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Visiones de... JUEGOS DEL HAMBRE, de Gary Ross

Written By sitemp3 on Rabu, 18 April 2012 | 11.03

De nueva cuenta, la coexistencia inteligente de diferentes enfoques y opiniones genera nuestras Visiones de... donde dos o más de nuestros articulistas comentan la misma película. En la suma de las diferentes visiones, l@s lector@s van construyendo el entendimiento de un film que un único texto no puede contener; a esta suma, l@s propi@s lector@s aportan su visíón personal...

Cine Visiones retoma la esencia de su nombre en esta edición de "Visiones de... JUEGOS DEL HAMBRE, de Gary Ross, con textos de Miguel Cane y Claudi Etcheverry. ¡Que los disfruten!







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Juegos del Hambre / The Hunger Games, de Gary Ross (02) - Claudi Etcheverry

Claudi Etcheverry.



En algún momento del futuro y tras la siempre socorrida devastación nuclear, el Poder Central celebra la paz con un concurso a muerte en el que participan jóvenes de distintas regiones elegidos por sorteo. Para evitar que su hermana menor sea carne de esa masacre multimedia, la joven Katniss Everdeen se ofrece como voluntaria para entrar en la tómbola. Junto a otra docena de jóvenes, ella cae al concurso con un joven de su misma región que secretamente está enamorado de ella, mientras las autoridades exhiben el espectáculo a las masas on-line, on-time. Los dos jóvenes enamorados acaban por conseguir los laureles del certamen, se salvan, y comen perdices.



No me decido a decir si esta película es incomprensible o inexplicable. Se plantea un futuro de urbanitas ávidos de espectáculos de sangre, en una versión estética de los “Supersónicos” pero tapizados por el atrezzista de Tim Burton. Las autoridades presentan el macabro espectáculo como parte del control popular, en una cinta con un guión tan enclenque que es imposible no dar bufidos de hartazgo durante las dos horas largas que se estira. Es un precioso ejemplo de cómo filmar bien la nada, porque las tomas son impecables, las vistas son preciosas, y los paisajes están bien situados, por no detallar los colosales simulacros 3D de auditorios futuros. Pero todo cae en una mímica de romanos –con caballos, aurigas, cuadrigas incluidos– partiendo de un refrito que no tiene nombre. Hay gestos de la película “Rollerball”, con James Caan, de 1975, con aquellos atletas como metáforas de la sumisión del mundo a la violencia; hay notas del cuento “The veldt”, de Ray Bradbury, en que la realidad vive en las pantallas hasta que las pantallas ocupan el lugar de la realidad; hay elementos de “Matrix”, con la intercesión de lo virtual en lo real y unas creaciones telemáticas que se escaparon a la clasificación de las razas peligrosas; y hay también, por supuesto, grandes dosis de “Gran Hermano”, todo en un envoltorio a la manera de “Destino final” pero en plan fino y sin tubos que perforen órbitas oculares ni piedras que hagan estallar cráneos. Una fina línea divide la fantasía, la creatividad, el capricho y la estupidez. Es una pena que tenga que ser el espectador quien decida en qué campo quirúrgico hay que hacer la autopsia de este cambalache que acaba siendo absolutamente nada: no entretiene, no enternece, no reflexiona, no propone, no vuela, no provoca, y no regala metáforas ni moralejas. Ni hablar de que deje pensando a nadie. Es un guión asesino porque el libro dicen que tiene contenido.


El director Gary Ross despunta aquí por un maniqueísmo extremo y polariza barnizando con almíbar lo que en realidad le avisaron que podía pintar para orgía forense. Pareciera que su pifia fue creer que al decidirse por no salpicar con vísceras la película iba a quedar resuelta sin más. Craso error. “2001, una odisea espacial” no tiene grandes parlamentos metafísicos y su trascendencia filosófica es indeleble hasta hoy. En “Los juegos del hambre” se podía suprimir el chapoteo caníbal e igual podía hacerse una película coherente. Es como pensar que Heidi pasara a su corderito por la Thermomix y que las escenas sonaran a Teletubbys. Imposible: o Heidi, o Hannibal Lecter, o la magia de la mezcla de ambos mundos como en “Sweeney Todd”, pero con el concurso necesario del talento, que aquí no. Ya sabemos que con los mismos ingredientes podemos preparar un plato excelente o uno de sobras para el perro.

