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Sombras Tenebrosas / Dark Shadows, de Tim Burton

Written By sitemp3 on Minggu, 06 Mei 2012 | 12.24

Vampiros à Go-Gó

Miguel Cane


Originalmente, Sombras Tenebrosas fue una telenovela estadounidense que se transmitió entre 1966 y 1971, con un reparto encabezado por la legendaria Joan Bennett (que había trabajado a las órdenes de George Cukor, Fritz Lang y Max Ophüls, entre otros grandes directores, en la época de oro de Hollywood), que contaba tarde a tarde, las tribulaciones de la familia Collins, que entre sus miembros contaba con vampiros, licántropos, brujas, fantasmas, cucos y otros seres sobrenaturales. Aún después de cesar sus transmisiones, la serie – que tuvo transmisiones en México en los 70 – adquirió estatus de culto, que perdura hasta el día de hoy.



Que Tim Burton anunciara que de niño fue fan del programa y quisiera hacer una nueva versión cinematográfica, en mancuerna con Johnny Depp (su octava colaboración) no fue sorpresa. Los problemas empezaron, especialmente entre los fans de la serie, cuando aparecieron los primeros trailers que mostraban la historia de los Collins, convertida de un melodrama gótico a una comedia pseudo-psicodélica, con chistoretes e insinuaciones sexuales dirigidas al mínimo común denominador. Si bien el estudio trató de aplacar los ánimos caldeados en internet, el resultado es más grave que lo temido. La película que Burton firma y Depp estelariza, como Barnabas Collins, vampiro de 200 años de edad que está “sacado de onda” al encontrarse de pronto en 1972, no es mala. Es mediocre. Y ese es el peor destino para un filme.


La culpa – si es que hay que buscar un “culpable” -- de que este filme padezca una crisis de identidad de la que no se recupera jamás, es de Seth Grahame-Smith, el guionista, un astuto embaucador que hace unos pocos años saltó a la fama como el “autor” de Orgullo y Prejuicio y Zombis, una “adaptación” del clásico de Jane Austen, que suscitó un éxito de ventas. Amparándose en esto, retoma los personajes creados por Dan Curtis y los transporta a un medio nuevo. Esto no tendría nada de malo, si la manera en que está estructurada la trama – que en sí no tiene nada de extraordinario: vampiro con shock cultural desea rescatar a su clan de la decadencia y recuperar el amor perdido, enfrentando a su némesis – no fuera tan chafa. Los diálogos son absurdos, la comedia forzada y estúpida y los actores, desperdiciados.

Acaso quien merece una película mejor que esta, es Michelle Pfeiffer, que encarna a Elizabeth Collins Stoddard, matriarca de la familia (mismo rol que Bennett) que es la única coherente en un desfile de personajes estrafalarios y desdibujados. Depp y Eva Green parecen divertirse como Barnabas y su enemiga jurada Angelique la seductora bruja todopoderosa que lo convirtiera en un monstruo en pleno siglo XVIII, pero el contexto de parodia y violencia sexual, no compaginan bien y el climax, que tarda mucho en llegar, es absurdo y escrito “al ahí se va” con cambios y resoluciones totalmente descabelladas y sacadas de la manga (incluyendo un fantasma gritón y un cambiazo inexplicable en un personaje principal). Por su parte, Helena Bonham-Carter, que es parte integral del universo Burtonesco, se suelta la melena y hace de la loca de la casa (o bien, de una psiquiatra exótica) una caricatura perniciosa, pero igualmente desbalagada. Burton parece haber estado distraído a la hora de dirigir a sus actores, más concentrado en los efectos visuales, la escenografía y la notable atmósfera, y el resultado se queda en intentona, pero no sabe qué es, si película de terror y sangre o una vacilada. Y eso, considerando todo el talento involucrado, para tan frustrante y nimio resultado, es una verdadera lástima. Qué desperdicio de todo.

Sombras Tenebrosas/Dark Shadows
Con Johnny Depp, Helena Bonham-Carter, Eva Green, Bella Heathcote, Chloe Moretz, Jonny Lee Miller y Michelle Pfeiffer
Dirige Tim Burton
EU 2012

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Michelle Pfeiffer sale de las sombras

Tras dos años de ausencia, la célebre actriz se reúne con Tim Burton y reaparece en su película "Sombras tenebrosas".

Miguel Cane.

