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Amigos / Intocable / Intouchables, de Olivier Nakache y Eric Toledano

Written By sitemp3 on Sabtu, 25 Agustus 2012 | 18.40

Insólita amistad

Miguel Cane



Philippe (François Cluzet) es un millonario que a raíz de un accidente queda cuadraplégico y confinado a una silla de ruedas. A partir de ese momento, necesitará ayuda de una persona que haga todo por él ya que sus circunstancias no le permiten valerse por sí mismo. Así es como conoce a Driss (Omar Sy), hijo de inmigrantes africanos, que proviene de un barrio pobre, acaba de salir de la cárcel y no tiene casa. Él será quien ocupe el puesto de ayudante de Philippe y aunque ambos pertenecen a mundos obviamente distintos y contra toda expectativa, descubren que encajan a la perfección.




La diferencia de Driss con respecto a cualquier otra persona que pueda cuidar de Philippe es que no le tiene compasión ni lástima, no lo trata como a un inválido y esto hace que su empleador no solo lo aprecie, si no que empiece a sentir afecto por él, llegando a ser un dúo inseparable.



Ostensiblemente basada en una historia real, la cinta dirigida por Olivier Nakache y Eric Toledano, que ha roto récords de taquilla en Europa, evita caer en los clichés de las tramas similares (como el caso de El Chofer y la Señora Daisy, de Beresford); así, se permite ofrecer franca diversión y humanidad al mismo tiempo, lo cual es muy difícil de conseguir. Cluzet y Sy tienen una estuenda química y colaboran de una manera muy elegante y efectiva: los problemas de Philippe son tratados de forma directa, certera, y en algunos momentos cruel por Driss, que en todo momento mantiene su tono de broma y esboza una sonrisa por desgraciada que sea la situación.



Philippe entiende que ha llegado un punto en su vida en que no necesita ser tratado como un mueble delicado, y prefiere recibir el mismo trato que cualquier otro ser humano, aún cuando ese trato incluya bromas pesadas. La aparición de una posible relación amorosa en el horizonte de Philippe, es otra de las líneas argumentales interesantes del film, que acerca al personaje a la semblanza de normalidad que tanto necesita.

Toledano y Nakache no apelan a la lástima del espectador, divierten con las situaciones de humor negro y políticamente incorrecto que viven sus personajes y al mismo tiempo logran tocar la fibra del espectador, un ejemplo de esto, en una escena donde Driss baila y Philippe lo observa con rostro nostálgico.

En resumen, esta es una película que tiene un ritmo ameno, pese a que el tiempo en que la historia transcurre no sea muy largo (la historia transcurre en, supuestamente, unos 3-4 meses) y una solidez narrativa compacta y sorprendente. Es un film muy recomendable, que vale la pena buscar en la cartelera, sepultado ente los grandes y más vistosos estrenos de Hollywood.

Amigos/Intocables
Con François Cluzet, Omar Sy, Anne Le Ny, Audrey Fleurot, Clotilde Mollet
Dirigen Olivier Nakache y Eric Toledano
Francia, 2011

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El legado de Bourne / The Bourne legacy, de Tony Gilroy

Claudi Etcheverry



Las diferentes agencias en las altas esferas de la inteligencia y el espionaje americanos no van en una única dirección, no son ni mucho menos transparentes, ni todas tienen los sentimientos patrióticos asociados a unos mismos objetivos. Cruce de intereses, superposición de cometidos o antagonismos más o menos visibles entre todas ellas trazan una trama siniestra en la que los agentes a veces se transforman en piezas de recambio sin la menor consideración moral, todo a oscuras y de espaldas a los contribuyentes a cuya fidelidad dicen deberse los políticos mientras borran con el codo lo que firman con la mano en las campañas políticas. Si Estados Unidos tiene todo un país en el cielo por la cantidad de aviones que están en el aire en cada momento, tiene todo otro país subterráneo y secreto al margen de la opinión pública y que esta cinta trata de mostrar sin ninguna convicción. En esa vorágine de detección, delación y señales de alarma, no todos ocupan un mismo nivel de seguridad, ni conocen qué piensan hacer con ellos sin que los participantes sepan a ciencia cierta qué papel tienen en la organización. Actúan a ciegas cumpliendo órdenes, mientras desconocen incluso con quiénes trabajan. Parece que para mantener las agencias de inteligencia, no hay nada mejor que contar con espías que actúen como idiotas y cobren como genios hasta que sus superiores sospechen que piensan y entonces los tiren de un tren en marcha con documentos falsos que hagan imposible reconocer el cadáver. Es cuando se envía una bandera a la viuda y se los rotula como héroes.



