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Carla Bruni : Chirurgie esthétique

Written By sitemp3 on Rabu, 26 Oktober 2011 | 09.15

Découvrez Carla Bruni avant et après chirurgie esthétique.


Carla Bruni qui malgré son âge a toujours l'air très jeune est connue pour être une adepte de la chirurgie esthétique, et aurait refait son nez, sa poitrine et un peu toutes les zones de son visage.

En effet Carla Bruni qui avait un charme et un visage naturellement très gracieux a refusé de vieillir en s'adonnant à une pratique abusive des liftings et autres petits arrangements qui pourraient lui laisser un visage plus jeune.

Chez Carla Bruni le résultat n'est pas forcément très réussi lorsqu'on voit certaines photos ... mais peu importe , il faut beaucoup de travail pour devenir première dame de France et on ne peut pas dire qu'elle ai chômé de ce côté là.

Malgré les photos plus que choquantes Carla Bruni continue de nier l'évidence et nie avoir eut recours à la chirurgie plastique, alors qu'il se murmure qu'elle ai commencé dès l'âge de 15 ans ...


Carla Gilberta Bruni Tedeschi, née le 23 décembre 1967 à Turin (Italie), est une auteure-compositrice-interprète et ancien mannequin, connue sous les noms de Carla Bruni, qu'elle continue à utiliser dans sa carrière artistique, et de Carla Bruni-Sarkozy, depuis son mariage avec Nicolas Sarkozy le 2 février 2008.
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Jenifer Bartoli : Chirurgie esthétique

Découvrez Jenifer Bartoli avant et après chirurgie esthétique.


Jenifer Bartoli, la gagnante de la première édition de la Star Academy affichait quelques rondeurs et un nez en trompette lorsque le grand public l'a découverte. Quelques moins après sa victoire, elle avait perdu plusieurs kilos et obtenu un coprs svelt grâce à un régime strict et des heures de sport intensif.

Mais la métamorphose de Jenifer ne s'est pas arrêté là puisqu'elle a opté comme beaucoup d'autres célébrités pour la chirurgie esthétique. Si l'augmentation mammaire qu'elle a subi parait évidente, Jenifer se serait aussi fait affiner le nez à l'aide d'une légère rhinoplastie.

Quoi qu'il en soit le résultat final est très agréable, et son visage et son corps s'en retrouvent plus harmonieux ... Il ne nous reste plus qu'à regretter que toutes les opérations de chirurgie esthétique ne soient pas aussi bien réussies.


Jenifer Bartoli, dite Jenifer, née le 15 novembre 1982 à Nice, est une chanteuse et comédienne française révélée par sa participation à l'émission télévisée Star Academy dont elle est lauréate en janvier 2002 ; à ce jour, elle a signé quatre albums studio et un live.
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Lena Headey

Written By sitemp3 on Senin, 24 Oktober 2011 | 02.02

 Lena Headey as Cersei Lannister

 Lena Headey

 Lena Headey in Game of Thrones

Lena Headey

Descubriendo a Jennifer Ehle

Written By sitemp3 on Selasa, 18 Oktober 2011 | 16.54

Aunque es una “cara nueva”, el gran hallazgo en Contagio, impactante nuevo filme de Steven Soderbergh, no es ninguna improvisada.

