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Rec3: Génesis, de Paco Plaza

Written By sitemp3 on Senin, 09 April 2012 | 10.04

Hasta que los zombis nos separen

Miguel Cane


Las bodas, especialmente las de aquellos que se consideran “nuevos ricos”, con todo su boato, dispendio y vulgaridad vestida de etiqueta, son escenarios irresistibles para cineastas de todas las épocas: Robert Altman se divirtió como enano satirizando salvajemente un “feliz evento” con Un día de boda (1978) y Jonathan Demme nos dio catársis en La boda de Rachel (2008). En el caso de Rec 3: Génesis, Paco Plaza – que fue con Jaume Balagueró el co-director de las dos primeras cintas en la saga, mismas que debo confesar no vi – decide tomar elementos de ambas cintas y extrapolarlos a lo bestia, para crear la abrumadora – y extrañamente divertida – versión de una boda en la que todo sale mal... rapidísimo.



Partiendo del formato que ostensiblemente ya se había usado en la saga – el de “found footage”, similar a Holocausto Caníbal, de Ruggero Deodato – con videos tomados por distintos personajes, la cinta cuenta lo que sucede el día de la boda de Koldo (Diego Martín, que se crece a lo largo de la cinta y está estupendo) y Clara (Leticia Dolera, que es mucho más que una cara bonita), una pareja de enamorados cuya parentela se reúne para celebrar con fasto su boda.



Los problemas comienzan cuando uno de los invitados comienza a manifestar síntomas de una extraña enfermedad y antes de que usted pueda decir “¡socorro!” la alegre fiesta deriva en una orgia de sangre, muerte violenta y zombis, quedando separados los novios y luchando por reunirse en medio de la locura de terrores. Por supuesto, no hay nada que no sea impredecible en la trama, pero de cualquier forma y pese a los estereotipos, Plaza consigue que la película sacuda, asuste y vaya de la risita nerviosa al gemido de espanto, de una escena a otra (la secuencia del autobús, vista por circuito cerrado, con sus ominosas consecuencias).


Como no conozco las cintas anteriores más que por referencia, no puedo decir qué tanto el que este filme sesgue su manera de narrarse por un estilo más convencional a la mitad, afecta el estilo de la saga y francamente tampoco me importa. Como una manera de entrar en la serie está bien y funciona como una buena película de sangre y horror, con algo de comedia negra y guiños de lo más variopintos, que van desde Carrie, Aliens – Clara hace claro homenaje a Sigourney Weaver y Jamie Lee Curtis – Masacre en Texas y El Resplandor, a cintas clásicas que uno no imaginaría ver aludidas, como Monty Python y el Santo Grial, Esplendor en la hierba, El Año Pasado en Marienbad y Sopa de Ganso, de los Hermanos Marx. Inteligente y no exento de ternura o cinismo, Plaza se divierte y su elenco también, con la corrección política arrojada por la ventana y giros que sorprenden y se las ingenia para no perder ritmo hasta el final brutal y vertiginoso.

No apta para pusilánimes, Rec 3: Génesis – si se obvian algunos rollos dizque místicos – es una buena película para espantarse, comer palomitas y pegar uno o dos gritos. Cosas que la buena educación nos impediría hacer en una recepción nupcial, si bien la película es mucho más divertida que una boda de verdad.

Rec3: Génesis
Con Diego Martín, Leticia Dolera, Ismael Martinez, Alex Monner, Claire Baschet y Javier Botet.
Dirige: Paco Plaza
España 2012

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Furia de Titanes / Ira de titanes / Wrath of the Titans, de Jonathan Liebesman

Written By sitemp3 on Minggu, 08 April 2012 | 22.11

Claudi Etcheverry



El implacable Cronos está a punto de emerger de los abismos para liberar su fuerza y su destrucción sobre los hombres y acabar con el mundo. Zeus apela a la fuerza de su hijo, el semidiós Perseo para que le ayude contra el Mal, mas Perseo está asimilado a su vida semihumana, es viudo y se ha dedicado a la crianza de su hijo Eleo. Pero otros semidioses le ayudarán en su empresa y Perseo finalmente enarbolará la lucha; hasta el voluble Hades acabará por decidirse a caer del lado del bien. Tras una batalla en varios frentes, el orden vencerá.