Pero dos agentes llegan a despertar y se dan cuenta del riesgo de muerte o de supresión como factores de la trama –la científica Martha Shearing en una excelente Rachel Weisz, y el agente Aaron Cross en un convincente Jeremy Renner– y juntos inician una huida inverosímil pero entretenida. El director Tony Gilroy ha entendido que Bourne es una marca y que ser fiel a la franquicia supone incluir algunas concesiones. Que Bourne es una marca se ratifica con el dato de que para mantener el ligamen con las anteriores cintas de esta serie, presentar la foto del otro Bourne previo –Matt Damon– supuso a la productora desembolsar 115.000 dólares por derechos de imagen al actor. Pero parece que era necesario que este capítulo recogiera algunos de los mojones que plantaron las anteriores para seguir tejiendo desenlaces.



Para continuar con la marca, se cumplen tres premisas claras, y se cumplen bien: buenos actores, buen rodaje... y una persecución interminable. Lo que en la anterior se llevó por París con un Mini de los viejos que te cortaba el hipo, en ésta es una moto relativamente pequeña en una ciudad que de por sí es un riesgo por lo imprevisible de su tránsito (Manila). Cómo hace Bourne-Cross para escabullirse entre balaceras y misiles es más que inverosímil, pero uno sabe que Bourne, es Bourne... No tiene la solera de 007 ni su British humour, ni la fuerza bruta de la cara de pómez de Jason Statham en Transporter, pero las Bourne anteriores ya algo suenan y al menos uno se imagina a lo que va al cine.



Lo que enfada no es a lo que va, sino precisamente lo que viene, porque si bien esta película no es demasiado subsidiaria de las anteriores más que en sus lineamientos generales y en la continuidad de su temática neo-ética en una administración sin escrúpulos, la cinta se queda colgada a la espera de la continuación de manera descarada. El legado de Bourne queda directamente sin resolver, y propone un final tan diet que uno duda de si efectivamente se ha acabado o si el operador se ha quedado dormido y ha desparramado café sobre el proyector. Si a esta entrega la hubieran llamado “Primera parte”, al menos tendríamos el gusanillo de ver qué ha pasado con los dos héroes en la siguiente. Pero no: ni “Primera parte”, ni “To be continued...”

No cuento el final, porque en definitiva, no es una mala película. Pero que no tenga final, molesta, de modo que sepan los incautos que habrá otra de Bourne que resuelva ésta. O no, quién sabe...

Quien avisa, no es traidor. Yo, de puro rabietas, no pienso dar ni un paso para ver la siguiente. Ahí se quedan.

El legado de Bourne / The Bourne legacy.
EUA, 2012
Director: Tony Gilroy.
on Jeremy Renner, Rachel Weisz, Edward Norton.

Opiniones y pareceres a c.etcheverry@coac.es

© 2012 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España.



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Daniel Craig: "Bond tiene fans hasta en Buckingham Palace"

En el cincuentenario de la célebre saga derivada de las novelas de Ian Fleming, el actor inglés presenta Skyfall, su tercera cinta como el agente 007.

