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Juegos del Hambre / The Hunger Games, de Gary Ross (01) - Miguel Cane

Written By sitemp3 on Rabu, 21 Maret 2012 | 07.10

El juego más peligroso

Miguel Cane

El nuevo cartel de Los Juegos del Hambre con Jennifer Lawrence


Desde que la saga Harry Potter se puso de moda, primero como una serie de libros y posteriormente con sus correspondientes versiones cinematográficas, Hollywood ha buscado en la literatura juvenil la base de nuevos blockbusters que lleven al público a la taquilla. Algunos, como la adaptación de La Brújula Dorada o Lemony Snickets, no tuvieron el éxito esperado para garantizar una secuela pese a ser buenas películas, mientras que Corazón de Tinta (basado en las novelas de Cornelia Fünke) fue una cinta vergonzosamente atroz que todo mundo olvidó. La temporada se inaugura esta semana con el estreno internacional de Los Juegos del Hambre, saga creada por Suzanne Collins, que ha resultado popular al mezclar la ciencia especulativa y la aventura en un mismo género, con una heroína memorable.

La adaptación al cine corre a cargo de Gary Ross, que tiene en su haber cintas estupendas como Pleasantville (1998) y Seabiscuit (2002), un director con oficio, que en Jennifer Lawrence (que deslumbró en Winter Bone) la actriz idónea para encarnar a Katniss Everdeen, la adolescente que participa en la competencia que da título a la saga: en un futuro postapocalíptico y distópico, en el país conocido como Panem, una dictadura totalitaria, controlada por Corolianus Snow (Donald Sutherland en plan de Santa Claus Siniestro, logradísimo) que año con año celebra los “juegos del hambre” eligiendo a un joven de cada uno de los 12 distritos que constituyen el país, para que combatan en una batalla por supervivencia. Sólo uno vivirá y de este modo garantiza la subsistencia de su familia, ya que los recursos de la nación son limitados. Esto sirve como una especie de Reality Show (imagine usted una versión futurista de La Academia y sucedáneos, sólo que en vez de humillarse en cadena nacional, se aplica una muerte violenta). Katniss, entrenada por un borrachín sobreviviente de los juegos, Haymitch Abernathy (Woody Harrelson), deberá enfrentar graves peligros para salvar su vida y la de su familia... pero eso no lo es todo.


La sensación de urgencia que Ross imprime a su interpretación del universo creado por Collins, y la atmósfera que desarrolla, son notables. Lo que le da unidad es la fijación de la cámara en Katniss, creando una insólita historia de madurez en la que una chica tímida y poco femenina encuentra el amor y la confianza en sí misma en la más letal de las situaciones. La película de Ross gustará a los espectadores que buscan entretenimiento no demasiado profundo, pero sí pleno de emociones y giros inesperados. Por supuesto, ya se anuncian la segunda y tercera partes y si son tan efectivas como ésta, es posible que tengamos una nueva serie de éxito para los próximos veranos.

Los Juegos del Hambre/The Hunger Games
Con Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson, Woody Harrelson, Liam Hemsworth y Donald Sutherland
Dirige Gary Ross
EU 2012



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Amigos / Intocable / Intouchables, de Olivier Nakache y Eric Toledano

Claudi Etcheverry




Philippe es un tetrapléjico adinerado y excéntrico que contrata a un asistente, Driss, para que le ayude en su vida diaria a causa de un accidente que le ha dejado sin ninguna movilidad. Su nuevo ayudante es un inmigrante que ha tenido algunos roces con la justicia y que emerge de los suburbios de París a los manotazos para incorporarse a la vida de este enfermo en un universo económico y social en las antípodas de su marginalidad diaria. Pero lo que en un principio comienza como una asistencia sanitaria acaba por forjar una relación fuerte de la que ambos hombres sacan fuerzas para enriquecer sus vidas. El conjunto de solventes actores en los cuatro papeles de peso rezuma un encaje perfecto e intenso. Todo se presenta en formato de comedia comedida, con toques inteligentes y un punto de desenfado satírico que se agradece en todo momento. Que se argumente como una historia real es tan soso como si un vínculo fuerte entre opuestos fuese algo extraordinario o ejemplificador. Es una preciosa historia humana, pero como las miles que tenemos cerca si miráramos con un poco de agudeza y libertad a nuestro alrededor, nada más.

