C'est vraiment horrible, Cameron Diaz ressemble au clown monstrueux de "ça" de Stephen King ! Quand on pense qu'à l'époque de The Mask, elle ressemblait à ça :
Su combinación de azul profundo con una amplia gama de miradas de lo romántico a la ira transformó a este par de ojos en los más bellos del cine francés.
Francisco Peña
¡No me mires así que me derrito! es lo que un cinéfilo siente cuando ve ese par de ojazos azul profundo que lo miran desde la pantalla, enmarcados por una cascada de pelo negro, labios plenos y una piel de alabastro. No importa en qué película los vio por primera vez: desde ese momento son inolvidables. Su primer encontronazo con los ojos más hermosos del cine francés en décadas.
Su poseedora es Isabelle Adjani, la actriz francesa más galardonada desde 1976 a 2010 con cinco premios César a la Mejor Actriz del cine galo. Desde que tenía 20 años hasta ahora que cumplió 55 este 27 de junio, la Adjani ha hipnotizado a generaciones de cinéfilos. Sus ojos han sido la entrada a personajes femeninos complejos, atormentados, románticos, independientes.
Con su mirada, Adjani marcó a fuego a su primera generación de admiradores con La historia de Adèle H. A los 20 años, en 1975, Truffaut la escogió para protagonizar la historia real de un “amor loco” donde dio vida a Adèle, una de las hijas del escritor Víctor Hugo, capaz de cruzar cielo, mar y tierra en busca de su hombre hasta que terminó “enamorada del amor”. Isabelle Adjani, sin sobreactuar, la encarnó con una intensidad que deslumbró al mundo cinematográfico.
¿Quién era esta joven actriz? No era una improvisada. La hija de padre argelino y madre alemana actuaba desde los 15 años y pertenecía al cuadro de actores de la Comedia Francesa, toda una institución del teatro francés. En 1976 filmó El Inquilino dirigida por Roman Polanski, que se vio rebasado por la intensidad de la actriz. En una entrevista en México a finales de ese año, el director polaco se quejó de que Isabelle rechazara el truco de las lagrimas artificiales –muy usadas en cine-, se tomara su tiempo para prepararse psicológicamente y llorar lagrimas reales en escena. Esto habla de la fuerza con que la Adjani encara sus personajes.
La segunda generación marcada por los ojos de Isabelle la encontró en Nosferatu, el vampiro (1979) donde protagonizó a Lucy de la mano de Werner Herzog. En esta cinta gótica, los ojos de la actriz cautivaron al verdadero y único vampiro perverso que existe en el cine. La mirada azul y fatalista de la Adjani fue el contrapunto perfecto a la mirada enloquecida de Klaus Kinski y su perfecto Nosferatu.
Estas dos generaciones se enfrentaron a la actuación más alucinada en la carrera de la Adjani: Posesión (1981, del polaco Andrzej Zulawski). La recuerdan enamorada y embarazada por un monstruo, y no olvidan la escena donde, tambaleante, comienza a vomitar por los pasillos desiertos del metro de Berlín. Su actuación contestataria, contra todo molde comercial, le valió el Premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes ese año.
Margarita López Portillo, sin comprender quien era la Adjani y con evidente oportunismo sexenal, la combinó con Carlos Saura para filmar ese bodrio mexicano llamado Antonieta (1982). Ni sus ojos brillaron en esa “biografía” fracasada de la Rivas Mercado. Hollywood tampoco entendió nada y la desperdició en Ishtar (1987, Elaine May) al emparejarla con ¡Warren Beatty y Dustin Hoffman en una comedia en el desierto iraní!
Con la misma determinación y fuerza de carácter que tiene en su vida real, Isabelle recompuso ella sola su carrera. En 1988 coprodujo Camille Claudel (Bruno Nuytten, con Depardieu) y sus ojos azules cautivaron a una nueva generación mientras proyectan la desesperación de una artista frustrada que no puede alzar su propia voz frente a un Auguste Rodin dominante: ese año fue nominada al Oscar para la Mejor Actriz. Desde entonces la Adjani no desvía su rumbo. En 2009 se dio el lujo de ganar su quinto César.
En todas estas películas y otras más (hasta completar 30), Isabelle Adjani nos ha regalado su belleza y arte desde la pantalla. Sin duda, ¡no hay ojos más lindos –y bellos- en el cine francés!
Written By sitemp3 on Minggu, 20 Juni 2010 | 21.53
Francisco Peña
2010: año del Bicentenario, Centenario… y Toy Story. ¿Cómo? Sí, se conjugan 15 años de la creación de la primera película animada totalmente por computadoras y en 3D junto con el estreno en junio de Toy Story 3. La magia de Pixar, Steve Jobs (Apple) y John Lasseter explotó hace 15 años para matar al viejo cine 2D del tío Walt e imponer sus nuevas reglas.