Michelle Pfeiffer 2009


En realidad jamás se ha retirado del todo, pero cualquier película suya es saludada como el regreso de una de las más espectaculares actrices del cine estadunidense. Nacida en Los Ángeles en 1958, mantiene intacta la belleza de su juventud y su carisma sigue radiante. Después de un periodo de mucha actividad en las décadas de los ochenta y noventa, ahora elige sus películas con mucho cuidado, se prodiga poco y su familia (conformada por el productor David E. Kelley y sus dos hijos) la disfruta de tiempo completo. Esto y mantener una carrera respetada hacen de Michelle Pfeiffer una rara avis que no ha quemado sus alas al volar cerca del sol de Hollywood.

Ahora reaparece en Sombras tenebrosas, el más reciente filme de Tim Burton, con quien se reúne después de 20 años para interpretar a Elizabeth Collins Stoddard, un rol originado en la televisión por la legendaria Joan Bennett, matriarca de la acaudalada familia Collins, la que tiene entre los miembros de su árbol genealógico a vampiros, brujas, fantasmas y alguno que otro monstruo.


MC: Hace ya casi dos años que no hacías cine. ¿Por qué volver con un proyecto tan excéntrico como éste?
MP: Pues en parte por eso, por excéntrico. Verás, de niña yo era gran fan de la serie de televisión. Era de esos niños que corrían de la escuela a la casa para ver Dark Shadows. Me encantaba, y siempre tuve buenos recuerdos de la serie. Cuando hicimos Batman regresa, Tim y yo nos llevamos muy bien; siempre decíamos: “Hagamos algo”. De hecho estuve cerca de participar en Sleepy Hollow, salvo que en esa época acababa de nacer mi hijo y no pude aceptar. Esta vez Tim me llamó y me dijo que recordaba que yo también había sido fan de la serie, igual que él. Le dije: “Oh, sí, muy fan”. Entonces él me dijo que estaba haciendo el casting de la película, que ya tenía a Johnny Depp como Barnabas Collins, pero que necesitaba a alguien para Liz. Le dije: “Oh, es que Liz es un personaje muy delicado. Era Joan Bennett, sabes, así que se necesita cierto tipo de actriz”. Seguimos charlando y le sugerí dos o tres nombres de actrices que daban la talla para el personaje, y que yo creía que serían estupendas. Tim me escuchó, y luego dijo: “Okey, sí, son muy buenas. ¿Y tú qué estás haciendo ahora?”. Me dejó muda. Le dije que nada en particular, que era la verdad, estaba relajándome en casa. “¿Te gustaría venir a Londres y ser Liz?”. Y bueno, pues no pude decir que no.


MC: ¿Cómo te sentiste al acercarte a este personaje?
MP: Tal y como está escrito (por el guionista Seth Grahame-Smith, que adaptó los personajes originalmente creados por Dan Curtis). Este aspecto de Liz retiene mucho de lo que la hacía cautivante en los sesenta, cuando se hacía en televisión: es una mujer que trata de sacar a flote a su familia. Es elegante y bien educada, pero también es de armas tomar cuando hace falta. Para ella, la familia es lo más importante: uno de los temas de la película es que la sangre es más fuerte que el agua. Liz es capaz de cualquier cosa por su familia, literalmente. Eso me gustó. También me vine a encontrar que Tim y Seth habían decidido reinterpretar la saga como una comedia, con toques de parodia, y pensé: “¡Eso es muy interesante!”. Así que decidí hacerlo.

MC: No es fácil encontrar personajes sustanciales para actrices en Hollywood tampoco...
MP: Desde luego. De hecho, esa es la razón por la que Joan Bennett dejó el cine y comenzó a hacer televisión. Hollywood no suele ser muy benévolo con mujeres de mi edad (risas). Yo me empecé a preocupar a los 40 años. Cuando estrené Verdades ocultas, junto a Harrison Ford, él tenía 15 años más que yo. Sin embargo, algún periodista escribió algo acerca de “los protagonistas de mediana edad”, y dije: “¿Cómo?, ¿cómo?”. Viví algo parecido a una crisis. Luego decidí que no valía la pena mortificarme y me dediqué a mi familia, y en los últimos 10 años apenas he trabajado. Aunque me siento mejor que nunca: Claudia Rose y John Henry, mis niños, ya están hechos unos adolescentes y tienen sus propios estudios y actividades, así que tengo tiempo para emprender proyectos y Dave me apoya en todo. Liz es una mujer madura. Quise sentirme en su piel, sentir lo mismo que ella. No pedí a los maquilladores que me hicieran parecer más joven. He aprendido a estar presente en mi edad y en mi momento vital. Lo demás sería engañarme a mí misma. Y créeme, hace tiempo que dejé de hacerlo.