Esa es la trama básica, muy básica de esta película, con celos entre hermanastros semidioses y rencillas entre dioses hermanos. Es como líos de familia, pero entre el Olimpo y el mar Egeo. Para darles empaque, no es infrecuente que Hollywood sazone estas producciones con caras o actores de renombre (lo uno no siempre corresponde a lo otro, dicho de paso). En la sala de al lado en que vi esta película, la productora Marvel ponía “Los vengadores”, sumando Iron Man, el Increíble Hulk, la Viuda Negra, Hawkeye, Thor, y el Capitán América todos juntos en una especie de dream team en el que no faltara nada, con actores como Robert Downey Jr., la Johannson, Mark Ruffalo o el mismo Samuel L. Jackson. Al oír los ruidos me he prometido ahorrármela, pero al final seguro que caigo a verla, ya me conozco. En el caso de “Furia (MX)/Ira (ESP) de titanes” la cosa no le va en saga, y actores como Liam Neeson, Ralph Fiennes o Bill Nighy aderezan con renombre el lustre de otras caras bonitas del reparto, y digo solamente renombre porque poco pueden hacer para interpretar nada, dado que casi no hay libreto. Cosa rara es la actuación del niño Eleo, una pura mueca insolvente.


A un cuarto de película ya estaba hasta el ñato de chispas y 3D impecable en esta confusión actual de que la precisión visual es la película. Los videojuegos han impuesto sus leyes visuales, y las ondas expansivas, por ejemplo, son una plasmación de la física de la catástrofe hasta el mínimo detalle. Sin caer en grandes debates filosóficos que no hubieran sido de este registro de película, la mitología da para entender nuestra cultura porque fue una de las primeras maneras que el hombre inventó para explicar el mundo y había muchas aportaciones a mano para hacer. Una o dos frases inteligentes son un exordio inesperado entre los diálogos, como Agenor que dice “Soy colosal” en un despunte de ingenio; o la frase que pronuncia Zeus al decir que si los hombres mueren, van a la tierra, pero si los dioses mueren, van al olvido. Una reflexión interesante en esta época de imparables menguas religiosas.

Cada vez más, las películas se diseñan visualmente. “Furia/Ira de titanes” tiene solamente dos tipos de planos: uno es en tono sepia, terroso y árido, con cuero, bronce y sudor. El otro es claro y límpido al sol de la Grecia clásica. Son recursos meticulosos para vendernos un vacío, al fin. Porque la idea de que esta es una película “de entretenimiento” nos sume en una paradoja, porque si la consideramos una película para niños, estas cintas no me entretenían ni cuando lo era. Recuerdo cuando surgieron los videoclips de música, allá por los 80... Un día dije: “¿Qué es esta cosa?”, porque la mayoría era la simple colisión de efectos visuales, imágenes resultonas y tomas ingeniosas, pero nada, nada más. Viendo la escena de los cíclopes en “Furia/Ira de titanes”, no pude dejar de pensar en Kirk Douglas cegando al cíclope en “Ulises”, de Mario Camerini, de... ¡1954! Casi 60 años más tarde hemos agregado poco, la verdad. Será que nuestros demonios siguen siendo universales y ver la lluvia de bolas de fuego en “Furia/Ira de titanes” está en línea con nuestros fantasmas actuales como dos aviones estrellándose contra sendos edificios en nuestra historia más contemporánea. Hasta resulta risible que la reina Andrómeda dé la orden de “¡Alto el fuego!” cuando es dudoso que ése fuese el grito en esa época de espadas, lanzas y pura fuerza bruta, o será que como espectador miro hasta las carillas de porcelana de la dentadura de la reina, o la notable desviación de la línea media en la mordida de Toby Kebbel. En Grecia había grandes escultores, pero se ve que no había buenos ortodoncistas.

El cine está en una situación difícil en parte por el volumen de producciones y de estrenos, porque la presión por renovarse en taquillas empuja incluso a los reestrenos solamente agregando una dimensión más (la archiconocida “Titanic” vuelve en 3D, pero el barco corre idéntica suerte). Los temas se hacen esquivos, y los motivos a veces se estiran para lo que no dan. En esta cinta, el personaje de Toby Kebbel como Agenor es casi una clonación de Johnny Depp haciendo de Jack Sparrow, con esa mezcla de desfachatez y cinismo medroso; o el pasadizo combinado con prensa que ya estaba en “Space-quest” hace como quince años. No le perdonamos al cine aquello de “Esto ya lo vi...” y menos si había posibilidades de meterse en un guión con algo más que efectos visuales.