La revolución se gestó desde 1979 en una de las divisiones tecnológicas de Lucasfilm, adquirida por Jobs en 1986 junto con su software RenderMan, para ser comprada en 2006 por Disney. Pero fue en 1995 cuando Hollywood se cimbró con una cinta que iba “más allá”. El cine animado de esos años era sinónimo de cuentos de hadas –somníferos potentes de tan recortados y “decentes”-, musicales disfrazados y tortura dominical para los padres que llevaban a sus hijos a ver “cine infantil”. Toy Story explotó como una supernova.
Niños, adultos y críticos (esos maduros infantiles) se entusiasmaron con una película ágil que no dejaba respirar y sorprendentemente madura. ¿Qué tenían en común un sheriff del Oeste y un astronauta entercado en salvar la Galaxia? Un guión excelente y una realización innovadora.
La clave de Toy Story 1 es la adaptación inteligente al cambio personal y social.
Niños y adultos se reconocen en situaciones cotidianas donde no pueden controlar los cambios y tienen que adaptarse para sobrevivir. El primer conflicto de Woody y su banda juguetera es la llegada de regalos para el niño Andy. La angustia ante el cambio está plasmada en los diálogos: “No van a sustituir a nadie”, “Si señor, muchos acabaremos en la basura”. Cuando todo indica que nada va a cambiar llega Buzz Lightyear, héroe de ciencia-ficción que desplaza a Woody como líder y encarna el cambio tecnológico. “Tiene más cosas encima que una navaja suiza”.
El guión estructura con gran habilidad secuencias de suspenso, reflexión, comedia, acción e incluso terror mientras baraja situaciones de manera vertiginosa. Woody es desplazado y entra en crisis personal, pero Buzz se cree el “verdadero” Lightyear y no un juguete: es símbolo de la tecnología por encima de sus creadores, de su propia capacidad… y de la realidad misma.
La pugna por el poder de la sociedad “juguetera” se plantea como competencia hasta que Woody decide deshacerse de Buzz (lo mismo sucede en un salón de primaria que en candidaturas presidenciales –lo veremos en México en 2011-). La enemistad explota afuera de Pizzas Planeta, con un diálogo más digno que las negociaciones políticas “en lo oscurito”:
Woody: ¡Buzz! ¡Estás vivo! Ah, qué bueno. Ya me salvé, ya me salvé. Andy te encontrará, nos llevará a su cuarto y tú les dirás a todos que esto fue solamente un gran error, ¿eh? ¿Amigo? ¿Amigo? Buzz: Sólo quiero decirte que aunque trataste de eliminarme, la venganza no es un concepto que practicamos en mi planeta. W: ¡Ah, qué bueno! B: Pero no estamos en mi planeta, ¿verdad?
Una fina secuencia se da en Pizzas Planeta cuando aparece Syd, niño “frankenstein” que “modifica” juguetes para crear monstruos. Intenta sacar a un marcianito verde y a Buzz en el juego de pinzas-araña.
La cuestión es que los marcianitos creen que la pinza es dios (“He sido elegido”, “Es el Nirvana, el portal místico”). El sarcasmo contra el new age es superficial para la mente infantil, pero muy corrosivo para los adultos que ven la realidad (como Woody). La secuencia de terror ocurre en casa de Syd con todos los juguetes-monstruos, seguida de otra de acción-suspenso con el fallido escape del cuarto, que remata cuando Buzz descubre en un comercial de TV que es sólo un juguete hecho en Taiwán (“Ya comprendí quién soy”).
La alternancia de secuencias es impecable. La de reflexión ocurre cuando ambos juguetes se vuelven amigos, es decir, intercambian sus debilidades íntimas: es comprensible para los niños y muy clara para los adultos:
B: No puedo. No puedo ayudar a nadie… Por primera vez pienso con claridad. (A Woody) Tenías razón en todo, no soy un guardián del espacio. Soy un juguete insignificante hecho en Taiwán. W: Oye, no, espera. Ser juguete es mucho mejor que ser guardián del espacio. B: Si, claro. W. Sí, es en serio. Mira, en esa casa hay un niño que cree que eres lo máximo y no es porque eres un guardián del espacio sino porque eres un juguete. Eres su juguete! … B: ¡Vamos comisario, hay un niño en esa casa que nos necesita!