MC: ¿Cómo ha sido volver a trabajar con Tim Burton, dos décadas después del éxito mundial que fue ser Catwoman en Batman regresa?
MP: Magnífico. Tim es un director que sabe extraer lo mejor de sus actores. En Batman hizo que como Selina Kyle me sintiera pequeña e insignificante, y como Catwoman me sintiera libre de todas las inhibiciones. Me hizo sentir poderosa y aguantar todas las secuencias de acción. Esta segunda película ha sido como regresar al hogar de un buen amigo al que has echado de menos, y me divertí mucho con el elenco. Jonny Lee Miller, que hace de mi hermano Roger, es genial y trabajar con Johnny Depp es una delicia; teníamos años de querer trabajar juntos y nuestras escenas fueron excelentes. Tim es una gran experiencia para cualquier actor y trabajar con él es una gran suerte.

MC: El tono de la película es más cómico que escalofriante. ¿Por qué no habías hecho más comedia?
MP: Me encantaría, pero parece ser que los directores y productores me ven seria y no me las ofrecen. Hablé de ello con Marty (Martin Scorsese) cuando rodábamos La edad de la inocencia. Él me dijo que yo era capaz de transmitir la mayor tristeza sólo con la mirada. Pero realmente me gusta reir y hacer reir. Espero que ahora me ofrezcan más comedias. Con Hairspray me divertí horrores y estoy segura que por ahí hay papeles que me dejarán reírme más, de mí misma y de las situaciones. Creo que un poco de levedad nunca viene mal. Me tomo la vida muy en serio y me apasiona defender algo en lo que creo. He sido así toda mi vida. Cuando se es actriz y madre, la adrenalina viene de la vida misma y de cada instante. Creo que la vida real no está en absoluto peleada con la comedia.

MC: Tienes una carrera que suma ya tres décadas, aunque no lo parezca. ¿Cómo te sientes al respecto?
MP: Sorprendida de haber llegado hasta aquí, porque no lo pensé. Es decir, soy imparable cuando me propongo algo. Pero, nunca te imaginas que llegues a esto. Por otra parte, padezco agorafobia. Bueno, no me dan miedo los espacios abiertos, sino los espacios abiertos con multitudes. Resisto a duras penas las alfombras rojas; prefiero quedarme en casa preparando una buena cena rodeada de los míos. Por eso me trasladé a vivir a un rancho a criar a mis hijos. Vivo sin estrés, y disfruto de la vida cada día tal como viene.

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Historias de Shanghai / I wish I knew, de Jia Zhang-ke

Historias de Shanghai / I wish I knew

Claudi Etcheverry.



Contagiada por la revolución bolchevique rusa y apoyada por Moscú, China se deslizó a una guerra civil entre los años 1927 y 1950, en la cual se enfrentaron los ejércitos leales por una parte al Kuomingtang (fracción nacionalista al mando de Chiang Kai-shek) y las tropas comunistas con Chou En-Lai como uno de sus inspiradores principales. El enfrentamiento acabó en 1950 con el establecimiento de la República Popular China. Ya en 1931 se proclamó la República Soviética de China en la región de Jiangxi, con Mao Zedong como presidente (Mao Tse-tung en muchos países de Latinoamérica). Diferentes estadios políticos, militares y sociales desembocaron con Mao Zedong como Gran Capitán de toda China a partir de 1949, expulsando a los nacionalistas a la isla de Taiwán. En este contexto, la ciudad de Shanghái quedó atrapada en territorio continental chino, pero en un régimen ambiguo dentro del universo comunista como vínculo y enlace con los mercados exteriores. La Shanghái descomunal es el mayor puerto del mundo en volumen de mercancías.


Dado que sus planes generales habían entrado en franca discusión dentro del partido y amenazaban escapar a su control, y ante la evidencia de Mao Zedong de que el régimen comunista chino tenía elementos políticos que él consideraba subversivos, aprovechó una revuelta estudiantil y consiguió el apoyo del ejército para armar al pueblo e implementar un sistema de control y espionaje interno a fin de depurar la deriva política del país en una maníaca "huida hacia adelante".