La saturación visual es la mejor garantía para el olvido de una película porque seguimos necesitando historias. Para ir a verla lleve protector factor 50 porque las chispas y la lava son las principales figuras de esta película, que como los dioses, pronto caerá también en el olvido.

Furia de titanes / Wrath of the titans.
EUA, 2012
Director: Jonathan Liebesman.
Con Sam Worthington, Liam Neeson, Ralph Fiennes, Rosamund Pike, Toby Kebbel, Bill Nighy, Edgar Ramírez)

Opiniones y pareceres a c.etcheverry@coac.es
© 2011 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España




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Declaración de guerra / La guerre est declarée, de Valérie Donzelli

Written By sitemp3 on Selasa, 03 April 2012 | 13.04

Claudi Etcheverry



Romeo y Juliette son una parejita joven que vive su vida sin demasiadas preocupaciones. Tienen un niño, pero la realidad les asesta un golpe muy difícil de encajar: el bebé manifiesta una serie de retrasos leves en su desarrollo y otros síntomas que llevan a los padres a plantearse una consulta a un pediatra. La alarma acaba por confirmarse como un pronóstico terrible, ya que el niño tiene una masa tumoral en la base del cerebro adherida al bulbo raquídeo que acabará con su vida si no se toman medidas oportunas, inmediatas, y de alto riesgo. La vida simple y desahogada que llevan se transforma entonces en una guerra contra un destino que parece estar escrito.


Pero si bien la propuesta inicial tenía muchos puntos por donde extender y meter una mirada amplia a este drama, la directora Valérie Donzelli manifiesta una notable ignorancia vital por no haber recorrido las vicisitudes reales, crudas, típicas de las personas afectadas por enfermedades de este jaez. Nadie le pide que haga una película u otra, sino que al cine le pedimos productos acabados en si mismos, sean drama, comedia, o fantasía científica. Lo que perturba es este desarrollo pobre y sin revisión, sin debate previo. No es que la cinta trate de dar gato por liebre porque no banaliza y es respetuosa, pero no se mete en materia ni un ápice más allá de lo puramente obvio. Una o dos visitas a un centro oncológico, o una o dos sesiones a un grupo de ayuda con el corazón abierto y una libreta en la mano daban material para hacer ésta película y varias más. Si no pretendía ser fantástica y se proponía como crónica real, al guión le faltan kilos de investigación, o más fácil todavía: simplemente observación. Porque además, cae en la mirada adocenada y estándar de este drama tan real como cualquier sala de espera en los pabellones oncológicos o pediátricos. Finalmente, la directora (y coguionista junto al actor principal) opta por presentar la lucha de una pareja a través de actitudes y registros que hacen de ellos poco más que dos zafios, o al menos, dos ilusos con acciones propias de un melodrama sin demasiado asidero (verbigracia, la carrera de la madre por dentro del hospital, su desmayo extenuada en un pasillo, y su rescate por un fornido enfermero: todo eso simplemente no existe). En estos casos hay tantas reacciones como enfermos, y tantas manifestaciones como familias, pero pese a las diferencias entre todas ellas, sean las de ahogarse en la derrota como las de huir del drama, uno se da cuenta de cómo son. Si la intención era exponer una de todas esas variedades, la confusión del guión es completa porque no se sabe si apunta a Roma o La Meca.


Como montaje, la directora no se decide por si es carne o pescado. Por una parte, la película se presenta como una crónica directa, pero se confunde y pasa a una narración con un relator en off que explica al espectador lo que éste ya podía ver solito. No maneja los tiempos, los tempos ni los climas, y cae ansiosa en desbocar la tensión de lo peor, por ejemplo, cuando los padres acuden por primera vez al pediatra con una curiosidad leve por saber si lo que observan en el niño tiene o no importancia y traduce la urgencia de llegar a tiempo a un tren con una angustia inexplicable para esa altura del argumento. Es el huevo antes que la gallina, porque ese crescendo debía esperar al siguiente paquete temático cuando el diagnóstico quedara confirmado. Por lo demás, presenta varias tomas de la pareja y unos amigos pintando un piso adonde quieren mudarse, pero pese a que el tiempo pasa, la pared que pintan es siempre la misma. La escapada de los tres del hospital es de mímica; la reunión de los médicos, de culebrón; el acceso de las dos familias, de tontos; y la escena final, de cartón. El actor que hace de padre y la pediatra que acerca el diagnóstico excluyente (la misma consistente actriz secundaria Anne le Ny, asistente del parapléjico de “Intocable”) son buenos intérpretes a pesar de la mala dirección. Simplemente lo son, esas personas que destellan expresión actoral siempre por simple presencia.


