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Yo soy el amor / Io sonno l'Amore, de Luca Guadagnino

Written By sitemp3 on Rabu, 22 Desember 2010 | 21.36

Retrato de familia en interior

Miguel Cane




Hacia mediados-fines de los años 60, buena parte del cinema italiano presentó frescos familiares sobre dinastías aquejadas por los males modernos, opuestos a la tradición que era una de las piedras angulares de su cultura. Cintas como Teorema (Pasolini, 68), La Caduta degli Dei (Visconti, 69) o Il Giardino degli Finzi-Contini (de Sica 1970) muestran estos atribulados dramas de notable elegancia, mientras que cintas como La Notte (Antonioni, 61) y Giulietta degli Spiriti (Fellini, 64) muestran retratos psicológicos del secreto femenino intensamente conectados al paso del tiempo.




A manera de homenaje a estos y otros filmes de esa época, Luca Guadagnino, presenta Io sonno l'Amore (Yo soy el amor), que ha causado sensación en Europa y el circuito anglosajón, en el que narra la historia de una familia de alta burguesía de Milán (paraíso industrial) que es sacudida por cambios que la transforman irrevocablemente.

Los Recchi son una familia potentada que tiene a la mujer de ornato, los sentimientos reprimidos y la chequera al alcance de la mano. La problemática se inicia con la herencia de poderes del abuelo (el veterano Gabriele Ferzetti, que trabajó con Antonioni) al padre e hijo, y afecta el destino de ambos. Los diálogos de la cinta son muy medidos, Guadagnino prefiere matizar con silencios y gestos, que representan la elegante represión familiar. La cinta va revelando con cierta distancia, casi pudorosa, los entresijos y entretelas de sus personajes: la búsqueda de identidad, la abrumadora llegada del amor verdadero, que perturbará a Emma Recchi (Tilda Swinton, sublime), que de buenas a primeras, sale de su letargo para encontrarse con la necesidad de amar y ser amada.



Los interiores se convierten en manifestaciones de la esencia de los protagonistas. Emma, rubia, imposiblemente chic, totalmente aristocrática pese a su 'dudoso' origen como inmigrante rusa, es el ama de casa perfecta que se deja arrastrar por una pasión por el cocinero, que reaviva sus sentidos e instintos. Esto, junto con otras subtramas relacionadas a otros miembros del clan, sirve para detonar el status quo y cambiar todo lo que vemos.

La narración visual, con imágenes que suplen diálogos, es impecable y exime a los personajes de los formulismos convencionales; esto vuelve la historia más sensorial y permite una ambigüedad que se ha ido perdiendo en esta época de explicación total a todos los aspectos de la trama. El simbolismo (el corte de pelo como acto de liberación, el placer de comer el plato preparado por el cocinero-objeto de deseo, o en los planos intercalados de las flores y la naturaleza en medio del coito) remite al estilo de Ken Russell en filmes como Mujeres enamoradas (1969) y pone en claro la abrumadora naturaleza del amor al presentarse en las estériles existencias de los Recchi, para bien.




La principal razón para ver esta cinta es, desde luego, la presencia de Tilda Swinton y no sólo por su talento histriónico y políglota (Emma es una rusa italoparlante) sino por la fuerza que le imprime a su creación: la mujer que se enamora por encima de la pervivencia de la dinastia familiar, su comodidad y las apariencias. El que se llame Emma no es casualidad (ecos de la Madame Bovary de Flaubert), y es una mujer tan bien interpretada, que se siente real. La Swinton irradia carisma y esa extraña belleza suya, que a veces roza lo esperpéntico, y con paso discreto se erige como protagonista absoluta de este impecable y grave melodrama coral de clases, al estilo de La Regla del juego (Renoir, 1938) y Gosford Park (Altman, 2001), con opulenta mansión, ricos y criados y la represión de la etiqueta social; este es un gran filme, realizado con talento de orfebre y gran cuidado al detalle, con una actuación magistral de una de las mejores actrices de nuestra era, en plenitud. Una mística femenina apasionante y pura, que permanece en la memoria de manera indeleble con sus imágenes preciosas.