La llamada Revolución Cultural consistió en la denuncia, persecución y estigmatización de todas aquellas manifestaciones políticas, culturales, artísticas o sociales que el buró clasificara de "deriva capitalista" con las clases intelectuales y dirigentes como principales víctimas de la purga. Asimismo, incluyó la destrucción de numerosos monumentos, archivos, obras de arte y textos como materialización de una de las peores estrategias políticas que instauró oficialmente el régimen comunista chino a partir de 1960, pero que se venía gestando de manera larvada desde hacía varios años. Con este santo y seña, las ciudades se organizaron con redes de delatores (los Comités Populares), purgas políticas, destierros, torturas y ajusticiamientos públicos como escarmiento para transformar la doctrina comunista china en una religión ciega. Bajo un régimen de terror, con el control de los medios de comunicación y la unificación del ejército, Mao regresaba a la escena política como líder indiscutido apoyado por la cúpula dirigente del partido llamada La Banda de los Cuatro (con la esposa de Mao, la tiránica Jiang Qing como una de esos cuatro). Uno de los opositores que padeció esta limpieza fue Deng Xiaoping, quien años más tarde consolidó con un golpe militar (en 1976, año de la muerte de Mao) el giro de China hacia la lógica capitalista, la apertura industrial y comercial, y el asentamiento del país como líder económico mundial.



La Revolución Cultural fue un período sangriento de violencia extraordinaria, y se extendió no solo en las ciudades (con hordas de adolescentes fuera de control, los Guardias Rojos) sino también a las áreas rurales. La palabra "Antiguo" se constituyó en un nuevo demonio con que se trazó la persecución de los usos, cultura, costumbres o pensamiento "antiguos". Todo lo que fuese considerado contrario a la Revolución fue suprimido, lo cual sumió al país en una parálisis educativa alarmante, con acceso libre a las universidades como plataformas de doctrina porque allí solo se impartían lemas obligatorios de apoyo incondicional a Mao dado que la cultura occidental y el saber técnico se consideraban valores burgueses. Por contra, esta época afianzó la escolarización de la primera niñez, lo cual proporcionó una base estudiantil mejor preparada para el período de apertura iniciado por Deng Xiaoping a la muerte de Mao en 1976.

La película presenta las consecuencias personales y las anécdotas y desgracias sufridas por distintas personas de la ciudad a causa de este período. En un lenguaje cinematográfico a medio camino entre el documental y la película argumental, la cámara recorre la ciudad en las caras de la gente y los barrios con un ritmo lento y grave. La presencia de una misma actriz sin parlamento (la magnética Xhao Tao) es el recurso que hila la cinta como si no fuese un documental. De indudable interés historiográfico, se echa en falta que a la suma de testimonios se añada una visión crítica de lo expuesto, o que se ponga una cierta conclusión o medida de análisis y no desaprovechar así su potencial pedagógico. La película no quiere entrar de lleno a la denuncia, pero como poesía resulta difusa porque el trasfondo político sobresale de la simple postal.

Con un regusto de que la China más occidental es mejor que la otra –la más hermética e impenetrable– en muchas tomas la realidad tiene muchísima más fuerza que el atrezzo. Pero si no se tiene a mano el antecedente histórico completo, la cinta pierde toda su efectividad como manifiesto, y no sé si lamentablemente ya la Revolución Cultural comienza a quedar lejos en el tiempo. En todo caso, el título original expone mucho mejor el resabio de esas conclusiones que pueden extraerse “a toro pasado”, porque casi ninguno de los testigos en primera persona de aquella brutalidad política tenía muy claro qué estaba viviendo. El título “I wish I knew” (algo así como Ojalá lo hubiera sabido) resulta infinitamente más adecuado.

NOTA: He enviado varias notas de sugerencia a la Real Academia de la Lengua Española para ver si quiere gestionar un centro que nombre a las películas del ámbito hispanohablante de una única manera y que traduzca con respeto el título original. Por otra parte, las películas a veces tienen dos y tres títulos: ¡¿Alguien le encuentra la lógica a que una misma cinta, por ejemplo, pueda llamarse “La novicia rebelde” y “Sonrisas y lágrimas”?!

Historias de Shanghai / I wish I knew.
China, 2012.
Director: Jia Zhang-ke; con Dan-qing Chen, Du Mei-Ru, Fei Ming-yi, Han Han, Hsin-i Chang, Hou Hsiao-hsien, , Huang Baomei, Yindi Cao y Lee Chia-Tung.