Una pena desbaratar así un motivo simple que daba para mucho. Los que hemos pasado de cerca situaciones como ésta sabemos de primera mano que las reacciones son otras, no porque el tipo de reacción sea único sino por el calado abismal que atraviesa a la gente. La algarabía de estos dos padres se hace simplemente inexplicable, y no es un recurso del guión para mostrar que así expresan su rabia. De reacciones, las hay muy diversas, pero la contundencia de la muerte llamando a la puerta en la cabeza de un bebé no da para estas alegrías. Una cosa es tratar de mantener el equilibrio en medio de la tempestad, y otra muy distinta es una pareja que parece estar colgada entre las nubes, aunque para salir en la foto, el guión intercale reflexiones universales de valor casi literario como para dejar conformes a los grupos de afectados.

¿En qué quedamos, Donzelli?


Declaración de guerra / La guerre est declarée.
Francia, 2012.
Directora: Valérie Donzelli; con la directora en el papel principal, Jérémie Elkaïm, Anne le Ny.


Opiniones y pareceres a c.etcheverry@coac.es
© 2011 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España




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Visiones de HUGO, de Martin Scorsese...

Written By sitemp3 on Senin, 02 April 2012 | 20.46

Cine Visiones nació hace siete años como un acto de libertad de varias personas frente al brutal autoritarismo de un filmópata, que sólo aspiraba a imponer SU punto de vista sobre una película, actriz o director por encima de cualquier otro.

En un acto de amor al cine se creó este espacio virtual de Cine Visiones. A diferencia del filmópata autoritario, quienes usamos este espacio de expresión creemos que las distintas Visiones sobre un film pueden coexistir en la sana divergencia, en la confrontación respetuosa y, claro, en la coincidencia amorosa.

La coexistencia inteligente de diferentes enfoques y opiniones genera nuestras Visiones de... donde dos o más de nuestros articulistas comentan la misma película. En la suma de las diferentes visiones, l@s lector@s van construyendo el entendimiento de un film que un único texto no puede contener; a esta suma, l@s propi@s lector@s aportan su visíón personal... La sinergia es evidente, la importancia del film se incrementa.

Así, Cine Visiones retoma la esencia de su nombre con esta edición de "Visiones de..." HUGO, de Martin Scorsese, con textos de Miguel Cane y Claudi Etcheverry. ¡Que los disfruten!





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Hugo, de Martin Scorsese, por Claudi Etcheverry (02)

Claudi Etcheverry


Hugo Cabret es un niño huérfano que vive solo en su escondrijo de la máquina del reloj en una estación de trenes cuando las máquinas todavía eran de vapor. Desde allí espía la vida como un animalito nocturno y clandestino que apenas se deja ver, sobreviviendo entre pequeños hurtos y guardándose del acecho del Inspector de la estación que está decidido a apresarlo, un cojo estricto que representaría el final de la vida del niño en libertad si le pilla. La estación es un pequeño universo secreto que se mantiene aparte de paseantes y viajeros, y donde unos habitantes permanentes forman una comunidad diaria de floristas, limpiadoras y tenderos. Un antiguo muñeco autómata que Hugo conserva de su padre esconde algún secreto que el niño intenta desentrañar, aunque al descubrir el secreto que encierra la máquina acabará por abrirse a un mundo que nadie esperaba. La hija adoptiva de un tendero conserva una llave que puede abrir el corazón del autómata, y con ese motivo los dos chicos cruzan sus vidas. Hay un diálogo breve que resume la idea de la película: “¡Es un peligro!”, dice la niña. Y Hugo le contesta: “Eso es lo que hace a una aventura”.