The Untouchables


El tema del diamante en bruto ya ha sido recorrido por el cine en casos tan hermosos como “My fair lady”, de George Cukor; o la infumable “Princesa por sorpresa”, del director Garry Marshall (y Whitney Houston como productora), por poner algunos ejemplos. En la primera, de 1964, el director Cukor cuenta que la florista callejera Eliza Doolittle (Audrey Hepburn) es adiestrada por un profesor de fonética (Richard Harrison) para hacer de ella una gran dama (inolvidable la escena de “Rain in Spain” que declama la Hepburn). En la segunda (con el título original de “The Princess diaries”), de 2000, Anne Hathaway aparece como nieta heredera al trono del reino ignoto de Genovia junto a Julie Andrews como su abuela, dando barquinazos ambas durante toda una cinta tan ingenua como inocua (ya hemos visto en alguna ocasión que la Andrews es proclive a escorarse hacia la exageración lírica, artista indiscutible pero actriz de pocos registros). Tanto el profesor de fonética diseñando a la florista en la de Cukor; la abuela mutando en aristócrata a una nieta casi accidental en la de la princesa; o este millonario abriendo puertas mentales al asistente basto en “Intocable”, los tres tienen la pasión de Pigmalión, el rey griego que había decidido no enamorarse y que, encerrado en su estudio para no ser interrumpido, esculpió una estatua a la que llamó Galatea y a la cual no pudo evitar amar aunque desesperado la cubriera de besos sin que ella abandonara el mármol. Pero los dioses oyeron sus ruegos, y Galatea reaccionó a los besos y devino mujer de carne y hueso. Es el autor que se enamora o admira su obra, y aquí también, el tetrapléjico se admira y goza al ver que conmueve al asistente.

The Untouchables


Pero en la película subyace la distancia entre las realidades de ambos hombres como un milagro. Uno, que sufre su desgracia con los ungüentos con que le alivia el dinero; y el otro, que ve en su nueva ocupación una vía de escape a su vida de miserias sociales. Hasta que finalmente (y de manera de verdad inverosímil para cualquier espectador que no sea un cándido) la necesidad mutua surge como un lazo que los reúne cada día. El mérito enorme de los directores (a la vez que guionistas) ha sido no estigmatizar al pobre ni encasillar al rico, pero varias situaciones se parecen mucho a una cruzada por acercar posiciones y evitar más disturbios en París, aunque se exponga con mérito que vistas con frialdad, algunas convenciones se revelen perfectamente absurdas (como la escena en que Driss encuentra ridículo ver a un solista disfrazado que entona una aria sin que le surja impostada una reverencia a la cultura). El descaro y lo espontáneo traen bocanadas de aire fresco en varios momentos de la película, incluso ridiculizando el precio de las obras de arte cuando Philippe convence a un amigo de comprar caro un cuadro sin decirle que lo ha pintado su asistente.



Lo que me queda es la impresión de que hay personas que llegan a la vida de otro como una bomba y hacen estallar en el huésped una fuerza vital hermosa, personas que dan vida, simplemente, aunque a veces los beneficiarios no hagan más que cebarse en la crítica para poner paredes al viento. Philippe descubrió que Driss le daba vida no pese a la condición social de éste sino precisamente gracias a ella, y en eso radica su sabiduría y la lección de la película. Hay personas que se pierden en la crítica para no abrir sus puertas a sentimientos consistentes, y se rodean de mediocres emocionales para repetir asirse a esquemas conocidos y no seguir adelante. Driss transforma las relaciones del entorno cercano del minusválido al que ayuda, y ésa es la metáfora: la vida como río, o la vida como contemplación. “Intocables” me dejó pensando que la contemplación estética, los razonamientos, los argumentos o el discurso puramente intelectual se alejan imparables de la fuerza vital, de la energía. Tras ver cómo bailaba y disfrutaba Driss de la música de Earth, wind and fire después del concierto de cámara, uno se plantea que se puede entender y conceptualizar la cultura, e incluso sacar muchos valores útiles de ella, pero que parece casi imposible que alguien sea intensamente feliz si no hace otra cosa que empaparse de momentos excelsos con Telemann o Beethoven. El universo intelectual ofrece una enorme satisfacción, por supuesto, pero se semeja bastante poco a la felicidad, o cuando menos, se construye con otros materiales muy distintos. La contemplación nos detiene, y la alegría nos empuja, motivo especialmente sensible para alguien como Philippe, que desde su silla de ruedas, ya casi no puede imaginarse bailando con nadie.