Miguel Cane


Puede ser que a muchos habituales del cine comercial el nombre de esta actriz – cuyo apellido se pronuncia “Íli” y no “´Él”, señala, divertida – no les resulte familiar, pero para los devotos del circuito de cine de arte y del teatro, sí que tiene peso. No por nada; esta distinguida anglo-estadounidense (Carolina del Norte, 1969) es hija de una reconocida actriz de Broadway – la inglesa Rosemary Harris – y el célebre novelista estadounidense John Ehle, e hizo su debut en escenarios a los pocos meses de nacida, en una temporada de Un tranvía llamado deseo, en la que su madre interpretara a Blanche DuBois. Desde entonces, Jennifer ha trabajado incansablemente. Es recordada por muchos como una excepcional Elizabeth Bennet en la adaptación hecha en seis capítulos de Orgullo y Prejuicio, la novela de Jane Austen, en 1995. Ahí compartió créditos con Colin Firth (en lo que muchos han calificado como la versión definitiva de Mr. Darcy) y tuvo su primer roce con la celebridad; casada con el escritor Michael Ryan desde 2001,vive en Nueva York y es madre de dos hijos pequeños, lo que ha limitado sus apariciones en cine, mas no así en teatro, donde ha obtenido dos premios Tony (en 2000 y 2008) y ha trabajado con intérpretes de la talla de Kevin Spacey, Liev Schrieber (juntos fueron los Macbeth en una versión espectacular montada como parte del festival Shakespeare in the Park en 2007) y Angela Lansbury, lo mismo haciendo tragedia, comedia, que teatro musical -- “¡nada mal para una niña que solía cantar “Aquarius” con un disco de Hair!” se ríe – y cosechando un notable prestigio, que no se había trasladado del todo a la pantalla grande – aunque ha trabajado a las órdenes de Neil LaBute (Posesión, basada en la novela de A. S. Byatt), Itsván Szabó (Sunshine) y Tom Hooper, en la galardonada El discurso del rey – hasta ahora, que tiene el rol de la doctora Ally Hextall, uno de los personajes clave de la ecléctica y enorme cinta de Steven Soderbergh Contagio, que se estrenó en el pasado festival de Venecia y ha tenido éxito alrededor del mundo, pintando un mural escalofriante de lo que ocurre cuando un virus de desconocido origen mata casi 30 millones de personas en tres semanas, algo que no está muy lejos de la paranoia habitual en los medios y que fue uno de los temas que la atrajo al proyecto.

Jennifer Ehle in Focus Films' Possession



¿Por qué Contagio? Supongo que tu agente te hace llegar varias ofertas y tú eliges... ¿por qué esta?
No son tantas como creerías (se ríe). Conozco a Steven Soderbergh y he sido su admiradora desde hace años, cuando vi Sexo, Mentiras y Video. Yo tenía veinte años y pensé que tenía un estilo muy especial de hacer cine, que me gustaba. Un lenguaje más inmediato. Luego vi Traffic y me fascinó. Nos tratamos socialmente y un día le dije, “cuando tengas algo, estoy disponible” pero se lo dije como se lo dice un actor a un director con el que le gustaría trabajar y tiene la oportunidad de decírselo. Esto no quiere decir que vaya a ocurrir. Me envió el guión con una nota muy breve, me dijo que leyera y habláramos, que tenía algo en mente. Eso fue todo. Claro, me intrigó. Así que leí el guión. Pensé que me tomaría un par de días o así, pero llegó un momento en que no me podía levantar del sillón, tuve que pedirle a mi marido, “cariño, ¿te importaría llevar a los niños a cenar fuera?” y quedarme ahi. Fue fascinante. Todas estas historias que se van entrelazando, para mostrar esta pesadilla tan enorme en diversos puntos del planeta. Tantos personajes interesantes. Lo que más llamó mi atención es que no hay, como en Traffic, un protagonista. Todos los personajes tienen una historia que contar. Terminé de leer y estaba sin aliento. Es, definitivamente, uno de los diez mejores guiones que he leído. El lunes, recibí una llamada de Steven. No de su gente, sino de él directamente. “¿qué te pareció?” le dije que me parecia estupendo. Supuse que me querría para un papel pequeño: la mujer que contrae el virus en Macao y lo traslada a Chicago [el papel fue interpretado por Gwyneth Paltrow], o la esposa de alguno de los investigadores; soy realista, me ofrecen roles de esposa, de madre. Y está bien, puedo hacer esos, claro. Me dijo que no, que quería que fuera la epidemióloga del Centro de Control de Enfermedades de Atlanta, que descubre la vacuna tras experimentar consigo misma. Le dije que seguro estaría bromeando, y todo lo que me dijo fue “¿cuándo vas a estar disponible? Empezamos a rodar en dos meses.” No pude decirle que no.