Opiniones y pareceres a c.etcheverry@coac.es
© 2011 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España



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Sexo de los ángeles, El, de Xavier Villaverde

Claudi Etcheverry


Carla y Bruno –una pareja de jóvenes de veintipocos– conoce a Ray, un joven libre y sin ataduras que pone la relación frente a una situación muy exigente para los tres, enamorándose de ambos. Y ambos, de él.



Alguna vez he pensado que la combinatoria genética no puede ser infinita. Con un amigo de la adolescencia teníamos una teoría que nos hacía gracia y que habíamos llamado la “teoría de los biotipos”, por cuanto hay tipos físicos que se repiten, y que permiten decir que tal persona podría ser prima o hermana de tal otra, aunque la distancia entre ellas haga imposible ninguna relación de parentesco. Si miramos a Bruno en esta película (Llorenç González), podría ser el hermano menor de Jake Gyllenhall, el actor de “Brokeback Mountain”, y Carla (Astrid Bergès) tiene un lejos a medio camino entre Keira Knightley y Pilar López de Ayala.



Pero esta teoría tan pedestre de los biotipos, en cine es bastante más estrecha y fácil de seguir porque los moldes argumentales o de encuadre son muchos menos y podemos ver papeles simétricos en la Michelle Pfeiffer de “Mentes peligrosas” (Dangerous minds, de 1995) que es la Julia Roberts en “La sonrisa de Mona Lisa”, y que ambas repiten esquema de Sidney Poitier en “Al maestro con cariño” (To sir with love), de 1967. Es la misma base en las tres, adaptada a diferentes épocas, situaciones, y hasta estéticas. Pero el modelo de relación adulto-amplio / adolescente-conflictivo es exactamente el mismo.

Las semejanzas entre “El sexo de los ángeles” y otras películas que exploran un triángulo son numerosas. Muchas veces llamamos impropiamente triángulo a una figura que no se cierra por uno de sus lados si los tres personajes no tienen relación con los otros dos, que sería un ángulo con uno de los amantes como vértice. En esta película, igual que lo habían explorado otras, Carla ama a Bruno y Ray, mientras ellos dos hacen lo propio con ella y entre ellos, igual que en la reciente “Three” (Drei, película alemana de 2011), con el mismo esquema de persona que se enamora de una pareja y pareja que se abre o se amplía. La pena es que a esta producción española le hace falta un hervor que la concentre un poco más, porque Three resulta bastante más consistente, y finalmente, la puesta de Villaverde resulta poco convincente. No sé por qué, por qué mala sombra, todas las escenas que se desarrollan en el ámbito de trabajo de Carla (una revista universitaria en la que se desempeña como fotógrafa) son inverosímiles, pueriles, y arruinan lo que con esfuerzo impar llevan adelante las demás escenas como pueden. Muy especialmente Ray (Álvaro Cervantes) compone un personaje excelente y lleno de vibraciones, mientras los otros dos quedan detrás (Llorenç González), y muy por detrás (Astrid Bergès)

Sin embargo, y pese a que la cinta no tiene méritos de desarrollo nada notables, da motivos de reflexión porque explora el modelo de la pareja varón-mujer y su actual creciente ruptura. Con bastante ingenio y a pesar de la endeblez del planteamiento y la flacura de un guión muy pobre, “El sexo de los ángeles” sopesa y compara este nuevo modelo de convivencia con la falta de felicidad de la madre de Carla pese a vivir en una relación perfectamente estándar, y sin embargo, ser profundamente infeliz, pincelando así de pasada que los modelos tradicionales no son garantía de nada. Tiene mérito abordar un tema espinoso como éste sin moralizar y sin pontificar, pero la falta de oficio es muy notable. Eso se advierte, por ejemplo, al intercalar escenas de ciudad que no vienen en absoluto a cuento ni son parte de la trama en ese momento (calles que por otra parte, eran fáciles de reconocer para mí de Barcelona como el Paseo de Colón y Vía Laietana) y que aparecen en dos escenas como un relleno; o esos diálogos obvios entre los personajes para que el espectador entienda la trama o las tesis del guión (como los debates sobre la compra de la revista que regentan). No obstante, y aunque en parte la película las apunta pero no las desarrolla, quedan en la lista varias ideas de una época venidera que parece abrirse paso lentamente: la exclusividad de la pareja; los límites entre sexo, amor y deseo; la pareja como territorio; el necesario planteamiento de a quién queremos desear; y la caducidad de los modelos heredados si son de aplicación mecánica con rigidez de normas de obligado cumplimiento.

