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Es Diva, es Deneuve

Written By sitemp3 on Kamis, 31 Mei 2012 | 11.13

Leyenda viva del cine, la actriz francesa retorna a las pantallas como estrella de Mujeres al poder.

Miguel Cane


La imagen de Catherine Deneuve (nacida Catherine Fabienne Dorléac en París, en 1943) es icónica: ha sido la protagonista de filmes legendarios como Los paraguas de Cherburgo, Repulsión, Belle de Jour, Indochina y El Ansia, e incluso fue seleccionada para encarnar a Marianne, el símbolo nacional de la República, en las fiestas del bicentenario, en 1989. Es una verdadera leyenda, aunque ella misma asegura que “El mito de Catherine Deneuve no existe.” Aún así su presencia impone respeto. Su educada indiferencia, la elegancia de movimientos como agitar la muñeca para encender un cigarrillo (insistió que su encuentro con la prensa fuera en la terraza de un hotel madrileño para poder fumar a su gusto. No pide disculpas por ello. Durante la conferencia de prensa se armó un numerito, porque se le ocurrió encender un cigarrillo en el salón del hotel. Cuando le dijeron que podían multarlos, respondió que la pagaría ella. "Todo esto me parece un exceso", dijo antes de apagar de mala gana su cigarro). Es una diva y lo sabe.



En Potiche, Mujeres al poder, la más reciente comedia de François Ozon, toma esta imagen y le da la vuelta: en la primera escena aparece en ropa deportiva y con un peinado espantoso de los años 70. Si su bienamado Yves Saint Laurent la hubiera visto, habría sufrido un derrame cerebral. Pero es solo un personaje en esta comedia que satiriza las relaciones entre capitalismo, feminismo y lucha de clases, burlándose de las imágenes de sus protagonistas, la Deneuve y Gérard Depardieu.


"Yo no interpreté el papel pensando que también estaba satirizando mi imagen. Lo elegí porque me gustó el guión. Yo no hago cosas que no me gustan. Asi de simple. En todo caso, eso es cosa del director y François es un profesional, sabe exactamente qué quiere plasmar a la larga.".

La película es una adaptación de un clásico del teatro de Barillet y Grédy estrenada en 1977. Cuenta, en clave de farsa, las tribulaciones de un matrimonio burgués, dueño de una fábrica de paraguas, que se enfrenta a una huelga. O cuando la lucha de clases se mezcla con el vodevil sexual: mientras la fábrica arde, el marido se enreda con su secretaria, y ella, hastiada de su rol de mujer trofeo (el potiche/florero del título), se la cobra enredándose con el alcalde comunista del pueblo (Depardieu, con quien ya hiciera pareja hace años en El último metro de Truffaut), todo deriva en una comedia aguda, divertida y no desprovista de cinismo, que asegura, es algo que le gusta.



“Tengo un sentido del humor, claro. Pero es muy poco convencional. No me río con las cosas simples. Me gusta que me arranquen las risas con retruécano, con ingenio, ¿me entiendes? Por eso no he hecho comedias corrientes nunca. No me dan risa y no me imagino haciendo cosas semejantes. Pero Potiche es diferente. Después de todo, el que sea una comedia es lo que le da su encanto. No se trata de un filme social que pueda resultar panfletario o demagógico. Sin embargo dice, y bien claro además, cosas sobre las relaciones entre hombres y mujeres.”

La cinta retiene su periodo histórico. ¿Cree usted que refleja algo en los tiempos actuales?
“Ya lo creo, si. Mira, es una obra de los setenta, pero aunque la situación ha cambiado desde entonces, el machismo y el sexismo siguen siendo habituales en el mundo laboral y no solamente en Francia. Si lees el periódico, verás que sucede en Europa, en América, en todas partes. Hombres ganan más que las mujeres solo porque son mujeres y si ellas obtienen un puesto de mayor importancia, se enfadan y se quejan y dicen “oh, se lo han dado sólo porque tiene tetas.” Sí. Es verdad. Muchos hombres se quejan de eso.

¿Diria que hay más igualdad ahora en algunos aspectos, cuarenta años más tarde?
Pienso que en cierto modo, ahora hay más igualdad, sí, pero no sé si algún día alcanzaremos la igualdad total Te contaré algo. En 1971, participé en una campaña del Movimiento de Liberación Femenina que fue un escándalo, una càuse celébre. 343 mujeres firmamos un manifiesto en la prensa en la que reconocíamos públicamente haber abortado. Eramos muchas. Simone de Beuavoir, Marguerite Duras. Emmanuelle Riva, Anouk Aimée, yo misma. Fue un escándalo, pero logramos algo. Sin embargo, ahora se promueven en varios países, penalizaciones a nuestros derechos, se busca revertir las leyes del aborto, que protegen nuestro derecho a decidir. A veces creo que el reloj va hacia atrás.”