Io sonno l'Amore /Yo soy el amor
Con: Tilda Swinton, Flavio Parenti, Edoardo Gabbriellini, Alba Rohrwacher, Gabriele Ferzetti y Marisa Berenson.
Dirige: Luca Guadagnino
Italia/Reino Unido/Alemania/Francia 2010


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La amorosa Tilda Swinton

Miguel Cane




Altísima y delgada, poseedora de un aspecto literalmente único y de un carácter jovial, Katharine Mathilda Swinton (Londres, 1960) descubrió que tenía una ardiente vocación por el teatro cuando era estudiante –miembro de una de las familias más acaudaladas de Escocia, fue compañera de internado de la mismísima Lady Diana Spencer- y se incorporó, muy joven, a las compañías del Traverse Theatre de Edimburgo y la Royal Shakespeare Company, antes de convertirse en una figura muy popular, a mediados de los ochenta, en los circuitos artísticos e intelectuales por su fructífera colaboración con el pintor, escultor y cineasta Derek Jarman, a través de filmes como Caravaggio, The Last of England, War Requiem o Edward II, basada en la obra de Christopher Marlowe, por la que obtuvo la copa Volpi a la mejor actriz en el Festival de Venecia de 1991.




Al año siguiente, Sally Potter la puso en el mapa internacional al elegirla para protagonizar Orlando, una fastuosa adaptación de la novela de Virginia Woolf, y esto le valió el reconocimiento en su país y también la entrada al cine estadounidense, donde fue figura marginal por algunos años, hasta que su aparición como una abogada amoral que sufre una crisis de pánico en Michael Clayton (al lado de George Clooney) le valió un Oscar.




No obstante, la fama no llama la atención de Tilda. Ni los flashes, ni el glamour: vive con sus hijos pequeños y sus dos compañeros (y la compañera de uno de ellos, el escritor y artista John Byrne, que es el padre biológico de los gemelos) en Escocia y prefiere trabajar para el cine independiente en ambos lados del Atlántico, amasando un prestigio como una de las mejores actrices vivas, con una habilidad casi camaleónica para transformarse, tal y como se deja ver en Yo soy el amor, filme realizado en Italia bajo la dirección de Luca Guadagnino, en el que ha causado sensación por su trabajo, señalándolo como uno de los logros actorales más destacados del año.

¿Cuál podríamos decir que es el tema central de Yo soy Amor?
La familia postmoderna y cómo retiene sus valores ante la revolución del amor. Personalmente siento que el amor es el gran motor de cambio en la vida de los humanos, el gran creador de crisis, el acelerador de metamorfosis. Emma, mi personaje, se enamora de otro personaje marginado como ella. Y, que ya sea por clase social o por edad, es una pasión inaceptable. En este aspecto, Emma tiene ilustres antepasados como lo son Madame Bovary – de hecho, el nombre no es coincidental- o Anna Karenina.




¿Cómo defines a Emma?
Es una mujer entre los 40 y los 50, rusa emigrada a Milán. Huyó de una miseria abyecta para convertirse en una señora de sociedad, mas ahora que sus hijos ya son mayores, no produce riqueza, ni produce cultura y que fue elegida por su marido, un rico industrial, por su belleza, como habría hecho con una obra de arte. Emma es propiedad suya, y se encuentra en un momento de su vida en que la jaula en la que ha vivido la encierra con un dramatismo explícito. Ella quiere vivir.

El amor y sus despropósitos y la familia anticonvencional: esos temas los tienes muy cercanos, ¿no?
El amor lo es todo y tiene muchas facetas. Mi familia es mi amor; mi compañero (el italiano Sandro Kopp, artista) y yo compartimos un hogar y una familia con John (Byrne), su novia y nuestros hijos. El amor es algo sólido, no una cosa quebradiza. Si el amor es real, nada tiene que romperse. ¡Y mis hijos se sienten cuádruplemente amados! Lo que me fascina es que la gente, cuando oye de nuestro arreglo, se imagine de inmediato que no son dos relaciones monógamas que viven bajo un mismo techo. ¡Por supuesto que lo somos! John y yo tuvimos dos hijos extraordinarios y no podríamos ser más felices en este aspecto. Y llevamos muchísimos años sin ser pareja sexual, pero es una de las personas más importantes de mi vida. Los dos vivimos felizmente otras relaciones, pero él es mi amigo más querido.

Es algo sorprendente y esperanzador...
¿Tú crees? ¿Esperanzador?