Los recursos visuales para crear clima son básicamente dos durante casi toda la película: cámara móvil, y escena fragmentada. Ambas me trajeron reflejo vagal y estuve a punto de cerrar los ojos para no descomponerme o sufrir una lipotimia o algo peor pensando en los efectos epileptoides de aquella serie japonesa infantil de hace unos años. Pero al margen de este abuso, hay otros que tienen únicamente la cualidad de lo sorprendente, como si alguien, cuarenta años después, pudiese rescatar de la serie “V” algo que haya sobrevivido a la impresión de ver a la capitana lagarta merendándose un sapo o un ratón vivos. De aquella serie no queda nada más que el recuerdo de aquellas degustaciones, y aquí es más o menos lo mismo porque el mérito de la escena de la mímesis entre el actor y una roca es una tarea extraordinaria de los maquilladores, pero esos trazos no alcanzan a ser un condimento que abra el apetito y suprima la languidez general.

De escenas inverosímiles, la mayoría: desde el presentador del espectáculo de interés nacional hasta la señal a los pájaros para que canten y avisen con sus gorgeos repitiendo la melodía que les silba la heroína. Encima, las malas lenguas han dejado filtrar que la actriz principal ni siquiera sabe silbar, cosa que se nota claramente en el gesto de sus labios en la toma. En un instante pensé que la trama se decidiría por un final del tipo “Los amantes de Verona”, pero Romeo y Julieta no sellan con la muerte el final de esta película, muerta desde el minuto uno en una eutanasia inexorable. En estos “Juegos del hambre” el argumento es un puñado de manotazos cadavéricos que no consiguen erigir ni un tramo en paz y lo que quedó a dieta fueron las ideas, a una dieta de hambre. Una especie de anorexia cinematográfica, digamos, aunque al encenderse las luces y salir no haya nada para vomitar más que fastidio y ganas de alejarse.

Los juegos del hambre / The hunger games. EUA, 2012.
Director: Gary Ross.
Con Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson, Stanley Tucci, Wes Bentley, Donald Sutherland, Woody Harrelson.

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Una separación / A separation / Jodaeiye Nader az Simin, de Asghar Farhadi

Vidas paralelas

Miguel Cane

Desde la revolución islámica de 1979, el código civil iraní vigente está inspirado en la sharia o ley islámica, y en lo que respecta a la disolución del matrimonio, dice así: “El hombre puede divorciarse de su mujer siempre que lo desee”.

Sobre los derechos de su compañera no dice nada.


Hace diez años, el Parlamento iraní aprobó una reforma en la que se contemplan tres posibles casos – adicción, violencia intrafamiliar y abandono – que podrían facilitar a la mujer obtener el divorcio en un tribunal. Asghar Farhadi comienza su filme usando un recurso poco común: dos de sus protagonistas, Simin y Nader miran y hablan directamente a cámara donde se supone debería estar el juez interlocutor de quien sólo podemos escuchar su voz. Una voz cuestiona sin cesar y pregunta a Simin sus motivos para pedir el divorcio sin entender por qué lo solicita si su marido no se droga, no le pega ni es vago.



Con esta maniobra de percepción, coloca al espectador literalmente en la posición de juez a todo lo largo de la cinta, mientras exploramos la tragedia doméstica de Nader (Peyman Moaadi) y Simin (Leila Hatami) quienes forman un matrimonio de clase media-alta en Teherán quienes tienen planeado mudarse al extranjero para proporcionarle a su hija Termeh (Sarina Farhadi, hija del director) una vida mejor. Al enterarse de que su padre sufre Alzheimer, Nader se niega a abandonar el país y surge el conflicto; que a su vez sirve de marco para albergar una historia más compleja.