Ha trabajado con una selección de los mejores directores en la historia del cine. ¿Cómo es su relación con ellos cuando trabaja?
“Con Polanski, ambos éramos muy jóvenes. Él era brillante y muy exigente. Me daba instrucciones precisas y yo me puse por completo en sus manos. Repulsión es un gran filme. Lo amo. Jacques Demy me adoraba y yo a él. Yo era casi una niña cuando me llamó a trabajar con él y aprendí muchísimo. Pocos directores te cuidan tanto como él. Buñuel... me vio primero en una fotografía y pensó que estaba bien, que le serviría para Belle de Jour. No sé si fui su primera opción o no, y ahora, tantos años después (se ríe) ya no me importa. Me eligió y me dio este papel y me indicó cómo trabajar con lo que era. Contención, contención. Le gusté, porque después me invitó a venir aquí a filmar Tristana. Él estaba muy contento de volver a rodar en España tras Viridiana. Tenía buen humor, aunque era un hombre de otra época. Nuestra relación fue buena, pero no estrecha. Se relacionaba mejor con Fernando Rey o Rabal, de hombre a hombre. Conmigo era respetuoso. François, por otra parte, es un muchacho encantador. Ya habíamos tenido una experiencia magnífica al hacer 8 mujeres, que es también una adaptación teatral – de una obra que se llama La ronda de las Arpías – y decidió hacerla en clave de musical. Fue como volver con Demy al set de Los paraguas de Cherburgo. Me encantó trabajar con él y le dije que haríamos lo que quisiera. Es un director de actrices estupendo. ¿Has visto lo que ha hecho con Charlotte Rampling, con Jeanne Moreau? Es un genio en ese sentido. Tiene una inmensa sensibilidad. Eso no es común. Raúl Ruiz era igual, increíblemente sensible. Ese es un factor que me hace considerar un trabajo. No hago cosas que no me gusten, ni las hago por dinero.”

Son cincuenta años casi de carrera y sigue trabajando como el primer día...
“Mira, las cosas son así. Voy a cumplir 70 años en 2013. No me gusta sentir cómo pierdo energía, pero un proceso natural. Envejecer no me provoca ningún conflicto grave. No es algo que me obsesione. Afortunadamente, estar rodeada de amigos, de familia, me ha hecho superar las etapas de mi vida sin grandes traumas. Las arrugas no me quitan el sueño, y veo que la fiebre del botox y los facelifts ya está pasando, al fin. Los directores llegan a cansarse de los actores que no pueden mover ni la frente ni las cejas. Pero no sólo los actores recurren a la cirugía estética. Lo hace mucha gente, incluidos los políticos, como Berlusconi. Que es un tipo ridículo a quien la cirugía no le ayudó absolutamente nada.”

Icónica e inconforme, entonces. De una pieza.
“¡Pues claro! (sonríe) Aunque la gente crea que por verme como me veo o vestirme como me visto no lo sea. Eso es algo que finalmente a nadie le importa. Soy anticonvencional. Siempre he sido igual. Por eso acepté ser la imagen de Marianne, es un símbolo de la República, no un mito. No creo personalmente en los mitos. Sé que mucha gente me considera eso, pero si supieran cómo soy en realidad, que hago mi propio mandado y que me desmaquillo antes de dormir y que necesito lentes para la presbicia, se sentirían desencantados. Pero qué puedo hacer. Soy una mujer. Soy humana."



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Noomi Rapace llega a Hollywood

Tras crear el personaje de Lisbeth Salander en cine, se ha convertido de la noche a la mañana, en una superestrella internacional. Ahora protagoniza Prometheus, lo nuevo de Ridley Scott

Miguel Cane



Desde que apareció por primera vez en las pantallas enmascarada con los múltiples piercings y tatuajes de Lisbeth Salander, la heroína de la trilogía fílmica basada en las novelas de Stieg Larsson, Noomi Rapace, (Estocolmo, 1979), hija de una actriz sueca y un músico y cantaor español de Badajoz, a quien casi no conoció, pese a tener una larga carrera en escenarios y televisión, era prácticamente desconocida fuera de Suecia. Sin embargo, su interpretación le dio la suficiente proyección para dar el salto a Hollywood y aparecer, primero en la secuela de Sherlock Holmes y ahora como una de las protagonistas de Prometheus, la muy anticipada cinta de ciencia-ficción de Ridley Scott, que con ella regresa a los territorios que exploró originalmente en clásicos como Alien y Blade Runner.