John Logan consigue un buen guión en un camino doble, y bien difícil: reduce la novela de Brian Selznick a un gesto mínimo, y construye a partir de esa partícula un gran guión, una operación parecida a sus guiones para “El último samurái” (con Tom Cruise), o “Gladiator” (con Russell Crowe) en las que un tema mínimo da para desarrollar toda la trama. Howard Shore no es un novato de las bandas sonoras, y compone una de esas tramas melódicas que me gustan tanto, que son las que bandas sonoras que consiguen despegarse de la película en la que encajan como obras en sí mismas (tiene La mosca, El silencio de los corderos, Señora Doubtfire, Philadelphia, Ed Wood, The Game, Una terapia peligrosa, El Señor de los Anillos, Spider, La habitación del pánico, entre muchas otras).



Los americanos pueden conseguir que un niño parezca un enano y actúe como un monigote que haga reír a los adultos con diálogos y salidas inverosímiles que solo causan gracia a quienes necesitan reír como maníacos; o personajes hermosos y profundos anclados en historias reales o imaginarias. Asa Butterfield (a quien ya habíamos visto en “El niño del pijama de rayas”) y la increíble Chloë Grace Moretz (impactante en “Déjame entrar”) componen dos chicos deliciosos puestos a surcar de la mano la tarea de destejer el enigma encerrado en la máquina de Hugo. Ben Kingsley, sólido como siempre, da vida a una paradoja real como el cine que Scorsese adora: que la fama acaba por devorar a sus hijos, olvidándolos. Pero Hugo e Isabelle acaban por arrancar el secreto que guarda no el autómata, sino su padre, en una empresa ardua, tenaz, feliz e intensa como es hacer que un adulto enfrente sus dolores para abrirse al placer del recuerdo que tapan. Ben Kingsley es el director Meliès, un ilusionista que alumbró trucos de magia en pantalla cuando el cine no era una industria sino casi un juego de prestidigitación filmado. Scorsese lo recuerda (ahora me parece mentira que yo mismo haya visto de niño esa imagen del cohete a la luna o tantas de Chaplin en mi cine de barrio, viejas también entonces, pero todavía en programas de reposición) y abre en esta película su lado de nostalgia e ilusión. Es americano, pero aquí se descubre su pudor sintiendo como un italiano, y se exhibe en su íntimo placer al poder conservar esos pequeños tesoros efímeros. Y sabe de su propia relevancia como historiador al poder compartirlos.


La película me devolvió la escala que tenía mi propia emoción en el antiguo cine Cervantes, de mi ciudad –con un adorable suelo de madera– en el que todos los chicos pateábamos para hacerlo resonar cuando las escenas de indios o suspense nos ponían incluso a gritarle al héroe para ayudarlo a que no lo sorprendieran. Por suerte, pudimos vivir aquello, tan entusiasmados como ilusos, pero es un grato escondrijo, una metáfora desde la cual podemos pensar que siempre podemos incidir en nuestra historia, aunque la historia se encuentre rodada y presa en un sinfín de cuadritos de celuloide marcados para siempre.

La invención de Hugo / Hugo.
EUA, 2011.
Director: Martin Scorsese.
Con Asa Butterfield, Ben Kingsley, Chloë Grace Moretz, Sacha Baron Cohen.

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© 2011 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España


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Habemus Papam, de Nanni Moretti

Cosas de Clérigos

Miguel Cane


En su más reciente filme, después de algunos años dedicado a la política, Nanni Moretti explora el procedimiento a puerta cerrada de la elección de un Papa en Habemus Papam, que se centra en el proceso desde la muerte del pontífice anterior hasta la elección del nuevo representante de la Iglesia, aunque con un genial giro algo surrealista y sardónico.


Moretti aborda el escenario con agudo ingenio y sentido de la ironía. Su planteamiento puede resultar ligeramente confuso en cuanto a intención, ya que bordea la crítica soterrada, el sarcasmo y también manifiesta claramente un gran cariño hacía el protagonista del filme, el nuevo Papa, el antiguo Cardenal Melville (nada menos que el enorme Michel Piccoli). Moretti además hace un ejercicio de contrición, se centra en la historia, los personajes y la narración notablemente bien escrita y se olvida de crear una controversia que simplemente sirva para hacer alharaca. No hay referencia a los abusos sexuales o elementos escandalosos de la Iglesia Católica y el cristianismo, dejando simplemente que lo interesante del planteamiento y su humor casi negro sean los verdaderos ejes de la trama. Esto no ha evitado, no obstante, que desde su estreno en Cannes 2011, algunos hayan llamado a boicotear el filme a pesar que la propia radio del Vaticano comentó que la película no contenía ninguna caricatura o ironía con respecto a la figura del Papa. La película no busca la polémica, solo la diversión hecha con inteligencia.