La generación de Carla / Bruno / Ray no tiene más remedio que replantear la vida en que los han puesto y el mundo al que han caído. Si uno es feliz, puede vivir sin analizar demasiado las cosas que hace o que le rodean, pero si no lo es, no tiene más salida que ponerse a pensar. No parece que eso sea lo que proponga esta película, pero está muy bien como punto de partida para observar otras felicidades posibles. En todo caso, como valoración, muchos de sus puntos los hago valer por su valentía, que también es tarea del cine exponer tesis que aporten una enseñanza o una motivación. De tener que elegir, prefiero una falta de oficio pero valiente como ésta a películas de gran oficio y que no hacen más que decir siempre lo mismo. Es la carga didáctica del cine, y que a la postre, siempre acaba por resultarme de encomio.

Sexo de los ángeles, El
Director: Xavier Villaverde; con Astrid Bergès-Frisbey, Llorenç González, Álvaro Cervantes.
España, 2011.

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© 2011 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España



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Don Draper se confiesa

Written By sitemp3 on Minggu, 29 April 2012 | 05.07

Jon Hamm habla acerca de la nueva temporada de "Mad Men", recién estrenada en América Latina por HBO.

Miguel Cane



No es hipérbole decir que la serie de televisión creada por Matt Weiner es un auténtico fenómeno cultural: ha hecho de su estilo una verdadera moda y ha descubierto a millones de telespectadores una visión sin cortapisas del mundo de la publicidad en Madison Avenue, el reflejo de la sociedad estadunidense de los años sesenta, y gran parte de su éxito mantiene una constante: la necesidad de saber quién es realmente Don Draper. Y quién mejor que quien lo encarna, Jon Hamm (Saint Louis, Missouri, 1971), para contárnoslo.



Es obvio que Hamm no se parece en nada a Don Draper. De todos modos, es un hombre atractivo, interesante e inteligente, que no se toma muy en serio este juego de la celebridad: “Mañana se puede acabar esto, ¿y qué pasa? Nada. Soy actor, y si no consigo otro papel como este, no importa: puedo hacer otros o trabajar en otras cosas. La fama no sirve para poner comida en la mesa, así que yo no pienso dejar de trabajar sólo para ser ‘famoso’”.


MC: ¿Podríamos decir que Don Draper no tiene nada de ti?
JH: Bueno, algunas veces termino una escena y pienso: “No puedo creer que hiciera tal o cual cosa”, pero nada más. Es decir, obviamente Don no es la madre Teresa, pero tampoco me parece que sea Satanás. Matt lo ha concebido como un personaje profundamente humano y complejo, pero fuera de lo físico, él y yo no nos parecemos en nada. Cada quien tiene sus propios principios muy bien establecidos; yo tengo una serie de escrúpulos que sólo son míos, nada tienen que ver con los personaje que interprete; por lo demás, yo jamás digo la frase adecuada en el momento idóneo, como puede hacerlo Don, ni siempre estoy impecablemente vestido. Además, no fumo ni bebo. Si fumara o bebiera una cuarta parte de lo que fuma o bebe el personaje, amigo, estaría muerto.

MC: ¿Cómo nos encontramos a Don Draper en la quinta temporada?
JH: Curiosamente, ahora Don parece estar estabilizándose y no le va tan bien como esperaba. Cumplió 40 años —como yo, pero en 1966 tener 40 era algo muy diferente a tenerlos ahora, me consta—, está casado con Megan (Jessica Paré), a quien impulsivamente le propuso matrimonio durante el final de la cuarta temporada. La quiere, pero las cosas no son como pensaba. Justo cuando piensa que por fin podrá sentar cabeza, el mundo comienza a cambiar drásticamente. ¡Ahora sí estamos en los sesenta!

MC: ¿Cómo encara el personal de Sterling Cooper Draper & Pryce este tiempo de cambio?
JH: Nuestros personajes maduran junto con nosotros. A lo largo de la temporada anterior y ésta, un grupo de gente se ha replanteado sus relaciones personales, laborales, emocionales... Los más jóvenes, como Peggy Olson (Elisabeth Moss) o Pete Campbell (Vincent Kartheiser), son el mejor ejemplo de esto. Pero también Don o Roger Sterling (John Slattery) se encuentran en una disyuntiva para aceptar este momento de cambio y redefinirse como personas, o dejar que el tiempo los rebase... y no creo que les guste la idea.