Amigos / Intocable / Intouchables
Francia, 2011
Directores: Olivier Nakache, Eric Toledano; con François Cluzet, Omar Sy, Audrey Fleurot, Anne le Ny.

Opiniones y pareceres a c.etcheverry@coac.es

© 2011 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España



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Tan fuerte, tan cerca / Extremely loud, and incredibly close, de Stephen Daldry

Written By sitemp3 on Minggu, 18 Maret 2012 | 12.18

Claudi Etcheverry




Oskar Schell es un niño de nueve años que pierde a su padre en el atentado a las Torres Gemelas. Por casualidad, encuentra una llave en un jarrón en el armario de su padre fallecido, y eso le lleva a creer que tiene que haber alguna cerradura por abrir en alguna parte de la ciudad, ¿pero dónde? Se lanza entonces a una búsqueda de esa supuesta puerta en una carrera contra el tiempo para retener al padre que ha perdido. Ese motivo central podría haber dado paso a un filme grande, pese a que en el deseo de meterse al espectador en el bolsillo finalmente y por exceso, quede en agua de borrajas.


Hay que reconocer toda la carne que se echó al asador con un reparto de postín y buen montaje, pero prácticamente ni un solo minuto de la trama se hace verosímil y el guión se cae a cachos porque durante toda la cinta uno se queda esperando que aparezca un brote de sensatez emocional, de piel, de lágrimas auténticas, de dolor real, de ausencias, de duelo individual en medio de semejante duelo colectivo, en cualquier gesto consistente, pero no. El drama brutal del 11-S dejó a medio mundo y a una ciudad entera en una deriva incomprensible y atroz, y Daldry se mete en el dudoso sayo convencido de que tiene derecho a timonearla. El 11-S es un instante bestial de nuestra historia, una fractura moral y afectiva que ha cambiado nuestros días y se mantiene en la trastienda de la consciencia de todos nosotros; lo que resulta extraño es que al presentarlo entre semejantes artificios se corra el riesgo de banalizarlo porque a pesar de haber sido respetuoso, si el director no responde con un marco adecuado a semejante dimensión humana, no parece de oficio que la use solamente de trasfondo. Hasta mirado desde el punto de vista de la conveniencia dramática, no ha sabido aprovechar la conjunción que se le ofrecía en un mensaje impresionante que podía dar.