Miguel Cane



Cuando se anunció en 2005 que Pierce Brosnan dejaría el rol de James Bond, el icónico agente 007 del M15 creado por Ian Fleming, y que lo sutituiría el rubio y atlético Daniel Craig (Londres, 1968), se armó un escándalo: los fans clamaron que no era el actor indicado, que no se parecía a James Bond y que boicotearían Casino Royale en 2006.

Pero el filme sirvió para relanzar la serie y el éxito de taquilla y crítica convirtió a Craig en el mejor Bond desde que Sean Connery lo encarnara en la primera cinta de 1962, El Satánico Doctor No. Su instinto de superación, su trabajo y constancia, nos han hecho ignorar pequeños detalles como su frialdad o su excesiva virilidad y hasta el supuesto color de cabello del Bond original.



Entrevistamos a Craig en los estudios Pinewood, durante un descanso del rodaje de Skyfall, dirigida por Sam Mendes, que llegará a los cines en octubre para celebrar los 50 años de la primera cinta de Bond, un hecho determinante para todos los miembros del equipo de esta nueva era del agente británico. Esta es la vigésimo tercera aventura del 007 y promete, en boca de su protagonista, ser mejor que sus antecesoras.

Skyfall es tu tercera película como James Bond. Te sentirás más cómodo ahora.
La verdad es que... no (risas). Siento como si aún estuviese descubriendo todo esto por primera vez. Quizá suene extraño, pero para mí esta es una experiencia totalmente nueva y estoy tan nervioso como cuando me llamaron para la primera prueba. Esa es la ventaja de trabajar con un equipo como éste.

¿Qué elementos hacen de ésta una nueva experiencia? Es el mismo James Bond, ¿no?
Desde luego, pero yo interpreto este personaje desde mi propia visión. Además, contar con Sam Mendes como director y tener el guión completo nos permitió trabajar mucho los detalles de la película que antes no habríamos ni considerado. ¿Me explico? Eso nos ha dado un rodaje mucho más cómodo.

Quantum of Solace se estrenó en 2008. ¿desde entonces trabajaron en Skyfall?
Sí, han pasado cuatro años, pero Skyfall la preparamos por dos años. Todo ese tiempo hemos tenido reuniones con Sam, hemos seleccionado a un gran elenco, como Ralph Fiennes y Judi Dench, porque es imposible imaginar la serie sin ella: Rodamos algunas secuencias en locaciones como Estambul para ganar tiempo, mientras se construían los sets aquí... La verdad, teníamos ganas de que avanzara el tiempo. Creo que este es el rodaje de Bond que más he disfrutado.

Ser una franquicia exitosa les permitió rodar en lugares emblemáticos de Londres...
Por supuesto. Hemos tenido la suerte de filmar en la abadía de Westminster y en el Metro de Londres, lugares donde por lo regular es imposible conseguir los permisos. Parece que James Bond es capaz de convencer a cualquiera para llegar a sitios que a otros les están vedados. Supongo que es parte de su encanto (risas). Bond tiene una fama que le precede y tiene fans donde menos te imaginas. Hasta en Buckingham Palace. (La entrevista es previa a la ceremonia inaugural de los Trigésimos Juegos Olímpicos de Londres, para la cual Craig filmó un segmento especial como Bond al lado de la Reina Isabel II).



¿Qué diferencias existen entre el James Bond de Quantum of Solace y el de Skyfall?
Bueno, que estoy más viejo (risas). Sólo te puedo adelantar que tenemos un espléndido guión y cuando hay una buena base sólo puedes hacerlo más grande y mejor. Y creo personalmente que ésta es la mejor que he hecho en la serie.

¿Qué puedes decir del guión?
Quiero hacer un Bond que quede para la posteridad. Un Bond con letras mayúsculas. Y estoy orgulloso de ser parte de este grupo que está de acuerdo en hacerlo conmigo; sé que con su ayuda lo podremos conseguir. El guión es la espina dorsal de todo y está cuidadosamente escrito. John Logan y Neal Purvis han hecho un gran trabajo y es ahí donde me baso. El guión es maravilloso pero como sabes, aún no puedo decir nada más.