En la cinta, Rapace – que comparte créditos con Michael Fassbender, Guy Pearce y Charlize Theron – interpreta a Elizabeth Shaw, una arqueóloga contratada por la corporación Weyland, para descubrir los nexos entre la vida extraterrestre y el origen de la vida en la tierra, como parte de una expedición que tiene resultados, por decir lo menos, escalofriantes. Mezcla de horror, ciencia-ficción y acción, la cinta la catapulta al centro de la atención internacional, algo que no deja de sorprenderla, en sus propias palabras.



¿Cómo llevas la llegada del estrellato internacional?
No lo sé... la verdad es que no me considero más que una actriz. Para mí actuar es dejarme llevar, perder el control. No me preocupa pensar en cómo sueno ni cómo aparezco en las fotos en las revistas. Es una contradicción, lo sé, pero es lo que me ocurre. Me gusta estar a la sombra cuando me alejo de mis personajes. Yo no quiero ser famosa. Lo cierto es que prefiero que no se sepa nada de mí. Tú me entiendes.

Prometheus pertenece, gracias a sus nexos con Alien, en parte de un legado mítico ¿Qué aporta la película a la leyenda de esta saga?
Es interesante. Creo que en una parte, es una precuela, pero no es exactamente eso tampoco; quiero decir, Prometheus es un filme independiente completamente, aún si tiene esos vínculos que mencionas. Eso es algo que dejó muy claro Ridley cuando me propuso este trabajo. Creo que más bien no era cuestión de aportar, sino de crear algo nuevo, una iconografía diferente y me parece que lo hemos logrado. Al final, es parte del fenómeno, no le quita nada ni le aporta nada. Me gusta porque son cintas paralelas muy fieles a sí mismas, abiertas a miles de interpretaciones y en el cine eso no sucede con mucha frecuencia.


¿Cómo definirías a Elizabeth Shaw en el esquema del filme?
Mi personaje es más humano, creo. Según Ridley, es el corazón, así como el personaje de Fassbender es el cerebro y el de Charlize, la conciencia. Muchas de las cosas que Elizabeth hace en el filme la ponen a prueba, incluso en su fe... de todos los exploradores, es la que comienza más humana, más frágil. Me exigió mucho físicamente, tuve que adelgazar mucho, hacer cuatro días a la semana kung fu y gimnasia, todo para incorporarlo a su transformación; ella pasa de ser una científica con una cierta inocencia, en un personaje que tiene que hacer muchas cosas, incluso dolorosas para ella, para sobrevivir y también para tratar de evitar una catástrofe que podría acabar con la humanidad.

Este es un papel muy codiciado... ¿Cómo resultaste elegida?
Eso es verdad. Ridley estuvo mucho tiempo buscando una actriz desde que decidió que quería un personaje femenino en este filme, que hiciera lo que Elizabeth. Entrevistó a un montón de actrices, algunas muy conocidas, pero era complicado encontrar a alguien que reuniera las características físicas y emocionales de Elizabeth, o que fuera lo suficientemente convincente en el rol. Él me vio en las cintas de Millenium y habló conmigo. Me dijo que en mí había algo que le gustaba, que podría hacer lo que él necesitaba y me ofreció formalmente el papel, diciendo que sabía qe yo encontraría cosas de mi personaje que él no había llegado a descubrir. Me sentí feliz, pero también muy intimidada. Soy todavía bastante desconocida en los Estados Unidos, y para el estudio a firmar en una chica sueca-española que casi no hablaba inglés para hacer la protagonista en la película más grande del año para ellos, es bastante inusual.


¿Implica mucho compromiso?
Yo siempre me comprometo al cien por ciento con todos mis proyectos, pero digamos que al ser un filme de Ridley Scott, en este formato, implica un mayor nivel de expectativas qué cumplir y muchos retos qué superar.