La ley no apoya a Simin por lo que se muda a casa de sus padres dejando solo a Nader con su carga familiar. Y éste contrata a una mujer, Razieh (Sareh Bavat), para que cuide al anciano. Es a partir de este momento cuando la historia, que parecía incidir en la estructura típica del melodrama social, cambia completamente y se torna en un drama oscuro, realizado con mano de hierro, que no suelta al espectador hasta el último momento.

Como en su filme anterior, A propósito de Elly (2009), Farhadi dispone a sus personajes en situaciones cotidianas que van complicándose poco a poco de manera natural hasta desembocar en atmósferas asfixiantes y opresivas a las que el espectador casi ni es consciente de haber llegado. Y es a través de ese contexto que el director aprovecha para ejecutar una radiografía de la sociedad iraní en la que conviven y a menudo chocan los sectores liberales con los más conservadores.

Es así como nos muestra un tema recurrente en su filmografía: el peso actual de la religión, de las creencias en un país como Irán, las dos caras de un país que trata de modernizarse, sometido a lo más tradicionalista del mundo árabe. Los personajes de Farhadi son muy complejos, desesperados, capaces de renunciar a los principios por los que se guían con tal de sobrevivir. Irán es un país de grandes contrastes, la cinta no es muy favorable con el sector más ultra del país, como es el actual gobierno iraní. Pese a que es difícil burlar la censura, esta historia, ganadora de muchos premios internacionales logra salirse con la suya, para mostrar una historia urbana y relevante, que rompe el molde de paso detallista y sereno de otros cineastas co-nacionales suyos como Abbas Kiarostami o Bahman Ghobadi, para demostrar que Fahradi tiene su propia voz y los espectadores celebrarán ver cómo la plasma en imágenes, en un filme poderoso y conmovedor, pero que no da cuartel.

Una separación / Jodaeiye Nader az Simin
Con: Peyman Moaadi, Leila Hatami, Sareh Bayat, Shahab Hosseini, Sarina Farhadi, Kimia Hosseini, Babak Karimi, Ali-Asghar Shahbazi y Shirin Yazdanbakhsh.
Dirige: Asghar Farhadi
Irán, 2011


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Un fenómeno llamado Juego de tronos

La teleserie basada en la exitosa "Canción de hielo y fuego", saga novelística medieval escrita por George R. R. Martin, inició su segunda temporada con ánimo de conquistar al mundo.

Miguel Cane.


Decían que no era posible lograrlo, que era una misión descabellada. Sin embargo, llevar a la pantalla chica la saga Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin —que inició su publicación en 1996 con la aparición de Juego de tronos, de donde toma su nombre la teleserie—, ha resultado uno de los fenómenos mediáticos más impactantes y sorprendentes de los últimos años. Hasta la fecha son cinco novelas, con dos más planeadas para aparecer en el transcurso de la década, si es que el autor lo consigue, pues la más reciente, Danza de dragones, tardó más de seis años en completarse. La versión televisiva ha superado las expectativas de la crítica e incluso las del mismo Martin, para convertirse en una de las teleseries por cable más exitosas de la historia, al punto que HBO decidió lanzar la segunda temporada de la serie simultáneamente en más de 40 países.




Las siete Casas Reales de Westeros están, en esta nueva temporada, enfrentadas en una guerra de poder y estrategia para decidir el destino de sus provincias. Para esta segunda temporada, también de 10 episodios, se adapta el material de Choque de reyes, segundo libro de la saga de Martin, en la que los elementos de magia y fantasía se hacen más aparentes, alternándose con las intrigas palaciegas y el drama, lo cual hace de Juego de tronos una extraña pero efectiva mezcla del culebrón estilo Falcon Crest, con elementos de fantasía medieval.


Desde su estreno en 2011 y hasta ahora, la serie ha ganado un Globo de Oro a mejor actor de reparto para Peter Dinklage, que interpreta al hábil y conspicuo Tyrion Lannister, así como dos Premios Emmy (actor de reparto —para Dinklage, también— y mejor secuencia de créditos), tres Scream Awards (por serie de televisión, actriz revelación —Emilia Clarke— y de nuevo Dinklage como actor de reparto ), un TCA Award, un Screen Actors Guild Award y el galardón a la Mejor Serie de televisión en el Festival de Cine Fantástico de Sitges.