Piccoli hace un delicia de su papel, como un Papa frágil, temeroso, que estaba contento como Cardenal, pero que siente que no puede con el paquete, por su parte Nanni Moretti se reserva un papel en el filme como el eminente psiquiatra Brezzi, siendo en esta ocasión el que da oxígeno y liviandad a la trama al convertirse en el factor que transforma al cónclave. La película no va por las carcajadas –Moretti no es Blake Edwards, ni mucho menos -- pero se disfruta enormemente. Su desenlace pierde ritmo y no está a la altura de su brillante inicio pero ello no quita que durante más de hora y media no sea un entretenimiento que se agradecer ver en pantalla. No es perfecta pero sí es muy interesante, con un humor inteligente, algo cada vez más raro en pantallas. Así que no haga caso a la polémica, aquí no se le falta al respeto a nadie. Si acaso, esa es la gran sorpresa del filme.

Habemus Papam
Con Michel Piccoli, Nanni Moretti, Jerzy Stuhr, Margherita Buy y Roberto Nobile
Dirige Nanni Moretti
Italia/Francia 2011



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Jodie Foster: actriz, no estrella

La realizadora e intérprete es una de las protagonistas de Carnage, el nuevo filme de Roman Polanski.

Miguel Cane


Alicia Christian Foster, más conocida como Jodie (Los Angeles, 1962) es una superdotada en el sentido más amplio de la palabra. Su coeficiente intelectual supera la media establecida, y tiene una carrera brillante que abarca ya cuatro décadas en cine —más televisión—, dos premios Óscar y la dirección de tres filmes. Ahora retorna al cine en Carnage, la nueva película de Roman Polanski, que se estrena en México.

Jodie Foster The Dangerous Lives of Altar Boys Sundance Film Festival 1/18/2002 Photo: Jeff Vespa,Wireimage.com


MC: Cuatro décadas de trabajo en cine. ¿Cómo te sientes al verlo desde este punto de tu vida?
JF:
Creo que la vida me ha proporcionado el privilegio de sobresalir en el camino que he elegido, pero eso no me hace diferente a los demás. Donde yo represento algo es en mi casa, pero fuera de ella soy una persona como las demás, sólo que, en lugar de trabajar de dependienta o de enfermera, se gana la vida convirtiéndose en otras muchas mujeres. Son muchos años, como dices, pero me siento contenta. Nada ni nadie podrá cambiar lo que he hecho, cómo lo he hecho y a donde me ha traído el camino que elegí. Soy muy consciente de ello; creo que he vivido como he sentido que tenía que hacerlo en cada momento, pero ahora tengo otras prioridades.

Jodie Foster 9th Annual Hollywood Film Festival Awards Gala Ceremony Beverly Hills, CA


MC: En esta cinta haces de una madre preocupada por el entorno de su hijo. ¿Usaste tu propia experiencia como referente?
JF: En parte. Verás, me convertí en madre cuando ya tenía un nombre en la industria, y esa circunstancia me permitió tomarme un respiro. Soy muy maternal y creo que siempre lo he sido, pero no te das cuenta de lo importante que es hasta que no lo notas dentro de ti. Ésa es una sensación difícil de expresar. Desde que nacieron mis hijos, elijo rodar solamente una o dos películas al año. No hago más porque aún siento que sería un egoísmo de mi parte. Tuve a mis hijos para disfrutar de ellos, para llevarlos al médico, al colegio, leerles cuentos por las noches, darles de cenar. Soy su mejor compañera de juegos y ellos mis mayores cómplices. Me hacen increíblemente feliz. Me cuesta mucho dejarlos varios días en casa, por eso procuro que mis promociones y compromisos profesionales sean lo más ajustados. Cuando tengo que estar demasiados días fuera de casa, me organizo para llevarlos conmigo. Así lo hicimos con este rodaje: lleve a mis hijos conmigo a París, y Kate (Winslet) llevó a los suyos. Fue muy divertido. Sobre Penélope, mi personaje, sí creo que tomé algunos aspectos: me preocupa la violencia en las escuelas y en la vida de los niños en general, pero mi posición en la vida es mucho menos política y drástica que la de Penélope... aunque de hecho, lo que yo haga en la vida real no es relevante para la película.