Javier Bardem se une como villano a la franquicia, ¿qué aporta él a James Bond?
Conocí a Bardem hace ya varios años y desde entonces admiró su trabajo. La verdad es que es un actor maravilloso y entregado, pero sobre todo sabe cómo divertirse con lo que hace. Es una persona que tiene muy claro lo que quiere transmitir y trabajar con él resulta fascinante. Gracias a él estoy de buenas todo el tiempo en el set. En este caso, la relación de Bond y Silva, su personaje, es muy importante en la trama de la película, le brinda un contenido más rico. Para mí es importante que Bardem esté aquí, porque tengo una buena relación con él y cuando trabajo me gusta sentirme relajado con la gente. No quiero estar preocupado pensando qué puede pasar, me gusta tenerlo todo siempre bajo control porque eso me permite estar concentrado en el trabajo y disfrutar.

Decías que tienes tu propia visión de lo que es James Bond, ¿a qué te referías?
En realidad, no es una visión, es una idea. Creo que tenemos la oportunidad de hacer algo grande con esto, porque hay el dinero necesario para hacer una gran película. La gente quiere ver las historias de Bond, está pendiente de ellas y espera que llegue la fecha del estreno. ¡Por Dios! Estamos hablando de James Bond. Es un nombre conocido alrededor del mundo, y para un actor es una gran oportunidad para hacer algo bueno. Mi única ambición con este filme es dar lo mejor, por eso contamos con el mejor guión, los mejores actores y el mejor director.

¿Sientes presión por todas las miradas y esperanzas puestas en las cintas de Bond?
Al final del día solo soy un actor al que le gusta trabajar, no pienso mucho en eso y estoy realmente contento de hacer algunos papeles que he interpretado... Te mentiría si te dijera que éste no me encanta, porque de verdad es uno de mis favoritos. ¿Presión? Puede que al principio sí. Ahora lo que siento es otra cosa. La gente se acerca y me dice que les gusta Bond. Eso es probablemente lo que más compensa.

Tu contrato original era por tres cintas. ¿Hasta cuándo te gustaría seguir encarnando a James Bond?
Por mí, hasta que me obliguen a parar (risas). Tengo intención de hacer más, pero aún es prematuro hablar de ello. Mira, lo que sí sé, es que un día vendrá alguien después de mí y esperemos que alguien también después de él. Solo quiero que sigan las películas de Bond cincuenta años más.

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Visiones de Amigos / Intocable, de Olivier Nakache y Eric Toledano

En esta ocasión l@s invitamos a compartir las apreciaciones que generan las Visiones de... Miguel Cane y Claudi Etcheverry. En la suma de las diferentes visiones, l@s lector@s van construyendo su propia su visíón personal...

Cine Visiones reafirma la esencia de su nombre en esta edición de Visiones de... AMIGOS / INTOCABLE, con textos de Miguel Cane y Claudi Etcheverry.

The Untouchables


¡Que los disfruten!

AMIGOS / INTOCABLE, por Miguel Cane.

AMIGOS / INTOCABLE, por Claudi Etcheverry.



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Emily Blunt, en busca del equilibrio perfecto

Written By sitemp3 on Kamis, 16 Agustus 2012 | 20.30

Casi sin proponérselo esta belleza inglesa, protagonista de la comedia Eternamente comprometidos, se ha convertido en una gran actriz que, aunque vive y trabaja en Los Ángeles, no sueña con ser estrella de cine, sino en trabajar con la mayor libertad posible.

Miguel Cane



Hija de una profesora y un abogado, Emily Blunt (Londres, 1983) comenzó a actuar en teatro en su adolescencia y tras aparecer en la película El diablo viste a la moda (2006), en la que compartió créditos con Meryl Streep y Anne Hathaway, se hizo conocida. A esta cinta siguieron La joven Victoria —donde interpretó a la legendaria monarca británica en su adolescencia—, Desafiando al destino (basada en un relato de Philip K. Dick), La pesca del salmón en Yemen y Sunshine cleaning. Desde que se casó con John Krasinski (actor de la versión estadunidense de The Office), reside en Los Ángeles y recibe más y mejores ofertas cinematográficas.