¿EN QUÉ NOS QUEDAMOS?
Tras la muerte del rey Robert Baratheon y de su leal amigo Eddard Stark, los crueles y ambiciosos miembros de la casa Lannister dominan la capital de Desembarco del Rey, con el joven y déspota rey pelele Joffrey, pero la llegada a la ciudad de su tío Tyrion, El Gnomo, para ejercer como Mano del Rey, hará que el juego de codicias y odios parezca no tener fin. Fuera de la capital, continúa la encarnizada guerra entre los Stark, encabezados por Robb Stark (señor de Winterfell y rey en el Norte) y los Lannister, liderados por Tywin Lannister (señor de Casterly Rock) y padre de Jaime y Cersei, hermanos gemelos y amantes. Jaime, en tanto, es prisionero de Catelyn Stark, la matriarca viuda de Winterfell, que apoya a su primogénito y busca recuperar a sus hijas, Sansa y Arya, la menor desaparecida tras la muerte de su padre y la mayor comprometida a casarse con el hijo de la desalmada Cersei, respectivamente.

Por otra parte, más allá del mar Angosto, la princesa desterrada Daenerys Targaryen, renacida de las cenizas y con la fuerza de sus tres dragones, tendrá que labrarse su propio futuro y deberá aprender por sí misma quiénes son sus amigos y quiénes sus enemigo, en su búsqueda por recuperar el reino perdido.

Están, además, los hermanos del difunto rey Robert Baratheon, el adusto Stannis y el bisexual Renly, y los habitantes de las Islas del Hierro que también tienen cosas que decir en este juego, porque todos quieren sentarse en el Trono de Hierro, y no les importa lo alto que sea el precio a pagar. Aunque todos parezcan olvidarlo, más allá del Muro que protege al norte, aún se ciernen amenazas más peligrosas que cualquier espada... y ya viene el invierno...

QUIENES LO HACEN POSIBLE
“De todos aquellos que trabajan en la tradición de la fantasía épica, Martin es, de lejos, el mejor”, dice la revista Time. La saga, compuesta por siete libros (contando los dos que están por escribirse), ha desatado un auténtico furor, alentado además por la teleserie. David Benioff y Daniel B. Weiss lo vieron así desde el principio. El primero sólo había leído la mitad del primer libro cuando llamó a su amigo Weiss y le dijo: “Creo que es lo mejor que he leído en toda mi vida”. David se sintió cautivado por la riqueza de su historia, por los inesperados giros argumentales y por la gran cantidad de personajes y puntos de vista. No se trata de un mundo fantástico solamente: la trama, dirigida a un público adulto, se inspira en acontecimientos históricos como la Guerra de las Rosas y las Cruzadas, pero posee elementos mágicos, muy ligeros, que la alejan de obras como El señor de los anillos.

“Es incluso más compleja que la saga de Tolkien, porque sus personajes son más humanos”, dice la actriz Michelle Fairley (Catelyn Stark), con larga trayectoria en teatro, quien señala incluso la influencia de Shakespeare en la naturaleza de los personajes. “Están llenos de humanidad: nadie es completamente bueno ni malvado, cada uno tiene sus motivaciones. Es por ello más fácil identificarse con ellos como lector o como intérprete”. Por su parte, Weiss cree que ésta es la clave por la que gusta a todo tipo de público, desde adolescentes hasta intelectuales. “Que la historia transcurra en un lugar ficticio es una ventaja. Cualquier persona de cualquier país se puede identificar con los personajes”.

“Nunca se ha hecho nada como esto”, afirma a su vez Emilia Clarke, que encarna a Daenerys. “Es una fantasía tan real, con personajes tan increíblemente complejos... Nunca pensé que podría llegar a hacer algo como esto”. Kit Harington, que interpreta a Jon Snow, ostensiblemente el hijo bastardo del difunto Eddard Stark y uno de los personajes clave de la serie, apunta: “La segunda temporada es mi preferida: todo se complica, empiezan los desafíos. Mi personaje se enfrentará a un mundo desconocido. También se hacen más presentes los elementos mágicos. Todo se vuelve más oscuro, sangriento y aterrador. El público no podrá dejar de hablar de ella”.