¿Como cuáles?
Por ejemplo, Ripley, el personaje de Sigourney Weaver, que es con quien se compara más al mío. Es muy difícil separarte de un personaje así, sobre todo cuando existe toda una serie con él y es tan emblemático. Por eso mismo es que he trazado una línea muy clara que diferencíe a Elizabeth Shaw de Ripley. Yo no tengo nada qué ver con ella. Y así fue como me acerqué al personaje, con cuidado de que no hubiera nada que sirviera a una comparación. Prometheus es otra historia, como te decía, tenemos que establecer, en un mismo universo narrativo – los elementos están ahí – a nuestra propia historia. Lo que Ridley quería era contar algo completamente diferente, que sirviera para abrir la puerta a Alien, y también a su propia historia. Pero eso lo tiene que decidir, al final, el público.

¿Puedes decir que este es un nuevo umbral en tu carrera?
No soy muy sentimental al respecto: soy actriz, a mí lo que me gusta es interpretar a alguien y luego pasar a otra cosa. Ya pienso en mi próxima película, y lo único que quiero es terminar con ésta. Tampoco creo que la gente se vaya a acordar mucho de mí, porque les gusta olvidar pronto y cambiar de caras famosas. Recordarán al personaje de Elizabeth, pero espero que no de mí, porque eso me dará la libertad de hacer otra cosa, de inventarme un nuevo personaje cuando haga falta y después poder volver a mi vida anónima. Soy muy autocrítica. Lo he hecho bien, pero espero hacerlo mejor la próxima vez. Pero no soy Elizabeth Shaw, ni Lisbeth Salander. Ya lo hice. Ahora quiero hacer otra cosa. Ser otras mujeres.


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Prometheus, de Ridley Scott

Written By sitemp3 on Jumat, 25 Mei 2012 | 20.44

Dioses de otros mundos

Miguel Cane



El retorno de Ridley Scott a la ciencia-ficción, género en el que forjó su nombre con dos filmes hoy legendarios, Alien y Blade Runner, es algo que sus muchos admiradores han estado anticipando, sobre todo, porque en la última década, el director (después del éxito popular de Gladiador) no ha tenido un desempeño ejemplar y en algunos casos, desastroso (¿Recuerdan la terrible Un buen año, su incursión en el terreno de la comedia romántica, que más le hubiera valido ignorar?). No obstante, Prometheus cumple lo que ha venido ofreciendo con su enigmática campaña publicitaria: es una cinta con mucho estilo, suficiente sustancia, estupendas interpretaciones y un tema inquietante que permanece en la mente del espectador, invitando a más visionados para descubrir los detalles que a simple vista pudo haber perdido.

En los años 80 del siglo XXI, la todopoderosa corporación Weyland envía al espacio a una expedición de investigadores y ejecutivos, para explorar la posible relación entre el origen de la humanidad y visitantes del espacio en la antigüedad (una teoría muy en boga desde hace décadas). Entre los componentes de este grupo está la arqueóloga Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) cuyo descubrimiento de un mapa estelar es la ostensible causa del viaje, la alta ejecutiva Meredith Vickers (Charlize Theron), fría y aristocrática, con un plan ulterior y David (Michael Fassbender), un ente sintético programado para ser asesor doméstico y científico en el equipo. Pero, por experiencia previa, sabemos que en este filme, nada es tal como parece.

Ostensiblemente, Prometheus es una precuela temática de Alien y de hecho, sucede en su universo original, pero tanto Scott como su guionista, Damon Lindelof – que entrega un guión consistente, si bien no puede evitar sus típicos brotes de pretensión, algo que es un defecto muy suyo – buscan ir hacia otra dirección y establecer ésta como una historia independiente, con ramificaciones en la saga Alien, pero enfocada en su propia iconografía. De hecho la ruptura funciona: si fuera una precuela como las que hace George Lucas, todos sabríamos cuál es el final – la llegada de la nave Nostromo – pero aquí, tras un accidentado (literalmente) tercer acto, la cinta se abre a otra dirección y eso es de agradecer, más aún después de una secuencia climática en la que pesa demasiado el ritmo frenético y la historia planteada anteriormente, sale por la ventana por momentos.

Las actuaciones son de primera, incluyendo un sorprendente turno de un virtualmente irreconocible Guy Pearce, y aún si los diálogos a veces son afectados (otra lacra que tiene Lindelof), las interpretaciones no pierden un aire genuino, especialmente por parte de Fassbender y Rapace (Theron a veces parece más robótica que él).

Impresionante, bellamente diseñada y vertiginosa, la vuelta de Scott al género que le dio gloria es una cinta casi perfecta y da visos de la grandeza de su director, algo que hacia mucho no se advertía tanto.