Hay películas que hablan por si solas, que transmiten montañas de sensaciones e imágenes con una economía realmente digna de mérito. Y están las que dan que hablar, más que lo que ellas mismas dicen. Esto supuso una primera confusión en la valoración que arrimó a esta producción incluso a las orillas de los Oscars-2012. Es innegable que el atentado contemporáneo de mayor impacto en la concepción de la fragilidad de nuestro tiempo, de nuestras existencias y de nuestra condición, daba para hablar, claro, pero a fuerza de sumar acrobacias metidas a empujones, la cinta consigue que uno no se crea nada. Los monólogos de Oskar (un potente Thomas Horn), la reflexión final de la madre, el desparpajo del mocoso con el portero de la finca en que vive, las conclusiones a que llega ese niño de 9 años... El director traslada confundido la posible capacidad intelectual de la criatura a la esfera de la experiencia y de la agudeza existencial, creando un bicho irreal que ni siquiera mueve a risa. Porque cada vez más se hace difícil que un reparto de prestigio, tomas hermosas y buen ritmo sean capaces de suturar un guión que no se sostiene en una película que no era de ficción. Me encanta el cine y me priva cuando las vicisitudes humanas se trasuntan sin doblez, cuando aparecen con la naturalidad de la vida misma y un buen director o un buen guionista le añaden además el ingenio de quien sabe observar lo que no está a la vista. Pero una cosa es que propongan una trama que me acerque al llanto y otra es que me tomen por idiota con un niño irregular por todas partes, una madre atáxica que ve inerme cómo el chaval se desmorona, y una fábula redentora de una Sandra Bullock pan-orámica (la que todo lo ve) que nos cae al final intentando darle la vuelta a un guión que sin remedio fue a estrellarse pasando de largo en una supuesta gincana en la ciudad de Nueva York y que no acabó por interesarme en ningún momento.

Hay recursos de cine llenos de imaginación, plenos de mirada secreta, henchidos de emociones delicadas, verdaderos universos abiertos mediante gestos fugaces, precisos, y universales, como la rabieta de Conrad Jarrett (aquel jovencísimo Timothy Hutton) en “Ordinary people” (“Gente corriente”, en España) al descubrir el núcleo de su conflicto en la sesión con su terapeuta; o “Cinema Paradiso” con sus pinceladas llenas de nostalgia. Pero Stephen Daldry se pone ampuloso y no controla la vehemencia mientras controlaba los Oscar 2012 por el rabillo para ver si caía algo (para los que incluso estuvo propuesta como Mejor Película) y el big bang se transforma en un big crunch en el que todo se contrae. Da la impresión de que había que ser muy chulo en la Academia de Hollywood para descartar esta película con el 11-S de trasfondo y que eso no encendiera una polémica por impíos, porque todos conocemos los intríngulis de los Oscars entre al arte, la política, y la opinión pública. Al final, ganó la sensatez aunque le haya tocado el premio a otra película también bastante discutible (The artist). La fábula de Andersen tiene vigencia y parece que nadie quiere decir que el Emperador esté en calzoncillos: The Artist me gustó mucho, pero no para la adhesión histérica que produjo en una batahola eufórica en la que parece que nadie encendió la luz.

Uno se reconcilia con la otra propuesta a los Oscars, la del sueco Max von Sydow como Mejor Actor de reparto (que finalmente se llevó Christopher Plummer, por “Beginners”). Max von Sydow sí que es un monstruo, porque hay gente que emana tensión dramática sin apenas mover nada, como la intensa Viola Davis, fea y magnética a partes iguales. La cinta consigue que el único actor mudo de la trama haya sido quien transmitiera más que todos los otros juntos. Y encima, sin decir ni mu durante dos horas en pantalla.

Tan fuerte, tan cerca (Extremely loud, and incredibly close)
Director: Stephen Daldry; EUA, 2012, con Thomas Horn, Tom Hanks, Sandra Bullock, Max Von Sydow, Viola Davis.

Opiniones, pareceres o bajas de estos envíos a: c.etcheverry@coac.es

© 2012 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España



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Michael Fassbender, sin pudor alguno

Miguel Cane

En apenas un lustro este joven actor europeo se ha convertido en una conocida estrella de cine muy buscada por Hollywood; ahora protagoniza uno de los filmes más descarnados y polémicos del año: "Shame".


En poco más de cinco años, Michael Fassbender, irlandés de origen alemán (Dublín, 1977), ha saltado el atlántico para convertirse en uno de los hombres más requerido en el competido mercado de Hollywood. Con Shame, la película de Steve McQueen que ahora se estrena en México, ha obtenido los reconocimientos más grandes de su carrera hasta ahora, pero para llegar a este momento de su vida Fassbender ha ido escalando poco a poco. Su recorrido va desde Malditos bastardos, Eden Lake y X Men: primera generación, hasta Jane Eyre y sobre todo Un método peligroso, de Cronenberg, filmes donde se han dado a conocer a un público que lo ha acogido con interés, como le sucediera a otros actores de origen europeo como Viggo Mortensen.

