera se muestren insatisfechos precisamente con esa manera de actuar. Es como los padres que no se imaginan otras familias sin un televisor como ruido de fondo aunque la caja tonta les cause verdaderos quebraderos de cabeza con sus propios hijos. Una fábula sincera sobre la posibilidad de ser quienes somos, narrada en clave de comedia romántica correcta y efímera de la que entendemos más que lo que ella misma dice, pero a la que podemos recurrir si queremos pasar un rato agradable sin demasiadas aristas trascendentales para llevarnos al salir un rato de cine, y bastante más que el puro placer del aire acondicionado en la sala en estos días de tanto calor. Una cinta que dice poco y se mantiene entre las márgenes de lo que pretende, pero que lo dice correctamente, sin estridencias ni falsas pretensiones.

La delicadeza / La délicatesse.
Francia, 2011.
Directores Stéphane y David Foenkinos.
Con Audrey Tautou, François Damiens, Pio Marmaï, Bruno Todeschini.

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Sondage : Kristen Stewart, Robert Pattinson et Rupert Sanders

Written By sitemp3 on Rabu, 01 Agustus 2012 | 04.02

























Comme vous le savez, Kristen Stewart aurait trompé Robert Pattinson avec le réalisateur Rupert Sanders pendant le tournage de Blanche-Neige et la Chasseur. La semaine dernière, Robert Pattinson aurait quitté le domicile conjugal. C'est le couple le plus mignon d'Hollywood qui se sépare ! Quel dommage !
Et vous, qui trouvez-vous le plus sexy ? Robert Pattinson ou Rupert Sanders ? Votez !

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