Emily es la protagonista de Eternamente comprometidos, una comedia romántica producida por Judd Apatow, en la que comparte cartel con Jason Segel (Cómo conocí a tu madre) e interpreta a una estudiante de doctorado comprometida con un chef, cuya boda se aplaza y se aplaza, conforme la vida profesional de ambos toma rumbos inesperados, poniendo a prueba todo, desde su bolsillo hasta su paciencia.

Durante la promoción de El diablo viste a la moda, Meryl Streep dijo que, junto con Anne Hathaway, eres “una de las mejores actrices jóvenes con las que nunca había trabajado”.
Sí, ¿te imaginas que alguien como Meryl diga eso? Me deja sin palabras. Soy su gran admiradora. Antes de empezar a rodar, tras una lectura de guión, nos dijo a Annie y a mí que es un placer trabajar con nosotras, que somos maravillosas, y que eso era la última cosa amable que nos iba a decir hasta que hubiésemos terminado la película (risas).



¿Te gustaría ser como ella?
¿A quién no? Lo cierto es que me maravilla cómo separa su faceta pública de su vida privada pese a llevar tantos años en primera línea, recibiendo premios y premios. Ha sabido encontrar el equilibrio perfecto. No creo tener que decirte qué tipo de actriz quiero ser. Me gusta mi oficio, soy de naturaleza curiosa y quiero explorar terrenos nuevos. Además, intento estar fuera del alcance del radar mediático. Eso me quita presión y me permite trabajar en lo que realmente me gusta, sin miedo a encasillarme.

De ahí que hagas un poco de todo: ciencia-ficción, terror, melodrama, y ahora comedia... y no todo mundo puede hacer comedia.
¡Exacto! ¡Es muy difícil! De verdad no te imaginas lo difícil que es. Tienes que tener un timing muy peculiar. Cuando me ofrecieron esta película me gustó por eso; es una comedia, pero es muy sutil, no es solo slapstick —que no tiene nada de malo, pero aquí hay más matices. Recuerdo que empecé leer y me reí. No es común que encuentres guiones así.



Ahora que mencionas el guión, el autor es Jason Segel, que también es tu compañero en la película...
Me encanta el hecho de que sea una persona tan observadora e imaginativa. Es un hombre al que le gustan mucho las mujeres. Jason disfruta mucho de la compañía femenina, parece entenderse muy bien con nosotras. Eso le da una idea de cómo somos y los personajes femeninos en esta comedia están muy bien escritos. Eso me encantó; ya sabes que, casi siempre, las mujeres en una comedia sólo son atractivo extra o no tienen mucha sustancia y aquí Violet, mi personaje, es una maravilla: es una chica de verdad, con ideas y emociones genuinas. Cuando ya estaba contratada, Jason pasó un par de días hablando conmigo de Violet, preguntándome si había alguna aportación que quisiera hacer al personaje. Eso no lo hace cualquiera. Fue un placer enorme trabajar con él.

Uno de los temas de la película es cómo, al seguir nuestros sueños, podemos afectar nuestras relaciones amorosas. ¿Crees que es egoísta intentar alcanzar tus sueños?
Por supuesto que no. Creo que se debe intentar. Seguir los sueños de uno es algo positivo y uno debe buscar a alguien que también tenga sus propios objetivos en la vida. No se debe nunca hacer que la pareja no persiga sus sueños, coartar su derecho a hacerlo, porque entonces va a haber resentimiento. Y eso deriva en amargura.