En Shame, celebrada en San Sebastián, Venecia y Londres, interpreta a un exitoso ejecutivo neoyorquino adicto al sexo que llena su soledad a base de un torrente de carne ajena de ambos sexos, más alcohol y cocaína. Hermoso y crudo, el filme de McQueen retrata con sensibilidad la anhedonia urbana contemporánea —esa incapacidad para disfrutar de las cosas agradables y de sentir placer—, así como los excesos y miserias de una sociedad consumida por el vicio y el materialismo, algo que realizador y protagonista tienen muy claro.

MC: Shame plantea con enorme crudeza la vida contemporánea y el pesar de su personaje. ¿Merece que el espectador sienta pena por él o será acaso por nosotros mismos al vivir en un mundo tan deshumanizado?
MF: Personalmente siento compasión por mi personaje, porque es consciente de su problema y está todo el tiempo tratando de luchar contra él. Al final creo que somos responsables los unos de los otros, así que en cierto sentido todos somos “culpables” de la realidad que hemos construido. También es una cuestión de oportunidades. Yo, por ejemplo, he podido convertirme en actor, lo que para mis padres habría sido mucho más difícil. No se trata sólo de un cambio sexual: está relacionado con hechos tales como que yo ahora mismo puedo ir al aeropuerto, coger un avión e ir adonde quiera. Si me apetece estar en México, en 12 horas puedo estar allí. Tenemos muchas cosas al alcance de la mano y vamos del acceso al exceso. Creo que por eso Steve escogió Nueva York, porque representa a la perfección este acceso constante a lo que quieras cuando quieras. La gran pregunta es qué hacemos con tanta información; en el mundo actual hay una gran ansiedad, nadie sabe muy bien cómo procesar tantas opciones. Y la idea de la intimidad está adquiriendo un nuevo significado que nadie sabe cuál es, ni qué significa compartirla.



MC: En Brandon Sullivan, la sensación del vacío existencial está presente en todo momento.
MF: Brandon es un personaje que está intentando conectarse consigo mismo todo el tiempo. Por supuesto existe ese vacío. Da la impresión de que todo es muy materialista, llevar determinada ropa o tener los últimos gadgets y conocer a determinada gente. Se nos dice que eso es la felicidad. Y en este proceso hemos perdido la capacidad de conectar con nosotros mismos. Y, sin embargo, en esas interrelaciones personales es donde probablemente podríamos encontrar más felicidad.

MC: La aparición de Sissy, su hermana, funciona como una especie de detonante, como un espejo en el que no quiere verse reflejado.
MF: Los dos están muy dañados emocionalmente. Son opuestos: él es responsable y contenido, ella en cambio expresa sus emociones en carne viva. Este encuentro produce una conexión que revela todos esos misterios que esconde ante los demás. Pero no es un personaje capacitado para tener una responsabilidad emocional porque sólo se mueve con comodidad en un área de seguridad como cuando está con prostitutas y siente que tiene el control. Por eso rehuye a su hermana y prosigue con esa búsqueda emocional que canaliza a través de lo físico. Pero en el fondo en esas relaciones esporádicas no hay ninguna intimidad ni contenido profundo.



MC: Esta es la segunda vez que trabajas con Steve McQueen tras Hunger. ¿Cómo es la mancuerna entre ustedes?
MF: Steve es un cineasta increíble. Cuando trabajas con él no puede haber zonas ocultas o carriles de seguridad. Es un proceso muy libre en el que debes estar dispuesto a llegar hasta cualquier parte. Steve es un gran manipulador como todos los grandes directores. Él consigue que hagas lo que quiere dando pequeñas precisiones que convierten el trabajo en una búsqueda compartida. Sientes que viajas hacia él hasta un lugar nuevo.