¿En qué consistió tu preparación para el personaje?
Creo que aquí es muy importante decir que tanto Steven como Scott Burns, que escribió el guión, se aseguraron de que todos los aspectos científicos de la película fueran correctos. Que no hubiera ninguna falsa representación de los hechos. Creo que eso es lo que contribuye más al impacto de la película, ¿sabes? Porque lo que vemos en pantalla es prácticamente real, puede ocurrir. Eso es algo muy importante. Cuidaron todos los detalles y nosotros, los actores, teníamos que buscar la manera de sustentar ese plan. Concerté una cita con el doctor Ian Lipkin, que es epidemiólogo en la Universidad de Columbia. Tuvo la gentileza de recibirme en su oficina, y de ser, durante dos semanas, mi maestro en toda la terminología que mi personaje necesitaría manejar, así como en el uso del equipo de laboratorio, porque yo no tenía ni idea. Lo encontré fascinante. También hablé con Steven acerca de mi personaje; ¿quién es Ally Hextall? ¿De dónde viene? ¿Cuáles son sus pasiones, sus motivos para hacer lo que hace? La vi un poco como esos investigadores visionarios, como Jonas Salk, el creador de la vacuna contra la Poliomielitis. Ally es hija de médico, sabe que esto es lo que tiene qué hacer, por eso no sucumbe al pánico. Y lo que hace, es con una enorme empatía por la humanidad, no por un reconocimiento o un premio, un Nobel. Lo hace casi anónimamente – si por ella fuera, estoy segura, de que ni siquiera dejaría que se supiera su nombre – por el gran bien común.


Pero Ally se perfila como la heroína secreta de la película. Es un gran logro.
Sí, bueno, pues en parte por eso no creí que me fuera a ofrecer ese papel. Pensé que sería algo que le ofrecerían a Kate Winslet, por ejemplo. A alguien con un rostro más “familiar”. Además, no es una película con un solo protagonista. Hay un gran cuadro de actores. Matt Damon, Kate, Laurence Fishburne... creo que hasta las breves escenas de Gwyneth, que dan pie a la trama, son de gran calibre. Yo no sabía hasta ver la película completa, cómo iba a quedar y Jude Law me impresionó muchísimo. Es bueno que haya muchos rostros famosos, eso la hace más inmediata para el espectador, sobre todo, porque no hay tiempo de contar demasiado sobre los personajes, todo va sobre la acción, el virus que se extiende.

Ahora te empezamos a ver en muchas partes: aquí, en El discurso del rey, en Los idus de marzo, en una serie de TV... ¿cómo te sientes al respecto?
Yo sigo siendo la misma de siempre. Mucha gente piensa que por dedicarte a esto, salir en películas, eres una celebridad y nadas en dinero. Ojalá eso fuera cierto para todos. Habemos algunos que tenemos hipotecas y seguros médicos qué pagar, hijos que llevar a la escuela. Somos gente ordinaria, con un trabajo que es destacado a veces, pero que tiene muy poco de glamoroso. Si ahora me van a reconocer más, está bien. Me confunden mucho con Meryl Streep [el parecido entre ambas es sorprendente], así que estoy acostumbrada a que me paren en la calle para decirme que les encanté en El diablo viste de Prada (Risas). Supongo que será simpático que lo hagan por algo propio, para variar. (Más risas)

Tú eres muy selectiva, de cualquier forma, con tus proyectos.
Sí. Eso obedece no a otra cosa, mas que al hecho de que decidí tener una familia. Mis hijos son pequeños, así que procuro tomar proyectos que me permiten estar cerca de casa. Por eso no hice Juego de Tronos. Mi hija Talula tenía un año de edad y yo iba a tener que pasar meses rodando en Irlanda. El personaje que iba a realizar (Catelyn Stark, la matriarca de la serie) aparecía mucho. No quise estar tanto tiempo lejos de mi casa. Me apenó tener que dejar el proyecto, porque además tenía mucho éxito comercial asegurado, pero hay cosas con las que no transijo. Una, es mi familia. Van primero. Antes que el estrellato, que al final de cuentas, dura bastante poco.