El diálogo crea un nudo en la garganta de chicos y grandes porque recupera el valor de la inocencia y la fantasía. Woody y Buzz encuentran en la amistad la forma inteligente de adaptarse ante el cambio adverso. Ahora pueden desplegar sus virtudes: Woody es un gran estratega y Buzz un táctico excelente, y ambos improvisan creativamente ante lo inesperado. Pierden el miedo al cambio personal y enfrentan el cambio social “rompiendo las reglas”: coordinan la acción de la sociedad “juguetera” para confrontar a Syd y lo obligan a respetarla en el futuro. Al final, Woody comparte el liderazgo y Buzz (ojo, junto con la tecnología) se pone al servicio de la comunidad. Hoy Andy seguramente es un nerd valioso que cuida sus juguetes mientras usa Mac, iPhone e iPad… ¿pero no BlackBerry?
La combinación historia infantil-adulta con tecnología innovadora de cómputo 3D de Toy Story es la receta copiada por Dreamworks en la taquillera serie Shrek (que da señas de cansancio) e insiste en secuelas; Sony lo ha intentado con éxito mediocre; Disney fracasó, dobló las manitas ante Steve Jobs y compró Pixar. Ahora Pixar condesciende con Disney en nuevas secuelas como Toy Story 3 (que incorpora a Barbie y Ken ¡Upsss!) mientras innova con Los Increíbles, Cars, Buscando a Nemo, Monsters Inc, Ratatouille y Up.
Toy Story, un vaquero y un astronauta marcaron a todos el camino para llegar hoy a esa cumbre cinematográfica que es Wall-E (y, claro, la extraordinaria EVA). Buzz Lightyear tenía razón: el cine de animación del futuro nos dará más sorpresas al grito de ¡Al infinito y más allá!
Toy Story 3: el gran escape llega a las pantallas con un taquillazo anunciado –y esperado-. De nuevo sus personajes se reencuentran con un público que los esperaba con avidez y, por lo que se ve, la película es un final digno de toda la saga, que espero no se alargue innecesariamente como ocurrió hace poco con Shrek que ya dio pena.
Y antes de sumergirme en las aguas profundas de los temas que toca la película, hay que decir que la cinta es encantadora, placentera y muy visible para chicos y grandes, con las virtudes de las cintas anteriores y un par de secuencias inolvidables para los adultos. Hay que verla sin reticencias.
Y ahora vamos a aguas más profundas…
En su estreno hace 15 años, Toy Story 1 se centraba en la adaptación de la vida personal y comunitaria al cambio –sobre todo inesperado– como moraleja para chicos y grandes, y valoraba la creatividad y la improvisación grupal vía los personajes-juguetes.
Toy Story 2 criticaba la preeminencia del valor de cambio de esos juguetes –y por lo tanto de las personas, que no valdrían por sí mismas- con base en un “coleccionista” de juguetes con síndrome de Gollum que parece calcado de algún “filmópata sateluco”; en cambio, enaltecía su valor como fuente primaria de alegría de niños y adultos –y por lo tanto de las personas que aquí se propone que se les valore por sí mismas-.
Ahora, parece que Toy Story 3 cierra la saga con otros mensajes que se refieren al paso del tiempo, la edad, la muerte y el translado de la estafeta de la imaginación y la inocencia como valores humanos positivos de una generación a otra.
Claro que uno de los grandes logros y éxitos de toda la saga Toy Story ha sido, precisamente, plantear y contar cómicamente estos temas con formas ligeras pero inteligentes, profundas pero accesibles para chicos y grandes, en especial para l@s niñ@s que crecieron con Toy Story y hoy enfrentan nuevas responsabilidades al despuntar su vida adulta.
El paso del tiempo Lo primero que plantea Toy Story 3 es el irrefrenable paso del tiempo, que se muestra con el hecho de que Andy creció (va a la universidad) y los juguetes pueden ser almacenados o tirados a la basura. Incluso los juguetes mismos han “envejecido” (no están de moda) y deben adaptarse a su nueva condición, a su edad: almacenados en el ático como objetos aún apreciados (equivalente a seguir en el hogar familiar aunque desplazados), enviados a una guardería (equivalente a un asilo) o enviados a la basura (sinónimo de muerte definitiva). De hecho, algunos de los juguetes ya no están presentes (“murieron” o “se fueron al asilo”) y del grupo original sólo queda un grupo compacto…
La Edad Woody, Buzz Lightyear, la vaquerita Jessie y el resto de los juguetes no son viejos ni ancianos, pero se asemejan a las personas a las que no les dan trabajo al solicitarlo después de los 50, 40 o hasta 35 años de edad. Es el caso de Ken, el ligue de Barbie, y hasta la misma Barbie, que también sufren un retiro prematuro junto con todos los demás.