MC: En la película estás la mitad del tiempo desnudo y abundan escenas de sexo. El filme retrata también escenas de una gran intimidad del personaje. ¿Llegaste a sentir esa “vergüenza” a la que alude el título?
MF: Vaya, sí ... (se ríe). Desde luego hay un momento en el que sientes ese pudor, pero tienes que hacer las escenas. Es un trabajo que se realiza desde el inconsciente y tienes que perder esos miedos. Sin duda, ayuda mucho saber que estás en las manos de un gran director como lo es él.

MC: ¿Crees que habrá muchos hombres identificados con el que interpretas?
MF: ¿Sabes algo? Mucho me temo que hay muchos, sobre todo en el mundo occidental. Creo que esta película describe una realidad que sin duda está sucediendo, y que en realidad no vemos porque quizá está demasiado cerca y ya no nos impacta. Creo que por eso la película está obteniendo unas reacciones muy fuertes, y me parece bien que haya quien prefiera no verla, pero definitivamente es una parte de la realidad. No tiene vergüenza, por así decirlo, de decir las cosas como son.

MC: Shame presenta un universo en el que la pornografía es el retrato habitual del sexo y donde tiene un papel omnipresente. ¿Cómo te acercaste a ese mundo para interpretar a Brandon?
MF: Es curioso cómo cambia el rol. Cuando yo era un adolescente, para ver porno ibas al videoclub y te llevaba dos horas tener el valor de acercarte al mostrador y pedir la película. Este elemento de vergüenza estaba allí antes incluso de que pudieras verlo. Ahora mismo está todo en internet. Eso ha cambiado de manera definitiva nuestra imagen del sexo: ya no es tabú, ahora cuesta 100 dólares al año, con descargas ilimitadas. Nos encontramos además con una pornografía que es muy violenta y agresiva con las mujeres. Una vez más, creo que conectar de una forma automática el sexo con el puro placer sin ninguna emoción es muy peligroso. Por eso fue un reto fascinante y desolador. Hacer, y ver, una película como ésta, no te deja indemne.


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La star du jour : Le chaton de la Saint Patrick !


Pour une fois, ce n'est pas une starlette qui se retrouve sur mon blog, c'est un chaton !
A l'occasion de la Saint Patrick, la fête des Irlandais très populaire dans les pays anglo-saxons, c'est un adorable chaton qui est à l'honneur ! Et comme on dit là-bas : "Enjoy !"

Voila la vidéo :



Ebuzzing

MadWin


Shame, de Steve McQueen

Written By sitemp3 on Minggu, 11 Maret 2012 | 13.01

Al desnudo

Miguel Cane


A todas luces, la vida de Brandon Sullivan (Michael Fassbender) es ideal y hasta cierto punto, aspiracional: tiene un trabajo que le permite ganar mucho dinero, en Wall Street. Es dueño de su propio apartamento en Manhattan. Tiene amigos y es popular entre las chicas. Pero cuando uno mira más de cerca, descubre que detrás de su fachada, el mundo de Sullivan se viene abajo poco a poco, mientras él busca satisfacción a su vacío existencial hundiéndose en un torrente de pieles ajenas. La abrupta llegada de Sissy (Carey Mulligan) su hermana menor, cantante de cabaret de carácter volátil y desparpajo existencial, afectará el delicado equilibrio que hay entre las dos existencias de Sullivan: por un lado una vida aparentemente perfecta y por el otro su adicción al sexo, que es cada vez más insaciable y hasta peligrosa.



Con un estilo completamente desprovisto de sensacionalismo (y sensiblería) Steve McQueen – sí, el cineasta es homónimo del ídolo de los 60 y 70 – aborda los elementos de su historia, quitándole capas para ver cómo se incrementa la angustia de su personaje conforme va perdiendo el control que antes tenía de sus rituales secretos (ver pornografía en Internet, visitar burdeles subrepticios, levantar chicas en bares) se desmorona, dejándolo ver tal cual es, con su sordidez y crudeza.