Con una profesión como la tuya, ¿te has visto en esa posición? ¿Has tenido que adaptar tus objetivos profesionales por motivos sentimentales?
En absoluto. Todo lo contrario. De hecho desde que conocí a John, mi esposo, ha sido todo lo contrario. Tengo menos limitaciones y mucho más comprensión que con cualquiera de mis parejas anteriores. John y yo hacemos lo mismo, así que hay un mejor entendimiento. También lo que aprendes, es que muchas veces hay que ser más espontáneo.

¿Eres espontánea?
Creo que sí. No tiendo a darle muchas vueltas a las cosas. Aunque creo que es diferente para cada persona. Algunas parecen ser felices cultivando el drama (risas). Yo, sin embargo, intento alejarme lo más posible y hacer las cosas más sencillas. Si funciona, muy bien; si no, hay que buscarle arreglo. ¿No hay arreglo? Ok, gracias, bye. Así es como tiene que ser. Nada de sufrir.

Acabas de rodar una película con Tom Cruise... ¿sientes que ya eres una estrella de cine, o es algo que no ha sucedido aún?
En realidad me sentí muy nerviosa por tener que formar parte del equipo de uno de los mejores soldados del mundo (risas). Tom fue encantador y un gran compañero. Pero, ¿la verdad? No sé si de verdad existe esto de ser “una estrella de cine” o si me interesa tener ese estilo de vida. Estoy muy a gusto porque la gente no me reconoce en la calle, o si lo hacen, son amables y sonrientes pero en general me dejan en paz. Creo que prefiero eso. Y tener la libertad de hacer los proyectos que yo quiero, o aquellos a los que me obligue un contrato.


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Pacto, El / Fuera de la ley / Seeking justice, de Roger Donaldson

Claudi Etcheverry



Will Gerard es un correctísimo profesor de arte dramático que lleva una vida normal entre su casa y su instituto, pero un brutal ataque a su mujer cambia su percepción de la vida. Durante la convalecencia de su esposa y con el impacto fresco de semejante atrocidad –que parece todo un fresco en cara de la chica gracias a un maquillador de aúpa– el profesor Gerard recibe la visita de una persona extraña que se ofrece a saldar aquella barbarie fuera de los canales de la justicia ordinaria, asegurándole que la impunidad será regla otra vez gracias a la ligereza con que jueces y policías juzgan este tipo de delincuentes, y que el sistema devolverá al agresor a las calles para que siga cometiendo más actos de esa especie. Aunque duda, su deseo de venganza se impone frente a su sensatez como ciudadano, y da las pistas para que esa acción que le prometen se lleve a cabo a cambio de alguna contraparte en el futuro. No le aclaran cuál será esa contraprestación ni cuándo, ni tampoco en qué consiste el correctivo que aplicarán para el violador de su mujer. Como es dable, la trama se adivina de entrada.



En general, podemos decir que hay dos clases de mentiras: las cosas que no son ciertas, y las estadísticas. En cine, en cambio, hay tres clases de películas: las buenas, las malas, y las de Nicholas Cage Coppola.



Este sobrino de Francis Ford Coppola tiene un rasgo raro que al final te hace disculparle tanto si mete demasiadas chispas (recordemos la verbena final incendiaria de Cara a cara (Face / Off) con un John Travolta haciendo de malo malísimo); disculparle demasiadas angustias (así era de agobiado su papel en El señor de la guerra); demasiada sangre (como en el archipiélago de coágulos en Vampire’s kiss); o cuando opta por verdaderos ríos de almíbar (encharcados hasta la diabetes con Bridget Fonda en It could happen to you). Nicholas Cage tiene una clara tendencia al desborde y la exageración, y no se conforma con pequeñas pinceladas. Necesita que quede claro que para sufrir, él y solamente él, y siempre se mete en papeles a brochazos que son una mezcla de héroe involuntario, sufridor impenitente, y derrotado sentimental a quien después de todas sus desgracias en la cinta, el espectador no puede sino disculparle con todos sus excesos o por todas sus heridas y alargarle una venda si sangra, una manta de prefectura marítima si está mojado, o una taza de caldo si lo ves aterido de frío. En las de acción, es de puro milagro que no quede para el banco de órganos. Si fuera argentino, Cage sería un galán de tangos dejándose la piel en cada verso.