Y eso mismo es lo que está sucediendo con el estreno simultáneo del primero de abril, que ha sido algo sin precedentes.

Los datos que corroboran su éxito
—La saga ha vendido, en más de 17 ediciones alrededor del mundo, un total de 10 millones de ejemplares.

—Su autor, George R. R. Martin, fue elegido “uno de los hombres más influyentes de 2011” por la revista Time.

—Martin ha ganado los principales premios de literatura fantástica: Hugo, Nébula, Locus e Ignotus. La serie fue nominada a 13 Emmys (de los que ganó dos) y obtuvo un Globo de Oro.

—Respecto a su audiencia televisiva, la serie ha sido emitida en más de 60 países. El primer episodio fue visto por 11 millones de personas en Estados Unidos (insólito para un canal de paga), y se convirtió en la segunda serie más vista por cable. En 2011 fue una de las series más pirateadas en ese país, según un análisis de descargas.

—El mundo de Juego de tronos alimenta también un amplio surtido de productos: colgantes, juego de cartas, juego de rol, separadores, fundas de móviles... y el videojuego para la PS3 aparecerá en mayo.

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Youpi ! La fan page Facebook de Stars au naturel est lancée !

Written By sitemp3 on Selasa, 17 April 2012 | 13.58

stars au naturel

Voila, ça y est, j'ai enfin créé la fan page de Stars au naturel sur Facebook ! Avec le mode journal, c'est vraiment joli et on voit super bien les photos ! Alors, venez jeter un coup d’œil et faites moi plein de petits J'AIME ! C'est ici : https://www.facebook.com/starsaunaturel


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Cortometraje The junky’s Christmas, de Nick Donkin, narrado en voz off por William S. Burroughs y producido por Francis Ford Coppola

Written By sitemp3 on Selasa, 10 April 2012 | 10.55

Burroughs, ¡maldito genio!

“Y ocurre que los productores de obras geniales no son aquellos que viven
en el más delicado ambiente y que tienen la más lúcida
de las conversaciones y la más extensa de las culturas, sino aquellos
capaces de cesar bruscamente de vivir para sí mismos
y convertir su personalidad en algo semejante a un espejo.”

— Marcel Proust

Por Angélica Ponce.


Sublime, así es The junky’s Christmas, un corto producido por Francis Ford Coppola, escrito y narrado en voz off por William S. Burroughs y dirigido por Nick Donkin. El filme cuenta la historia de Danny, El limpiaparabrisas, un yonqui que tras pasar 72 horas en prisión, y ser liberado la víspera de Navidad, buscará desesperadamente un chute.

Sin zalamería, se trata de un homenaje cinematográfico y literario al autor de El almuerzo desnudo, y de un regalo del escritor de El metro blanco a la cultura popular estadunidense.


Con esos tópicos navideños muy norteamericanos, vemos a un Burroughs cuya imagen es casi desmitificante de la irreverencia y trasgresión del icono beat, y que nos lleva a los orígenes mismos de su producción literaria de historias cortas con Interzone, del que extrae The junky’s Christmas.


Mientras un gato salta de una caja de regalos, postrada al pie de un luminoso y magnificente árbol navideño, Burroughs se acomoda junto a la chimenea, se retira las gafas y comienza la lectura.


Si hay alguien que puede llevar a los extremos la naturaleza humana, ése es, sin duda, William S. Burroughs, quien en imágenes realizadas por el equipo de Coppola y Donkin, bajo la técnica stop motion, música navideña producida por Hal Willmer & The Disposable Heroes of Hiphoprisy, su narración y un acercamiento difuminado de Nueva York, nos entrega una bella historia de Navidad, donde su espíritu yace en el saber compartir.