¿Y tu verdadera pasión? ¿El teatro?
¡Ni duda cabe! Hacer cine es muy bonito y divertido y rápido. Pero nunca se compara con la adrenalina de cada noche en teatro: cada que se levanta el telón es como si fuera un estreno. Siempre, siempre, el teatro. Es un amor inexplicable, obsesivo. Solo los que se paran en un escenario podrán entenderlo. El espectador comparte y le damos lo mejor que podemos, pero como el furor que te provoca estar en escena ante ellos, creo que no hay nada comparable.

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West Side Story / Amor sin barreras cumple 50 años

Quiero vivir en América

El legendario musical de Broadway celebra sus bodas de oro con la pantalla gigante, tan vibrante como en su estreno

Miguel Cane


Romeo y Julieta, la arquetípica historia de amantes contrariados concebida por William Shakespeare en el siglo XVII, ha resultado ser la fuente de la que han brotado las más diversas historias de amor, siempre con la misma vertiente: cómo la fatalidad se atraviesa en el sendero pasional de una pareja joven e impulsiva, con catastróficos resultados. Como es natural, la trama la hemos visto muchas veces, aunque nunca ha sido de un modo tan sensacional como en su adaptación a uno de los musicales clásicos más aclamados en la historia del teatro, que celebra su 50 aniversario de haber sido llevado a la gran pantalla, convirtiéndose en filme legendario.




Por supuesto, estamos hablando de West Side Story - Amor sin barreras, concebida para los escenarios por la legendaria terna de Arthur Laurents, Stephen Sondheim y Leonard Bernstein, que es considerada una mítica joya de Broadway desde su estreno original, amén de contar con una extraordinaria versión cinematográfica realizada en 1961 por Robert Wise, que convirtió a la hoy extinta (y para siempre hermosa) Natalie Wood en figura icónica de su momento, al tiempo que redefinía totalmente el género, inaugurando una era de cintas musicales modernas y maravillosas que incluye filmes excepcionales como My Fair Lady, La novicia rebelde, Dulce Caridad o la mismísima Cabaret.


Fue en 1957 cuando surgió la idea de crear una versión musical y contemporánea, de la tragedia romántica por excelencia, adaptada a la Manhattan en ese entonces moderna (que, como todo el mundo sabe, hoy en día ya no existe mas que en documentos de la era, como son obras teatrales, novelas y películas), valiéndose del tema pungente en titulares – de ayer y hoy, algunas cosas no han cambiado – de la violencia urbana que crecía entre las juventudes locales. De este modo, en la hermosa película realizada en Panavision y a todo color, lo que fueran las aristocráticas y enfrentadas familias veronesas de Montescos y Capuletos pasaron a convertirse en las pandillas de los Jets y los Sharks en un encarnizado duelo por mantener el control de sus barrios en el lado oeste de Manhattan (en aquél entonces sede de familias de clase trabajadora, inmigrantes extranjeros y algunos bohemios, hoy convertida en refugio de millonetas y estrellas de cine), mientras que la pareja de enamorados separados por las circunstancias se transforma en la conformada por el noble y generoso Tony (Richard Beymer, a quien algunos recordarán como el sórdido y pervertido Benjamin Horne, en el adictivo y surrealista teledrama lynchiano Twin Peaks) y su bienamada María, la dulce y sensible costurerilla portorriqueña que sueña con el amor porque es lo más cerca que ha estado de él, hasta que conoce al joven repartidor de un delicatessen, que con ternura le abrirá el corazón y le cambiará la vida para siempre (una interpretación monumental de la Wood, que estaba recién salida del set de Esplendor en la hierba, donde el enormísimo Elia Kazan la hizo pasar por un colapso mental frente a la cámara como la noviecita despreciada y malquerida de ese dios efebo que era Warren Beatty).