El pacto está cortada con esa misma tijera, y un apacible profesor se ve arrastrado a un vórtice de violencia por una especie de secta justiciera que al final se revela con sus propios objetivos, por supuesto, nada altruistas. Tras algunas cavilaciones, Cage se sacude el compromiso y emerge entre el bien y el mal donde corresponde como adalid del lado que toca. Uno ve la construcción, descubre la trama, disculpa las manipulaciones, entiende que es una de entretenimiento, agradece la buena iluminación y montaje, sabe que sus mohines tristones con carita de cocker son de catálogo y se va a casa con el saldo a cero, porque nadie entra a buscar una obra maestra sino una de Nicholas Cage, que no da más de lo que ofrece en taquilla, pero al menos no falla. No hace filosofía, no trascendentaliza, no se pone ni beato ni cabrón, y deja conformes a dioses y a diablos. Al final, te saca por la puerta sin dejarte nada atrás después de cumplir con lo que uno sabía que iba a encontrar, ni más, ni menos. Las cintas de Nicholas Cage dan cero grado en el termómetro del alma, a lo cual podríamos entender como ni frío, ni calor. Pero en esta época de tantas promesas incumplidas, es casi para dar gracias al cielo.

Pacto, El / Fuera de la ley / Seeking justice.
Director: Roger Donaldson.
País: Estados Unidos.
Año: 2011.
Con Nicholas Cage, January Jones y Guy Pearce.

Opiniones y pareceres a c.etcheverry@coac.es

© 2012 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España.


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Dictador, El / The Dictator, de Larry Charles

Miguel Cane



Aunque Sacha Baron Cohen es un muy buen actor, tiene una desventaja que le pesa: es de ese tipo de comediantes que siempre hacen variaciones de lo mismo. Cambia el personaje y maquilla las situaciones para parecer ligeramente distintas a lo anteriormente mostrado, pero es difícil no ver en El Dictador las similitudes con Borat y Brüno en las aventuras de un personaje extranjero en Estados Unidos y el importante contraste de culturas, y es que se limita a seguir exactamente la misma fórmula, aunque en esta ocasión la haga completamente actuada, en vez del documental fingido. Aquí presenta las peripecias de un tirano dictador de un país de Oriente Medio que viaja a Nueva York una cumbre de la ONU, y ahí tratarán de suplantarlo (ecos de El Prisionero de Zenda) para derrocarlo.



De hecho, Cohen consigue ser mucho más divertido al promocionar la película, como el numerito que montó en Cannes, que en pantalla con un guión. La frescura se esfuma con una saturación que acaba siendo abrumadora.



Falta brillo en los chistes de la película, cae en la extrema provocación y su afán de impactar al espectador se le va de las manos cayendo en el mal gusto, como sucede con la escena del helicóptero en que se burla del 11 de septiembre, que puede llegar a resultar molesto e incluso ofensivo para ciertas personas y es que ni siquiera es sutil o ácido, todo lo hace de forma vulgar, burda. La razón de ser de la película parece ser molestar, satirizar torpemente y buscar la risa con el chistorete fácil, únicamente haciendo que el espectador desee que termine, haciendo eternos los ochenta minutos que dura. Está claro que los fans de Cohen estarán satisfechos, pero no hay nada que permita recomendar esta última cinta en el formato habitual. Cohen tiene un talento que le permite destacar en otro tipo de productos (en Hugo está muy bien). Su fórmula con el director Larry Charles ya se agotó y este es hasta hoy, un punto bajo que se debería evitar.

El Dictador/The Dictator
Con Sacha Baron Cohen, John C. Reilly y Ana Faris
Dirige: Larry Charles
EEUU 2012

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