MR: ¿Qué es lo que más te gusta de la serie y tu personaje?
JH: Me sorprendió que fuera un arquetipo masculino a la antigua. En Don se encuentran figuras como John Wayne, Gregory Peck y Robert Mitchum. Son tipos fuertes, atrevidos, de los que llaman la atención con su presencia. Muchos hombres fueron educados como Draper y a muchos hombres les gusta parecerse a él. Me gusta cómo está escrito y el aplomo que tiene, aun si es un hombre que, contradictoriamente, bajo su fachada, es cobarde y se siente a veces confuso. Ambas partes son indispensables para poder darle vida a Don. Me gusta esa complejidad. De la serie me gusta que se ha logrado un estupendo equipo, una verdadera compañía de actuación: todos tenemos papeles que conocemos bien e interactuamos perfectamente. Todas las piezas embonan. La serie no es sobre Don exclusivamente. Es sobre un tiempo en la vida de estos personajes. Sin ellos, nada de esto funciona. Es un elenco formidable, trabajamos con intensidad. Por eso es fácil dejar el trabajo en el trabajo, y así cuando estamos juntos es una fiesta. Trabajo es trabajo, no nos engañemos; jornadas de 12 o 14 horas que me tenían aterrorizado la primera temporada. A estas alturas es mucho más fácil. El único ensayo que necesitamos es para saber la posición de las cámaras.

MC: En cinco años de serie ¿cuál dirías que ha sido la evolución que notas en ti?
JH: Me siento muy afortunado. Crecí en Saint Louis, Missouri; mis padres se divorciaron cuanto tenía dos años; mi madre murió a mis 10, y mi padre a mis 20. Llevo desde los 19 trabajando como actor, y jamás había conseguido triunfar en mi carrera. En la universidad no te preparan para el rechazo; en cambio, la carrera te enseña a resistir. Haces una audición tras otra, te preparas, buscas la manera de lograrlo. No es fácil. Tuve que tener muchos empleos temporales mientras iba a audiciones: serví mesas, cargué palos de golf, estuve en alquiler de autos... a veces el dinero no alcanza. Pero traté de no perder la paciencia. La oportunidad existe, pero hay que estar con los ojos muy abiertos. Y no ser demasiado escéptico (sonríe). Don Draper fue un ejemplo de perseverancia recompensada. Claro que siempre he sido un optimista.

MC: ¿A qué atribuyes tú el éxito internacional de Mad Men?
JH: Pensé que íbamos a ser un show minoritario en televisión por cable, pero como la oferta televisiva está muy fragmentada, haber creado una serie tan rica y con tantas lecturas, capaz de recrear la nostalgia de otra época y a la vez emular muchas de las situaciones que vivimos hoy, nos benefició. Que la gente la vea con tanta devoción, es el mejor halago del mundo.

MC: Fueron 18 meses de espera entre una temporada y otra, ¿qué has hecho mientras tanto?
JH: Más trabajo, para mi buena suerte. Mi novia Jennifer (Westfeldt, la actriz y guionista que protagonizó el éxito indie Besando a Jessica Stein) y yo formamos una compañía productora, y tenemos una película que rodamos en 2011, llamada Plan perfecto (Friends with Kids), que es una comedia urbana muy moderna, que resultó ser muy divertida. No sólo producimos: Jennifer escribió el guión y dirige, por lo que es un proyecto muy especial para nosotros. Yo la admiro profundamente; hemos estado juntos desde 1997, así que nos pareció el siguiente paso lógico: hacer realidad un sueño que teníamos. Por otra parte, ahora me ofrecen mejores papeles y no tengo que audicionar tanto como ocurría antes. Eso, aunque no lo creas, también es un alivio. Soy agradecido; no me olvido de dónde vengo y, por lo mismo, estoy consciente, como te dije, de que esta racha de suerte en cualquier momento puede acabarse o cambiar. Así que yo hago lo que principalmente sé hacer: trabajar.


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Carla Bruni Sarkozy et Eric Clapton en 1989 : Comme si de rien n'était...


Dans sa biographie sortie en 2007, Eric Clapton raconte son idylle avec Carla Bruni, et là, c'est du lourd : Lorsqu’il la rencontre, elle n’a que 21 ans mais elle est « very sexy » : « Nous avons commencé à sortir ensemble et, en très peu de temps, je suis devenu obsédé par elle ». Un jour, Carla Bruni le supplie de le mener au concert des Rolling Stones à New York. Et insiste, une fois sur place, à être présentée à Mick Jagger dans sa loge.