Sobre todo para familias que podrían evitar una fractura desagradable. Esperanzador para hijos de padres separados.
Eso sí, desde luego. Sinceramente creo que se puede evitar mucha animadversión y rencor al llegar a un acuerdo armonioso, tierno. Cuando la gente me dice que nuestra forma de vida es extraordinaria me entristezco, me hace suponer que lo habitual es la rabia y el desamor, que lo normal es no llevarse bien con los padres de tus hijos y romper los vínculos familiares. Yo no creo que eso sea demasiado normal. Es perfectamente posible amar a gente con la que no te acuestas y dar lo mejor de tu tiempo para ellos. Mis hijos son mi vida. Fui madre a los cuarenta y un años, ya no creí que lo sería. Me maravilló la maternidad: así que compartir a mis hijos con su padre, con mi amante y con otras personas que los quieren, me parece algo maravilloso, como decía. Multiplica su autoestima y su capacidad de amar. Eso es algo, curiosamente, que Emma, en la película, viene a descubrir ya tarde: la capacidad de amar. Pero tiene una enorme suerte al dejar que la arrase con tanta fuerza.

Tu trabajo te ha llevado por todo el mundo e incluso te ha llevado a Hollywood, pero no parece que te guste tanto como para quedarte ahí, ¿cierto?
Mi relación con Hollywood es... bueno, digamos que no nos conocemos demasiado bien. Eso sí: somos muy educados y correctos el uno con el otro. En Hollywood he ido a algunas fiestas, pero yo nunca he organizado ninguna. Yo voy a trabajar a donde me llamen, aunque es un misterio para mí saber cómo he llegado a estar ni siquiera en una producción de Hollywood. Si alguien de allí me quiere, tiene que ser para un papel con forma de Tilda. Nunca me he hecho ilusiones de encajar allí si no es con roles de este tipo. Pero a pesar de eso, es un lugar muy interesante. Lo que me maravilla es que quienes más me reconocen en América suelen ser los niños. Supongo que es por Narnia. Eso me gusta. A los adultos les suele costar trabajo ubicarme. Pero eso está bien, lo que debo reconocer es que siempre ha habido sitio para los europeos, desde Bertolt Brecht hasta Werner Herzog. A Luca Guadagnino y a mí nos encantaría hacer una película allí con un presupuesto, igual que hizo Hitchcock. Sería fascinante, ¿no?




Además de actriz, eres un icono de la moda. ¿Es algo natural?
Una de las grandes bendiciones de mi vida es que muchos de mis amigos son artistas, se dedican a la moda. Mi colaboración con Viktor y Rolf, por ejemplo, es una de las partes más satisfactorias de mi trabajo: encuentro un tipo de energía único, algo que tiene que ver con el aspecto absolutamente personal de la moda, con cómo invoca a nuestro espíritu y nos reta a ser auténticos. Ellos me han ayudado a crear estos aspectos de “disfraz” de una cierta androginia, que me gustan. Como lo que hacía David Bowie. Creo que tiene que ver con el hecho de ser alta (mido 1.80) y de no llevar maquillaje si no lo necesito. ¿Sabes? El otro día, en el aeropuerto de Los Ángeles ¡me cacheó un policía masculino! (risas)

¿Te gustaría ser condecorada como Dama del Imperio Británico, así como Helen Mirren o Judi Dench?
No. Creo que me gustaría más lo de ser Caballero. Sir Tilda suena bien, ¿verdad? Habrá que sugerírselo a la Reina. Si no le da un ataque, tal vez le guste la idea… (más risas)

Recién terminaste de rodar en Nueva York Tenemos que hablar de Kevin, un filme que se antoja polémico. ¿Qué te atrae a esa clase de cintas?
Que tienen algo qué decir, que no son la rutina de siempre. Mi personaje, Eva Khatchadourian, es una madre así como yo, cuyo hijo, Kevin, comete un acto de violencia indescriptible y ella trata de comprenderlo, al ver su realidad alterada para siempre. Esa es la clase de historias que me interesan. Las que sacuden la mente, la consciencia o el alma. No puedo imaginarme en una película dulce y luminosa… ¿Y sabes qué? No me molestaría hacerla.

¿Y por qué no?
¡Porque no me la han ofrecido! Pero yo siempre soy materia dispuesta.


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La dinde de Noël est arrivée !

jessica simpson
Oui, c'est tout ce que m'inspire cette photo de Jessica Simpson... Une jolie dinde de Noël...


Lady Gaga se fait peloter les seins par une fan !

Written By sitemp3 on Selasa, 21 Desember 2010 | 03.22

lady gaga

Oups ! Voila une fan qui va droit au but ! Peloter les seins de Lady Gaga, c'est gonflé quand même ! Petite coquine !



Je le veux à Noël !