Jodie Foster 9th Annual Hollywood Film Festival Awards Gala Ceremony Beverly Hills, CA


MC: Penélope es una mujer de carácter fuerte, pero también muy obstinada.
JF:
Sí que lo es. De hecho, ese matiz suyo me atrae. Ella juzga a Nancy (Kate) sin conocerla: la considera superficial y menosprecia su inteligencia, pero también tiene la capacidad de sorprenderse. Me gusta el subtexto de que se puede ser una mujer espectacular y tener una personalidad propia. Ya va siendo hora de erradicar esa idea de que la guapa no puede ser inteligente.


MC: ¿Qué enseñanzas te dejó Polanski en la cinta?
JF: Es un genio. En esas palabras. Supo cómo obtener de nosotros lo que deseaba y lo hizo todo con una gentileza que me dejó impactada. No hubo choques de egos: es el director y conoce su responsabilidad perfectamente; confía en que nosotros como actores sepamos las nuestras. Fue una delicia trabajar con él, verlo planear cada encuadre, dejarnos improvisar gestos, explorar a nuestros personajes. Fue una experiencia sumamente enriquecedora. Nos eligió por nuestro carácter y supo aprovecharlo.


MC: Carácter no te falta, ¿ya eras así cuando empezaste tu carrera cuando aún eras una niña?
JF:
La verdad es que de niña yo me quería devorar el mundo y, en el fondo, era incapaz de dar un bocado a nada. Me dieron premios muy pronto y reconocieron mi talento, pero lo mejor de todo fue poder marcar el ritmo de mi carrera. Si hubiese hecho caso a los que escribieron que era la nueva Bette Davis, me habría destrozado la vida yo misma. Sé quién soy, de dónde vengo y lo que valgo. Una cosa tengo clara: nunca seré una estrella, y mucho menos me comportaré como una de ellas. Soy una persona normal o, por lo menos, yo así me considero. Sólo soy una actriz y ése es mi trabajo.


MC: ¿Qué dirías que te hace distinta a las demás actrices de tu generación?
JF: Pues las cosas que me hacen distinta a las demás son las que hacen que me mantenga en esta profesión, pero ser actriz es simplemente un trabajo. A mí no me parece ni que sea imprescindible ni difícil. Ser actriz es para mí algo muy natural. No sé por qué, pero nunca me he puesto nerviosa delante de la cámara, no sé explicarte por qué me da tranquilidad cuando a los demás les pone de nervios. Nunca he hecho teatro y, tal vez, hablaría de otra forma de haber pasado por esa experiencia. Tal vez lo haga un día.


MC: No ha sido nada fácil alcanzar esa madurez, no todas la consiguen.
JF: Es verdad. Pero creo que es cuestión de decisión personal. Yo siento que he madurado como actriz hasta el punto de poder arriesgarme haciendo cosas que rompen los moldes establecidos. Hace algún tiempo que encontré la paz dentro de mí y, en algunos aspectos de mi vida, aún me gusta dejar salir “de vez en cuando” a la adolescente que llevo en mí. Es un guiño a mi pasado al que no quiero renunciar.


MC: ¿Podrías dejar todo esto y dedicarte a vivir en el anonimato más absoluto?
JF:
Estoy convencida que sí. Tengo una vida plena, así que, en ese sentido no tengo ningún problema. Aunque parezca que no, sí vivo bastante alejada del escaparate mediático la mayor parte de mi vida, porque sólo me dejo ver cuando tengo algo que contar o debo enseñar una película. No tengo una fama molesta, no me persiguen los fotógrafos ni tengo a los paparazzi haciendo guardia en la puerta de mi casa. Creo que tengo una vida muy parecida a la que llevaría si me alejara de los reflectores.

MC: ¿Tendrías la sensación del deber cumplido?
JF:
¡Sin ninguna duda! Tengo dos Óscar en mi casa y una carrera extensa en el cine. Mi vanidad está más que alimentada, y creo que puedo sentirme feliz con lo que he conseguido. Lo que quiero ahora es conquistar plenamente mi vida personal y familiar, ser una madre ejemplar y un ama de casa comprometida. Ya no necesito alimentar mi cuenta bancaria con grandes sumas de dinero. Prefiero ser menos rica y poder exprimir mi felicidad hasta la última gota.



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