Clapton poursuit : « Je me souviens avoir dit à Mick : “S’il te plait, pas celle-là. Je pense que je suis amoureux”. En dépit de mes prières, il n’a fallu que quelques jours pour qu’ils commencent une relation clandestine ».Éric Clapton dit avoir souffert très longuement de la « tromperie » de Carla et de la déloyauté de Mick Jagger.

Et Clapton de conclure : « Qu’est-ce que j’ai appris de Carla ? Pas grand chose à l’époque, mais à mesure que le temps a passé, j’ai appris la différence entre le désir et l’amour, et un peu plus tard entre le plaisir et le bonheur ».


Et oui, les histoires d'amour finissent mal... en général, comme disaient les Rita Mitsouko... Est-ce que Nicolas Sarkozy aura plus de chance avec Carla ? On verra bien ! Elle va peut-être se mettre avec François Hollande si il devient président, vu qu'elle aime les hommes de pouvoir... A moins qu’elle ne réussisse avec Obama, et là ce serait la classe !


Photo : Ron Galella - 1989
Source : Frédéric Martel - L'Express

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Amor imposible (México) / Pesca del salmón en Yemen, La (España) / Salmon fishing in the Yemen, de Lasse Hällstrom - 02 - por Claudi Etcheverry

Written By sitemp3 on Senin, 23 April 2012 | 11.47

Claudi Etcheverry.



Un jeque árabe decide establecer una colonia de salmones escoceses en Yemen, a partir de la construcción de una presa que se acaba de poner en servicio para cambiar los desiertos de su país. Para ello, pide ayuda a una consultora en la que trabaja Harriet, quien hace contacto con el Dr. Alfred Jones, asesor del ministerio de Pesca y Agricultura de Inglaterra. El delirante proyecto se ajusta a los planes de imagen del gobierno británico de ese momento, el cual tratará de impulsarlo como un gesto de amistad entre los dos países para reforzar la imagen del Reino Unido en la región.




En zoología, la tendencia de nadar contra corriente se llama reotaxia negativa. La metáfora de que el salmón nada a contracorriente se aplica perfectamente al guión que escribieron Simon Beaufoy y Paul Torday para esta película, un libreto que lucha por hacerse creíble y cada vez se empantana más y más río arriba, abarcando varios flancos sin cumplir con ninguno: lo intenta con la comedia inglesa, la película geopolítica, la comedia romántica, el exhorto humanista del interés del deporte como puente entre los pueblos, la crítica al cinismo político, y la crónica de una amistad entre personas muy opuestas. Igual que en esos aparatos que dicen servir para todo, la cinta no sirve para ninguno.


Tres buenos actores (de los cuales dos muy buenos: la Scott-Thomas y McGregor, y una Emily Blunt hermosa y correcta) que es imposible que no lo hagan bien. Pero la película se pierde, exagera, y acaba por disolverse bastante antes del final como una manifestación sin fuerza de choque. Lasse Hällstrom tuvo la hermosa “Las reglas de la casa de la sidra”, y más tarde vi de él “The hoax”, bastante mala. Con ésta de Yemen me queda la sospecha de que a las películas “no las hace”, sino que “le quedan”, porque si no, no se explica este pasteleo. Rastreamos aquí algunas tendencias melosas que en “Las reglas de la casa de la sidra” encajaban muy bien –compensadas por el peso de semejante drama– y que en ésta parecen un recurso del que echa mano como una esperanza de salvar la trama y ganarse la emoción de espectador, sin conseguirlo. Más que un recurso, un chantaje.



El descontrol del montaje llega demasiado lejos con un asentamiento beduino muy poco propio, un sabotaje inverosímil de la presa, un atentado contra el monarca con una puntería mucho peor que una escopeta de feria, un romance entre Harriet y Alfred anunciado desde el primer minuto, y un atisbo de humor inglés que queda en nada. Es el divorcio típico de algunas películas entre lo visual (interesante), el guión (un bodrio), y las actuaciones (mérito puro de los actores)

Mejor no irse hasta Yemen a pescar salmones porque no hay pique y los de esta cinta se han caducado ya en el estreno. Tenemos mucho más a mano una lata de bonito del norte en el super de la esquina. Tan rico que es el salmón a la plancha y con esta cinta casi me quedo frito. Una pena.

Amor imposible (México) / La pesca del salmón en Yemen (España) / Salmon fishing in the Yemen
Reino Unido, 2011
Director: Lasse Hällstrom; con Ewan McGregor; Emily Blunt, Amr Waked, Kristin Scott-Thomas.

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© 2011 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España



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