Prometheus
Con Charlize Theron, Noomi Rapace, Michael Fassbender, Idris Elba, Rafe Spall y Guy Pearce
Dirige Ridley Scott
EEUU/Reino Unido 2012




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Un feliz acontecimiento / Un hereux événement, de Rémi Bezançon

Claudi Etcheverry.




La publicidad de compresas menstruales presentan siempre a las mujeres encantadas de pasar por su período, y la de coches siempre los muestran deslizándose entre campos abiertos de girasoles y viñedos llegando a un hostal sobre un acantilado donde espera una cena plácida al atardecer. En los anuncios de cremas antiarrugas y de adelgazamiento aparecen personas jovencísimas que no las necesitan en absoluto, y las publicidades de maquinillas depilatorias traen a mujeres que no tienen un pelo de tontas. Pero cuando uno habla con las señoras con dolor de ovarios, interroga a cualquier conductor en medio de los atascos habituales, o ve aquellas personas que luchan contra el sobrepeso sometiéndose a la tortura del hambre, la realidad nos dice poco de esos recursos dignos de tanta poesía.


Aparte de la satisfacción personal evidente que trae aparejado tener un hijo, “Un feliz acontecimiento” recopila además algunas de las sensaciones y abismos que hemos sufrido todos los que los hemos tenido sin alienarnos ni sentirnos unos monstruos por estar a punto de claudicar en más de una ocasión por la exigencia que acarrean de cansancio, tensión y dudas. Muchas películas risibles transitan ese hecho con padres manazas que se desbordan al preparar una papilla, pero una comedia torpe dice bien poco del desbarajuste personal que un niño acabado de nacer arrastra en la pareja y en las personas que la componen aunque nos hagan reír con tropezones y gags. A la vez que la presencia del bebé parece ser lo más natural del mundo y uno se pregunte cómo ha sido posible estar sin él hasta ese momento, el pequeño mamífero tiene unos mecanismos detonantes de retardo que pueden hacer saltar por los aires hasta la pareja más sólida. Es una ingenuidad creer que un bebé no es más que un tubo que llora por un extremo y hace caca por el otro. No traen manual de instrucciones, y por lo general no tienen devolución; pueden causar un terremoto por simple presencia.



Esta película aborda también los otros sentimientos, los sentimientos reales que también cursan como fiebre o espasmos junto al amor y la dedicación. Puestos a ser sarcásticos, ser padres supone una depresión post-parto, pero antes supuso ya una depresión postcoital, porque visto desde la perspectiva de todo lo que no sabíamos que íbamos a pasar, tener un hijo se parece mucho a una inconsciencia. Esa colonización –primero de la mujer y después de la familia– que supone la simple presencia de estos inmigrantes de espaldas mojadas al nacer, hay que suplementarla con mucho trabajo personal y de pareja porque el golpe que asestan al vínculo familiar puede ser mortal de necesidad. La película no hace caso omiso ni mira para otra parte, como tampoco proclama que los hijos sean una calamidad insalvable. Los hijos son una cuña de acero al egoísmo y al culto personal, y solamente siendo inteligentes podremos compensar una cosa con la otra y concluir en que han sido un maravilloso sacrificio. Lo que no podemos creer es que estos enanos salgan gratis. No: son carísimos, y no estoy hablando de gastos en pañales o cuotas de colegio, sino de todo lo que nos fuerzan a tener que entender de nosotros mismos. Los hijos son un límite.



Con buenos diálogos y desempeños muy creíbles (especialmente convincente resulta la actriz secundaria Josiane Balasko como Claire, la madre de la protagonista Barbara Dray) la película empieza como una comedia ágil de buenos diálogos y buen ritmo, pero se adentra en los pliegues del conflicto aunque se detenga cauta ante el exceso de drama, y tire cuando se puede para sacar una sonrisa. Maltrecha y con no pocas magulladuras, la pareja de Barbara y Nicolas sigue queriéndose a pesar del desajuste del que apenas empieza a emerger. La escena final es muy fugaz, pero Barbara trae un segundo predictor que da la certeza de que la fertilidad insistente es muchísimo más profusa que los sitios en los que el neonato podría desembarcar si se esperara que lo hiciera en condiciones perfectas. Solo el amor por los hijos hace posibles todos esos ensayos y errores de los que salimos como podemos con el cariño que nos tenemos con ellos como única explicación. Y al final, como único premio.