Sin sensiblerías, ni moralinas, Burroughs hace de The junky’s Christmas un recorrido por las calles donde un “viajante”, como Danny, puede conseguir un poco de efectivo y heroína.
Luego de un intento fallido de hurto a un auto estacionado, Danny encuentra una maleta abandonada que satisfará su imperante necesidad de “meterse algo”, no sin antes enfrentarse a ese mórbido humor de Burroughs, que colocará en su interior partes de un cuerpo femenino desmembrado, de las cuales —entre repulsión y un gran sentido práctico— habrá que deshacerse.

Resuelto el problema y consiguiendo unos dólares, Danny se enfrenta a una ciudad donde “no hay nadie ni para comprar somníferos”; sin más remedio, habrá que fingir una neuralgia facial ante un médico que, evidentemente alcoholizado y sin ánimos de investigar a su incómodo visitante, le dará una pizca de droga dejándole bien claro que le bastará para satisfacer la verdad o mentira contada.

Visto como un regalo, aún queda efectivo para la renta de un cuarto de hotel. El éxtasis llega, incluso, antes de que la heroína penetre en el cuerpo de Danny, pero es entonces que viene otra vuelta de tuerca de Burroughs y la verdadera historia de Navidad. Junto a la habitación del Limpiaparabrisas se retuerce, entre lamentos, un muchacho de 20 años; un terrible dolor de riñones lo está matando.

La desgracia del chico es mayor a la suya, y en un acto de compasión Danny entra en la habitación y le pide que se arremangue la camisa: “tengo algo para ti”. Le inyecta el líquido y al ver que se queda dormido se marcha a su cuarto, y ya sea por cansancio, resaca tardía de anfetaminas o por un milagro de Navidad, Danny es invadido por el mejor viaje que pudo darle su existencia yonki.

Burroughs regresa otra vez a escena y ahora nos recibe con una cena navideña empapada del calor fraternal de la temporada, sin esa vorágine en la que nos mantuvo el corto hasta la tranquila y merecida paz de Danny.


Cortometraje completo vía YouTube. Duración: 21:28





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Una charla con Nanni Moretti

Written By sitemp3 on Senin, 09 April 2012 | 10.05

A lo largo de tres décadas, este hombre se ha convertido en una de las figuras más prominentes del cine europeo. Ahora estrena la polémica comedia "Habemus Papam".

Miguel Cane.


Desde su debut formal en 1978, cuando era muy joven, Giovanni Nanni Moretti (Bolzano, 1953) se mostró como un actor y cineasta con una de las voces más claras y críticas del cine italiano. Jovial, agudo y observador, alcanzó reconocimiento con Querido diario (1993), agridulce comedia que mostró su batalla personal contra el cáncer. Con La habitación del hijo (2001) causó furor internacional al subvertir su humor habitual para contar un drama serio acerca de la pérdida. Ahora, tras un periodo dedicado a la política, y antes de fungir como presidente del Jurado Internacional del Festival de Cine de Cannes de este año, retorna a la pantalla con una cinta ácida, polémica y muy divertida: Habemus Papam, que dirige y protagoniza al lado del legendario Michel Piccoli, que encarna a un nuevo Papa que padece fobias, y el mismo Moretti es el psiquiatra que acude a tratarlo al Vaticano.


MC: ¿De dónde surgió la idea para la película?
NM: Con mis colaboradores de siempre, Federica Pontremoli y Francesco Piccolo, empezamos a trabajar en diferentes ideas a la vez luego de filmar El caimán. Tras un tiempo de darle vueltas a varias tramas, decidimos desarrollar esta historia de Habemus Papam. Hay una escena que, en particular, fue la que empezó todo, y fue cuando pensamos: “Aquí hay un Papa recién elegido que no es capaz de salir al balcón a saludar a los fieles, porque el miedo lo paraliza”. Todo salió de ahí: la idea de ver como humano a alguien a quien se nos programa para ver como si fuera santo.

MC: Supongo que al crecer en la Italia de los años cincuenta y sesenta recibiste una educación religiosa; pero, ahora mismo, ¿crees en Dios o en la Iglesia?
NM: Naturalmente, así fue. Mis padres eran creyentes y recibí una educación católica con todos los sacramentos de rigor hasta cierta edad. Aunque respeto las creencias ajenas, desde hace muchos años yo ya no soy creyente. Pero sí, parte de mi educación básica fue un marco referencial para ciertos aspectos de la película.