Written By sitemp3 on Minggu, 19 Desember 2010 | 01.00

albator

Avis à la famille et aux amis : Si vous me trouvez le KIKI Albator pour Noël ou mon anniversaire, ce serait super, hihihihi :)


Sharon Stone au naturel : Comment dire ? ...

Written By sitemp3 on Sabtu, 18 Desember 2010 | 03.08



Ah les stars ! Elle sont ambassadrices de marques de luxe, de crèmes anti-rides trop magiques (parce qu'elles le valent bien) et en vrai, elles foutent la honte à leurs enfants ! Eh oui ! Sharon Stone est géniale à ce niveau là je trouve, car que ce soit pour rire ou non, elle joue bien le rôle de la pochetronne, elle me fait un peu penser à Patsy d'Absolutely Fabulous, cette série anglaise cultissime :

patsy absolutely fabulous

(Patsy je t'aime)


Juego de Traiciones / Caza a la Espia / Fair Game, de Doug Liman

Written By sitemp3 on Minggu, 12 Desember 2010 | 14.26

Señora Espía

Miguel Cane




El género del cinema de intriga y espionaje ha encontrado un buen artesano en Doug Liman que con El caso Bourne (2002), se estableció con solidez en el arte de crear una ficción inquietante y plausible. Ahora, parte de hechos reales para presentar una historiareal que resulta más apasionante que cualquier trama imaginaria.



Basándose en los libros The politics of truth, de Joseph Wilson, y Fair game, de Valerie Plame, la cinta revela los tejemanejes de un suceso que conmocionó a la opinión pública norteamericana, escándalo a nivel internacional, que si bien no llegó a la altura del caso Watergate, tuvo resonancias muy controversiales.

Valerie Plame (aquí interpretada por Naomi Watts, muy convincente) es un ama de casa y madre de familia de Washington D.C. que trabaja secretamente como agente de la CIA, y su marido, Joe Wilson, (un estupendo Sean Penn) es un embajador retirado. Cuando surge una misión en Nígeria ella sugiere su nombre y en un momento determinado éste confiesa en una entrevista a un periódico que éste país no vendió uranio a Saddam Hussein, y que no había en Irak armas de destrucción masiva, que era algo inventado por el presidente Bush con ocultos intereses. Para vengarse de esta declaración de Joe Wilson, la Casa Blanca filtró a la prensa republicana la identidad de Valerie Plame como agente de la CIA y su vida se convirtió en una pesadilla.




Estos son los hechos y en ellos se basa este film cuyo guión tropieza un poco con una larga primera parte que gira en torno a las misiones y trabajos importantes que Valerie Plame lleva a cabo, que quedaron suspendidos en el momento en que dejó de pertenecer a la agencia al conocerse su identidad. Este hecho puso en peligro la vida de algunos confidentes e incluso la suya propia, debido a las amenazas recibidas y también las de su familia, lo que casi llega a provocar la destrucción de su matrimonio.



El problema de esta cinta surge cuando se detiene en exceso en estas misiones y en unos hechos de los que se da una abundante información técnica y política que interesa poco al espectador que no es especialista en estas cuestiones, captando mejor la atención la parte final que se centra en el drama personal de la familia a raíz de la denuncia. El matrimonio Wilson, tras demostrar el amor por su país, ve manchado su honor, peligrar su integridad familiar y su intimidad es infectada por la corrupción política. A partir de esos momentos se plantea una nueva manera de ganarse la vida y buscar otro lugar donde continuar sus vidas, pero no todo es tan fácil.



Con un ritmo que recuerda a Todos los hombres del presidente (Pakula, 1976), Liman muesa cómo se echa a andar la maquinaria para destruir a aquellos que no sirven a los intereses del poder o que les son molestos por cualquier circunstancia. La tensión en el segundo acto de la cinta llega a volverse tangible, y aún si ya se conoce el desenlace, la angustiosa sensación de algo ominoso es inevitable para el espectador: Naomi Watts confiere a su personaje aspectos de fuerza férrea (como agente) y vulnerabilidad (como esposa y madre), haciendo que Plame sea una mujer tridimensional, más allá de caer en el cliché de ser un James Bond femenino, demostrando que, muchas veces, la realidad es tan – o más- impactante y memorable como la más sofisticada ficción.



Caza a la Espia/ Fair Game
Con Naomi Watts, Sean Penn, Ty Burrell, Sam Shepard, Noah Emmerich y Brooke Smith.
Dirige: Doug Liman
EstadosUnidos 2010

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