Un feliz acontecimiento / Un hereux événement.
Francia, 2012.
Director: Rémi Bezançon.
Con Louise Bourgoin, Pio Marmaï, Josiane Balasko.

Opiniones y pareceres a c.etcheverry@coac.es
© 2011 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España

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Potiche: Mujeres al poder, de Francois Ozon

La Señora Manda

Miguel Cane


No cualquiera se atreve a sacar a una diva legendaria como Catherine Deneuve en pantalla, burlándose de su imagen de belleza perfecta más allá de lo meramente humano. La sensibilidad y olfato de François Ozon para lo kitsch, que ya demostraba desde su primer largometraje, Sitcom (1998), que siguió a su perturbador debut con el mediometraje Regardez la mer (1996), se encuentra aquí con una cómplice de altura, una diosa Deneuve que deconstruye su divismo para ponerse al servicio de una autoparodia que demuestra que para ser una estrella perdurable un requisito es sacar a pasear el sentido del humor (y esto también aplica a su co-protagonista, Gerard Depardieu).



Al igual que 8 Mujeres, esta es también una adaptación de una obra de teatro por parte de Ozon cuya acción transcurre décadas atrás, con un tono humorístico, centrada alrededor de las mujeres que forman y rodean a una familia. Potcihe, que en francés significa literalmente jarrón o florero y en sentido figurado se utiliza para describir lo que en castellano se conoce como a una ‘mujer trofeo’, explota perfectamente la ambientación de 1977, tanto en el aspecto de vestuario (¡terlenka! ¡poliester! ¡esos peinados!), como en la forma de narrar la historia, tal y como se deja claro desde un inicio con los títulos y la primera secuencia. Este es uno de los aspectos más divertidos de la película ya que la historia en sí, se sustenta con un humor fino y a veces un tanto cínico, que establece una sátira social, sin caer en el discurso panfletario, algo que se agradece.



Suzanne Pujol (la Deneuve) es un ama de casa burguesa cuyo marido, Robert (Fabrice Luchini), tiene problemas con la fábrica que dirige y una aventura extramarital con su secretaria. Al enterarse, Suzanne decide mandar a volar sus prejuicios y formulismos sociales, encabeza una revolución en la fábrica y además se enreda con el alcalde comunista de su comunidad, Maurice Babin (Depardiéu). Las cosas se salen de proporción y las carcajadas no se hacen esperar. El guión posee un buen ritmo, a pesar de la teatralidad de la fuente original. Su exageración formal, estilística e incluso actoral hacen presagiar buenos momentos pero la historia y el diálogo nunca acaban de proporcionarlos. Quienes realmente tiene aspecto de estar pasándoselo en grande son los propios actores del filme. Deneuve y Depardieu, que ya fueron pareja en El último metro de Truffaut ahora se dan cita en la madurez y no hay duda de que ambos disfrutan en pantalla y que entre ellos hay una notable química aunque en esta ocasión Denueve es la estrella absoluta. El nivel actoral del reparto está a una gran altura, Luchini, Jérémie Renier como su hijo y Karin Viard como la “secre” en cuestión, están brillantes, y dan a la diva el soporte necesario para hacerse de la película, donde Ozon plantea encuadres cuidadosamente armados para escenas donde ella es dueña y señora. Y ver a Deneuve en pantalla siempre, siempre, es una buena razón para acercarse.

Potiche: Mujeres al poder
Con Catherine Deneuve, Fabrice Luchini, Karin Viard, Jéremie Renier y Gerard Depardieu
Dirige François Ozon
Francia/Bélgica 2010

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Almanya, bienvenidos a Alemania / Almanya, Willkommen in Deutschland, de Yasemin Samdereli

Written By sitemp3 on Kamis, 17 Mei 2012 | 14.07

Claudi Etcheverry.




El joven Hüseyin Yilmaz fue uno de los 2,3 millones de turcos que llegaron a Alemania a partir de la década del 50 cuando tras la devastación del país después de la Segunda Guerra Mundial fue necesaria mano de obra para emplearla en el resurgir de la industria. Pero como dijo el escritor suizo Max Frisch, “Pedimos mano de obra y vinieron personas”, y Hüseyin fue uno de esos tantos hombres y mujeres que dejaron sus tierras y se internaron en el camino del extrañamiento para siempre. La película está contada desde la perspectiva de la saga de este hombre en Alemania con protagonistas de tres generaciones: la del patriarca y Fatma, su mujer; la de sus tres hijos Veli, Muhamed y Leyla; y la de sus nietos Canaán y Cenk. Las tradiciones, las costumbres, los orígenes que se van diluyendo, mientras planea el fantasma de la asimilación en la nueva cultura. Sin dramatismos y con buen ritmo, la directora Yasemin Samdereli va hilando escenas de ayer y de hoy hasta que demuestra lo que la película quería decir: que todos somos parte de nuestro pasado y que heredamos el acervo de lo que vivieron nuestros ancestros.