Lograr una ambientación totalmente moderna para lo que podría haber sido un cliché, fue un triunfo que no pasaría inadvertido y que, aún hoy, sigue cautivando al público, tanto así como la espectacular y cuidada coreografía de Jerome Robbins (que compartiría, en la versión cinematográfica, crédito con Robert Wise como director), misma que crea auténticos cuadros caleidoscópicos de poesía en movimiento con cada uno de los actores en escena – incluyendo a George Chakiris como el obtuso Bernardo y la sensacional y vivaz Rita Moreno como Anita, en interpretaciones que ganaron Oscar – lo que provoca una descarga de adrenalina en el espectador.


Pero para lograr su hechizo insuperable, la obra no sólo se vale de esto, también se apoya en lo que en su momento fueron nuevos géneros y estilos musicales, que vinieron a romper todos los esquemas de las puestas en escena como ésta: así, Bernstein se vio versátil y lo mismo experimentó con el jazz, la música pop y los ritmos tropicales (después de todo, estos chicos vienen de la isla del encanto), sin dejar de lado el ‘crescendo’ orquestal; todo esto acompañado por un libreto que aborda una crítica social que no pierde vigencia: aunque sean alegres y vibrantes, las letras del incorregible y observador Sondheim con dulcísimo sarcasmo hablan sin eufemismos sobre el racismo y el clasismo (la maravillosa ‘I want to live in America’, con todo y su cadencioso movimiento), sobre la violencia que irrumpe en las calles, la falta de comunicación entre generaciones (‘Officer Krupke’), el coqueteo con las drogas ('Cool'), la desintegración de la familia tradicional, el alegre vandalismo, la insatisfacción y el deseo de ser algo más (la encantadora ‘I feel pretty’, que con sus letras de doble y hasta triple sentido se ha convertido en favorito de alegres vodeviles homosexuales) y, por supuesto, el amor en toda su sobrecogedora devoción, representado por temas memorables como son ‘Tonight’, ‘María’y la conmovedora ‘Somewhere’, que han trascendido convirtiéndose en parte del repertorio de algunos de los más aclamados cantantes de música popular en el mundo, como Frank Sinatra o Barbra Streisand, que las incorporaron a sus presentaciones en vivo desde hace muchos años (aunque hay que apuntar que ni Beymer ni Wood cantan: son doblados por Marni Nixon y Jimmy Bryant).

La película, que no parece haber envejecido al cumplir sus bodas de oro con el público, muestra cómo la tragedia y el amor conviven tomados de la mano, uno sin excluir al otro, en tres horas de deleite, de emoción, que alegran y estrujan al corazón, lo cual es la razón principal de existir del cinema, y este es un ejemplo de que un clásico no tiene porqué perderse en el olvido y que de hecho, vivirá por siempre, en todas sus manifestaciones.

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Lindsay Lohan est crado !

Written By sitemp3 on Senin, 17 Oktober 2011 | 03.05

lindsay lohan

Lindsay Lohan a les dents et les mains hyper crades ! Quelle horreur ! Si elle continue à se défoncer comme ça avec la drogue, elle va finir par ressembler au gardien des Contes de la Crypte !

contes de la crypte

Images : WireImage.com

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La piel que habito, de Pedro Almodóvar

Written By sitemp3 on Jumat, 14 Oktober 2011 | 11.33

Venganza estilo Almodóvar

Miguel Cane



En 2004, durante una rueda de prensa para promover Shrek 2 en México, Antonio Banderas atendió a preguntas de los reporteros. Alguien preguntó si habría una reunión con Pedro Almodóvar. El actor malagueño dijo que sí y explicó que Almodóvar estaba adaptando una novela francesa llamada Tarántula y acto seguido, procedió a relatar qué papel interpretaría y de paso, a revelar el estremecedor secreto de la trama concebida por Thierry Jacquot y que, evidentemente, fue lo que atrajo a Almodóvar a querer contar esta historia en primer lugar.