Fassbender se presta, sin preámbulos a interpretar a un personaje que cae en picado, que no puede aunque lo intente, conectar emocionalmente con cualquier otro personaje y lo hace con una entrega extraordinaria: posiblemente ésta sea la interpretación más valiente y dolorosa de su carrera desde Hambre (también de McQueen) y una de las más notables en la última década: al estar completamente desnudo, no tiene dónde esconderse, especialmente de sí mismo: el horror y asco que siente ante las compulsiones que lo dominan (algo que va in crescendo hasta un clímax abrumador) son equiparables a la urgencia que siente para enredarse con lo que sea.

Por su parte, Miss Mulligan hace de un papel pequeño, algo crucial, especialmente en un momento musical en que interpreta New York, New York con un desgarro emocional que pinta a su personaje de cuerpo entero como un opuesto al de Fassbender, que es incapaz de demostrar emoción, si bien tienen muchos elementos en común en el fondo.



Sin hacerle ascos a lo brutal y mostrándolo con honestidad, sin sucumbir y de hecho, rehuyendo a los compromisos gazmoños que habitualmente el público espera en un final con redención, Shame provoca en el espectador diversas reacciones, pero es incapaz de dejarlo indiferente. El pudor al que refiere el título es una emoción prevalente; sentimos vergüenza (igual que Sullivan) de la situación y esto horroriza y también identifica al espectador con el personaje. No es de ninguna manera una película simple de ver y es un filme para adultos hecho por adultos. Altamente recomendable, y una vez vista, es imposible quitarle los ojos de encima, como también es, sacársela de la cabeza., y eso es lo que la hace una gran pieza de cine contemporáneo.

Shame
Con Michael Fassbender, Carey Mulligan, Nicole Beharie y James Badge Dale
Dirige: Steve McQueen
EU/Reino Unido 2011



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La supervivencia de Liam Neeson

Es un estupendo actor irlandés forjado en la escuela británica y luego en el ámbito del cine internacional. Ahora en la cinta "The Grey" lleva su capacidad y fuerza interpretativas a nuevos límites histriónicos.

Miguel Cane


Desde que existe el cine, las películas que cuentan historias de supervivencia han tenido éxito en taquilla, especialmente entre el público que busca emociones fuertes. Algunas veces, filmes de este tipo ofrecen algo mas que efectos especiales, tal es el caso de la cinta The Grey / Un día para sobrevivir, dirigida por Joe Carnahan, mezcla de los elementos clásicos del cine de aventuras pero llevados aún más allá, para contar la estremecedora historia de los sobrevivientes de un accidente aéreo en Alaska, trabajadores de una refinería que deberán enfrentar las inclemencias del tiempo y luchar para escapar de una manada de lobos que los persiguen en el agreste campo nevado.

El protagonista del filme es Liam Neeson (Irlanda del Norte, 1952), que recientemente trabajó con Carnahan en el filme The A Team, aunque ésta es una cinta completamente distinta. Se trata de un drama intenso, que explora las fobias más humanas, el miedo a las alturas y a las caídas de aviones, el terror de ser devorado por un animal salvaje y el tener que sobrevivir a las inclemencias del clima.


Neeson, quien desde su debut en 1981 como Gawain en Excalibur ha hecho decenas de películas, incluyendo apariciones en la exitosa saga Star Wars y la oscarizada La Lista de Schindler, es un hombre de pocas palabras, muy alto (casi dos metros) y de presencia intimidante, aunque esta se disuelve cuando da la mano y comienza a hablar, con su voz tan característica. Su hablar es pausado y en algunos momentos parece melancólico. Aún está reciente la muerte de Natasha Richardson, su esposa por 15 años y madre de sus hijos, que falleció a consecuencia de un accidente de esquí en 2009. La tragedia causó estupefacción en su momento y esta es la primera vez desde entonces que Neeson hace promoción de una cinta en la que participa. Aunque no hace referencia directa a su pérdida, señala que el filme le llegó en un momento de cambio en su vida, y accedió a hacerlo por la impresión que le causó al leer el guión y percibir cómo aplicarlo a su vida en las circunstancias presentes. "De todas la películas que he hecho, unas 55 en mi carrera, esta es la primera vez que tengo que someterme a una prueba de esfuerzo", señala, "pero en cierta forma fue algo liberador para mí. Una manera de confrontar demonios personales, si quiere verse de esa manera. Algunas veces, nuestro trabajo también es catársis".