Centrada en narrar los sentimientos de los inmigrantes, la cinta no aborda el fenómeno colateral de la xenofobia porque su discurso es el de los sentimientos personales encontrados, el simple deseo de una vida mejor mientras la nostalgia deja asidas a las personas a un pasado imborrable que en un efecto de perspectiva inversa, más crece cuanto más se aleja. Pero por otra parte, todos los que hemos salido alguna vez del sitio de origen sabemos que al irnos no seremos nunca uno más del país de acogida por mucho que hayamos podido asimilarnos; y ya no seremos del sitio que quedó atrás porque el regreso pronto se revelará como una verdadera fractura entre “ser” y “estar”. La diferencia que “Almanya” describe muy bien estriba en que encontrar perfecto acomodo en el lugar de llegada, incluso sin tener nunca fricciones ni conflictos, no nos hace de allí, porque eso sería negar el origen. Un día, explicando esta idea y como argentino, le decía a un amigo que hay diferencias culturales evidentes, que él se negaba a admitir. Le insistía en que no somos mejores ni peores sino simplemente otros, y que la diferencia es bien real. Al final, encontré el argumento con el cual poder decirle lo que para mí era evidente: “Mafalda –le expuse– ¿podría ser una nena catalana o aragonesa?”. Entonces se rió y finalmente entendió. También le conté que en casa habíamos incorporado la tradición catalana del Tió para que nuestro hijo no fuera el único de su clase que no tuviera esos regalos por Navidad. No era ni una hipocresía ni una impostura, sino el deseo de allanarle el camino con el recurso de la alegría. Pero con Tió o sin él, a solas soy tan argentino como siempre, lo que no impide la amistad, el amor o la integración. El origen es un dato de la identidad aunque algunos lo recorten a hablar un idioma u otro.



En la película, los primeros inmigrantes Fatma y Hüseyin eran unos desconocidos para ellos mismos, añorando su lugar de origen e internándose de a poco en el nuevo país mientras hacían el camino del aprendizaje de esa nueva cultura, idioma y costumbres; al tiempo, sus propios hijos se alejaban de los orígenes y devenían relativos desconocidos para sus propios padres en la medida en que iban incluyéndose en las tradiciones locales y se hacían más alemanes y menos turcos; y al final los nietos, completamente separados de la tradición de origen, regresaban a aquellas señales ancestrales por la vía del afecto para incorporarlas finalmente como el acervo familiar de los abuelos. La figura de la nieta mayor –una excelente Canaán que desempeña la actriz Aylin Tezel– es el mayor exponente de este ciclo, en pareja con un inglés y en el descubrimiento de que la mitad de sus afectos se expresan en gestos turcos. Ella es la maravillosa y enriquecedora prenda de unión del efecto multiplicador del mestizaje porque la chica no son dos mitades sino dos identidades completas y simultáneas.



Temporalmente, la película se encuentra a medio camino entre el destierro e Internet. Los inmigrantes de la primera mitad del siglo XX perdían sus orígenes en seco; los de la mitad de siglo podían plantearse al menos un viaje de visita al origen como el de esta película; y los inmigrantes de hoy tienen el mundo en cualquier punto de conexión a Internet.

Pero la ausencia es la ausencia, y algunas comprobaciones vitales dolorosas o felices nos marcarán aquel extrañamiento siempre. Un refugio es descubrir que patria no es tanto el lugar en que uno nace sino el sitio en que uno imagina para morir, porque los códigos de origen siempre resuenan en nosotros de una manera especial, seamos uruguayos, turcos o senegaleses. Que eso no nos impida hacer una vida feliz no significa que esa cuerda no vibre en algún rincón de nuestra persona, incluso para quienes nieguen su origen o luchen contra él y se decidan a inaugurarse como seres espontáneos ex-novo, porque negar el origen no necesariamente tiene que estar ligado a una nacionalidad, sino que también puede ser el rechazo directo a un grupo familiar. Entre signos de afecto, “Almanya” trata de demostrar justo lo contrario: que si el pasado se ata a nuestros sentimientos, somos parte de una línea de la historia. Sin pasado, o sin historia, es casi seguro que no hay identidad, o al menos habrá una identidad seguramente coja que nos seguirá allá adonde creamos que podemos llegar para escondernos, por mucho que insistamos en negar lo que sin duda todavía late en algún pliegue del alma.