Así, al “espoilear” la película antes de que iniciara el rodaje, Banderas obligó – involuntariamente, hay que decirlo – a parar la pre-producción durante más de cuatro años (tiempo en el que Almodóvar realizó Volver y Los abrazos rotos), para que el director reescribiera el guíón. Así, aunque mantiene la demoledora anécdota central de la historia original, que es en sí la razón de existir del filme, no pudo evitar el regreso a sus obsesiones habituales para accesorizarla y transformarla en una cinta que “tuviera su sello personal”... lo que ha resultado en que La piel que habito (título final de la cinta) no sea tan impactante como pudo haber sido.



Banderas interpreta a Robert Ledgard, un exitoso, frío y elegante cirujano plástico (sí, Pedro, ya vimos que eres fans, así en plural, de Nip/Tuck. Se nota.) que ha realizado experimentos para crear una nueva dermis más resistente para los humanos. Esta subtrama, es en realidad lo que Hitchcock llamaba el “McGuffin”, está ahí para llamar nuestra atención y guiarnos por la historia, pero no está ahí para ser un elemento resuelto: lo verdaderamente interesante ocurre en la sofisticada mansión de Ledgard en las cercanías de Madrid: ahí, la enigmática y sensual Vera Cruz (Elena Anaya, quizá lo más brillante en la cinta, sustituyendo a Penélope Cruz) es una mezcla de conejillo de indias, Patty Hearst, y muñequita de lujo. Aunque en realidad, el secreto de Vera y los motivos de su estancia son algo aún más alucinante y aterrador: una venganza tan sofisticada, que es espeluznante. La centinela de este tesoro, al que alimenta sanamente y proporciona lecturas cultas (Alice Munro, por ejemplo) y material artístico (como libros sobre la escultura de Louise Bourgeois), es Marilia (una notable Marisa Paredes, que a la postre acaba desperdiciada), estoica y grave, unida a Ledgard por un secreto.



Por supuesto, la cosa se pondrá peliaguda y no voy a revelar más, pero hay tantos “excesitos” almodovarianos, que la cinta corre el riesgo de desbalagarse, sobre todo porque la intención declarada del autor es hacer un moody thriller al estilo de Georges Fanjul (obvios ecos a El rostro sin cara), Polanski, Fritz Lang o Jack Clayton. Cuando la cinta está en esa tesitura es como mejor funciona. Los problemas vienen cuando a Pedro se le sube la bilirrubina e insiste en hacerse autoreferencias (en este caso, a una de sus peores películas, Kika, repitiendo virtualmente cuadro por cuadro su secuencia más humillante), meter con calzador sus fetiches de telenovela (la maternidad abnegada, la sordidez cliché) y cuando el elenco se tambalea – la joven Blanca Suárez, que lleva un rol clave es pésima y afecta el resultado integral – o las subtramas se van de lado.



El resultado final es difícil: por un lado, esta es la cinta más arriesgada de Almodóvar, la más lúgubre y seria. Pero al mismo tiempo, se resiste a abandonar su zona de comfort – donde se anquilosó desde que hiciera la dupla monumental de Todo sobre mi madre y Hable con ella –, por lo que no acaba de dar el salto. Y es una pena, porque tenía una gran plataforma (la extraordinaria fabulita gótico-postmoderna sobre una venganza bizantina de Jacquot) y la deja desdibujada, por ir en pos de algo que ya tenía. Almodóvar ciertamente está madurando y le quedan muchas historias interesantes qué contar. La cosa es que se lo permita a sí mismo y se despoje de la peineta de una buena vez, para contar lo que tiene que contar. Sin poses.

La piel que habito
Con Antonio Banderas, Elena Anaya, Jan Cornet, Blanca Suárez, Roberto Álamo y Marisa Paredes.
Dirige: Pedro Almodóvar
España/Francia 2011


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