MC: La película está claramente centrada en dos ejes: algunas secuencias se centran en el encierro y otras en la libertad. ¿Qué hay detrás de esa simetría en tu forma de escribir?
NM: Quería mezclar comedia y drama en una película, el tono grotesco y el realista. El cónclave de los cardenales es inventado, pero respetamos los rituales y las liturgias de uno real. El Papa escapa del Vaticano y se pasea por la ciudad, donde se encuentra en situaciones que no ha experimentado desde hace mucho tiempo. Su vagar por Roma le plantea muchas cosas y al público ciertas preguntas. Mientras, el psicoanalista permanece retenido en el Vaticano, donde, a pesar de sentirse desorientado al principio, se acaba encontrando a gusto al final. Es una inversión de roles, si se quiere.

MC: ¿Hubo polémica en su estreno por los temas que toca?
NM: No ha habido ataques a la película en sí sino sólo algunas reacciones que no representan al mundo católico. La Iglesia católica ha sobrevivido recientemente a una serie de escándalos, y la actitud de su jerarquía ha sido criticada. ¿Por qué no están presentes estas controversias en la película? Verás, yo intento evitar decirle al público lo que espera escuchar. No me ha interesado nunca reiterar en mis películas cosas que el público ya sabe. No me gusta enviar mensajes velados jugando con temas de actualidad. Respecto a los escándalos de la Iglesia católica, como los financieros o la pedofilia, hay libros, documentales y artículos informativos en los periódicos por todas partes. Prefiero no condicionarme con asuntos de actualidad. Es una historia inventada, sobre mi Vaticano, mi cónclave, mis cardenales. Mucha gente que ha criticado la película, lo hace de auditu, ni siquiera se han molestado en verla. ¿Me preocupa eso? No. Es como una fábula, todo es imaginario. Si el público decide verla como algo real, es cosa de cada espectador.

MC: Tu cine casi nunca se aparta de un subtexto político y éste no es la excepción.
NM: Claro. Después de El caimán, que versaba sobre las esferas del poder, quise dar mi versión personal de un mundo preciso: el del Vaticano. Pero pienso que los temas de la película y la angustia del protagonista pueden ser aplicados a otras situaciones y otros mundos, y pueden afectar al público que vive apartado de personajes como el nuestro, de las más distintas maneras. La política es algo que siempre me ha interesado.

MC: ¿Se podría decir que eres más crítico con el psicoanálisis que con la Iglesia?
NM: En mis películas me he reído mucho de la izquierda, de mi generación, de la relación entre padres e hijos, la escuela y el mundo del cine, e incluso, en Querido diario, del cáncer que me dio hace 20 años. Pienso que es de justicia reírme del psicoanálisis también. ¿Por qué no? Nada debería ser tabú en el siglo XXI.

MC: ¿Has estado en psicoanálisis?
NM: En algún momento, sí. Me pareció muy interesante la experiencia, aunque puedo entender que para algunos la sola idea parezca una tomadura de pelo. Creo que en este caso cumple con su función: muestra los entretelones de la situación planteada. El profesor Brezzi es un personaje que, en cierta forma, es muy similar al cardenal Melville, y ambos tienen ciertas dudas sobre sí mismos. Pero no es a través de una sesión de terapia sino a través del contacto con la realidad que Melville hace catársis.

MC: Después de años dedicado a la política, anunciaste tu retiro de esa arena, antes de rodar este filme. ¿Se podría decir que tu negativa a seguir con tu actividad política se corresponde con la de Melville a ser Papa?
NM: No lo había visto de esa manera, pero es probable. Desde el principio de mi experiencia política dije que volvería a mi trabajo de director de cine en cuanto pudiera. Nunca busqué ser político profesional. Mi verdadera y única vocación, desde que era yo un adolescente, ha sido el cine. Es lo único que realmente me interesa ahora, y es la única profesión de la que he tomado mi satisfacción personal.


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