Almanya, bienvenidos a Alemania
Almanya, Willkommen in Deutschland
Alemania, 2011.
Directora: Yasemin Samdereli.
Con Vedat Erincin y Fahri Ögün Yardim como Hüseyin joven y viejo; Lilay Huser y Demet Gül como Fatma joven y vieja; Aykut Kayacik y Aycan Vardar como Veli joven y viejo; Ercan Karacayli y Kaan Aydogdu como Muhamed joven y viejo; Siir Eloglu y Aliya Artuc como Leyla joven y vieja; Aylin Tezel como Canaán; y Rafael Koussouris como el niño Cenk.

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© 2011 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España

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Habitación en Roma, de Julio Medem

Historia de Dos Mujeres

Miguel Cane

El más reciente filme de Julio Medem (Los amantes del círculo polar, Lucía y el sexo) se desarrolla prácticamente en un solo escenario, una habitación de hotel en el centro de Roma donde dos mujeres jóvenes que se acaban de conocer, se internan juntas en una aventura física que les tocará el alma.



El que básicamente no tenga más locaciones no importa; el guión (del propio director e colaboración con Julio Rojas y Katharine Fugate) atrapa y consume al espectador. Todo transcurre en una noche y en las primeras horas de la mañana de un día del comienzo del verano de 2008, antes de que Roma lance a cada una de ellas al lugar al que pertenecen; por la tarde Alba (una exquisita Elena Anaya) volará a España, y Natasha (Natasha Yarovenko) a San Petersburgo. La habitación del hotel, que parece haberlas estado esperando siempre con arte histórico y pasiones pasadas incrustadas en sus viejas paredes, sugiere una atmósfera cargada de erotismo y sensualidad, no muy ajena a los filmes de Just Jaeckin (Emmanuelle, 1974) y David Hamilton (Bilitis, 1977) que conjugan el exquisito roce con una extraña fuerza que engancha sus miradas apuntando hacia lo inquietante.



En ambas mujeres, que tienen sus vidas en otra parte, nacen sentimientos nuevos y desconocidos que Alba y Natasha aceptan, y a los que al mismo tiempo restan importancia hablándose con naturalidad y buen humor. Un pacto surge entre ellas que propicia situaciones tan cómicas como enigmáticas, antes del ataque inesperado de un amor punzante y desolador en su fragilidad.



Durante un periplo de doce horas, de noche y de día, estas dos mujeres desvelarán sus vidas, primero ocultándose y protegiéndose por miedo a la atracción sin ser correspondida (todos somos vulnerables en nuestro temor al rechazo, a la indiferencia), luego dejándose acompañar hacia el paisaje desconocido de la otra, cruzar el umbral de la piel para entrar al mundo habitado por sus compromisos y el amor sincero hacia sus respectivas parejas; en el caso de Alba, es una mujer casada que tiene dos hijos; y el de Natasha, su profesor de Historia del Arte Renacentista, con el que está próxima a casarse.



Medem trabaja con sus actrices con cuidado y establece una coreografía que sirve para apuntalar ese breve encuentro que a la larga sabemos que rompe el corazón. Entre cuatro paredes, ambas girarán sobre sí mismas hasta ponerse boca arriba mirando juntas hacia los ojos de la otra, un abismo compartido, el secreto guardado en una habitación en Roma, así nace para ellas su nueva libertad, el deseo, la entrega furtiva y significativa.

Film de controversia, Habitación en Roma es una exquisita miniatura que más parece un producto de otro tiempo: no pareciera pensada para las salas de hoy, sino para los antiguos circuitos de “arte”, que exhibían filmes de Nagisa Oshima y Liliana Cavani, cintas que no temían a explorar la sexualidad. Los espectadores maduros estarán sorprendidos gratamente, ante un trabajo sólido y bello, de un cineasta idiosincrásico y convencido de lo que hace, con dos actrices valerosas y consumadas.

Habitación en Roma
con Elena Anaya, Natasha Yarovenko, Enrico Lo Viso y Najwa Nimri
Dirige: Julio Medem
España/Italia/Reino Unido
2010

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