Neeson interpreta a Ottway, un hombre taciturno que trabaja como cazador para la compañía petrolera: su misión es matar a los lobos que acechan a los trabajadores. Como sobreviviente del accidente aéreo, se convierte en líder de una improvisada "manada" humana que busca regresar a la civilización, o al menos escapar de los predadores en cuyo hábitat han ido a parar. El rodaje tuvo lugar en Canadá durante lo más crudo del invierno, y realizar las escenas en exteriores resultó un reto para actores y equipo.

"Las bajas temperaturas fueron algo que tuvimos que sobrellevar. Filmábamos sintiendo el viento congelante en la cara. Yo recuerdo uno de los momentos en que vivimos en carne propia ese sentimiento de la supervivencia, fue en la escena del avión, cuando estábamos tratando de calentar nuestros cuerpos. Nos sentíamos como pingüinos... pero también fue algo estimulante, ¿sabes? Lo que me encantó de filmar así fue que fuimos más que actores, como un equipo de exploradores en medio de una espesura de nieve, en condiciones casi paupérrimas, y esto nos hacía reaccionar de forma natural a los elementos que nos rodeaban".

MC: ¿Tuvieron miedo, en algún momento, ante los lobos?
LN: Son animales muy imponentes, es cierto. Estaban entrenados y todo el tiempo sus entrenadores estuvieron cerca para evitar cualquier incidente, pero eso no evita que uno se sienta impresionado por su presencia. Son animales majestuosos, es natural que provoquen miedo, especialmente al tenerlos tan cerca. Joe (Carnahan, el director) siempre estaba presente, pero sí, en algunos momentos las reacciones son genuinas. Tener a una fiera de esas dimensiones a un palmo de distancia es suficiente para que se te meta el miedo en el cuerpo. Todo forma parte del oficio, supongo.

MC: Mencionaba usted que a veces el trabajo actoral también implica catársis.
LN: Sí, en cierta forma. Muchas veces elegimos a los personajes que vamos a intepretar porque no tienen absolutamente nada qué ver con quienes somos nosotros en la vida real, son una interpretación. En este caso, Ottway me resultó atractivo por eso: porque es un hombre solitario, taciturno, sin deseo de seguir viviendo. Al principio de la película, lo vemos cómo piensa incluso en morir. En matarse. Es un hombre que ha llegado hasta donde está, en ese lugar recóndito del mundo, básicamente porque no tiene deseos de seguir viviendo entre los hombres. Él ha pasado por una pérdida (Liam comparte con el personaje la presencia tácita de la esposa muerta). Una terrible pérdida. Y es por eso que ahora es un francotirador entre la nieve. Sin embargo, la situación límite en la que él y sus compañeros se encuentran lo hace replantearse ese mismo deseo de morir. Es catártico para Ottway y también para mí, porque lo estoy interpretando. Cuando Joe me habló de este proyecto, mientras hacíamos la otra película, pensé si querría hacerlo y luego dije: "¿Por qué no?". Muchas veces actuar es también ponernos a nosotros mismos a prueba, encontrar de qué estamos hechos ante ciertas situaciones. Es algo muy complicado. Tiene qué ver con nuestras emociones. No es fácil hacer esto.

MC: ¿Cuál cree que sea la reacción del público ante The Grey? No es un típico filme de aventuras.
LN:
No, no lo es. Creo que eso lo hace difícil de 'vender'. Por eso accedí a promoverlo, hablar sobre él. Creo que es muy revelador sobre la experiencia humana. Y creo que a los espectadores les va a aportar algo más que las emociones fuertes que se esperan del género. Hay temas más profundos aquí; la supervivencia y la relación del hombre con su entorno. Si al verla alguien siente que encuentra algo más que una película de acción, entonces creo que habremos logrado nuestro cometido".


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