Una de las virtudes de la trama de la cinta es que se enreda en acciones constantes, frenéticas, que mantienen siempre nuestra atención para presentar estas situaciones profundas. Por ejemplo, los equívocos cómicos entre el ático-desván y la guardería (asilo) donde finalmente creen encontrar el paraíso, el descubrimiento de que hay diferencias y mientras en una zona de la guardería son maltratados en otra amados (dos tipos de asilo existentes, ¿o no?) por la decisión de un juguete tiránico, resentido, que decide quién sí y quién no sobrevive (¿cómo burócrata de servicios de salud estatales y privados de atención para personas adultas mayores?).
Pero aunque Woody, Buzz, Jessie y los demás tienen “más edad” conservan los recursos de su experiencia y se defienden con las características que todos les re-conocemos en la saga: trabajo y valores en grupo, liderazgo humanista, creatividad e improvisación ante situaciones desconocidas.
Intermedio para guión y realización La gran habilidad con la que está construido el guión de Toy Story 3 le permite a la película recuperar sus valores fílmicos, sello de toda la saga. El manejo de la animación 3D es impecable y se relaciona a la perfección con los encuadres y tiros de cámara, que fueron planeados para darnos todos los puntos de vista posibles dentro una gran variedad de ambientes, desde la guardería hasta el tiradero de basura.
Esa agilidad en las imágenes permite que las situaciones por las que atraviesan los personajes sean creíbles hasta el mínimo detalle.
Esto se puede ver en escenas de detalle como Ken probándose distintos vestuarios ante Barbie; toda la ropa está pasada de moda (tiempo, edad) y Ken se ve ridículo porque la viste como si fuera hoy y no acepta el paso del tiempo. Claro, Ken es el personaje del que más se burla la película (por algo será) mientras Barbie si se adapta a ese paso del tiempo, crece y madura (para ver que pasa con Ken y Barbie en la guardería vean la secuencia de los créditos finales, no dejen que en el cine al que vayan corten su proyección, exijan verlos para conocer el final verdadero de esta parte de la historia).
También se ve la calidad de la realización y la historia en secuencias largas como la fuga nocturna de los juguetes de la guardería, que es un homenaje nada velado a las cintas “de prisiones” y “fugas de la cárcel”. Aquí se renuevan las virtudes de toda la saga: mezcla y alternancia de géneros cinematográficos como suspenso, comedia, romance, drama, melodrama, etc., todo revestido de gags con ese barniz cómico que cubre las tres películas y es su sello.
Y aunque su trama es lineal, sencilla, accesible para tod@s, cada secuencia, cada ambiente de la película está revestido de detalles. En medio de la comedia y la diversión, todo el equipo creativo dirigido por Lee Unkrich, generó imágenes cuya densidad sobrepasa a nuestros ojos con una sencillez aparente que oculta su sorprendente complejidad.
En medio de todo este mundo complejo, los personajes deambulas fieles a sí mismos. Woody es aún el líder que se sobrepone a sus fracasos y se preocupa por todos, hasta enfrentar su decisión final, ¿con quién se queda?; Buzz pierde la memoria y sufre una regresión pero, ¿encontrará a cambio el amor?.
Sin embargo, realización, dirección, guión, personajes y situaciones desembocan en las dos secuencias por las que seguramente Toy Story 3 será recordada al parejo y con la misma calidad que sus dos hermanas anteriores…
La Muerte Es el tema más difícil que aborda Toy Story 3 en toda su duración de 103 minutos.
La secuencia que expone el tema de La Muerte es, desde mi punto de vista, la mejor de toda la película. Luego de una secuencia previa de suspenso y grandes riesgos que los juguetes enfrentan con creatividad y trabajo de equipo, sus esfuerzos fallan y confrontan su destrucción final.
Dicha secuencia, muy clara para los adultos y muy cuidada para los niños (sin crueldad, horror o terror), los juguetes enfrentan el momento de su muerte. Los guionistas John Lasseter (director de Toy Story 1 y 2), Andrew Stanton (director de Wall-E), Michael Arndt (Little Miss Sunshine) y Lee Unkrich la presentan ante los ojos infantiles con una delicadeza y una ternura que asombra a la mente adulta. Muy pocas veces en el cine se ha presentado ante l@s niñ@s esta situación con tanta sensibilidad, frente a generaciones y generaciones infantiles traumadas, por ejemplo, con la muerte de la madre de Bambi.
Aquí los juguetes enfrentan la muerte con sentimientos, gestos y actitudes de hermandad que son capaces de arrancarle las lágrimas a l@s cinéfil@s más curtid@s. Es toda una lección de un cine que, siendo comercial, es capaz de tocar en un momento artístico la profundidad del alma humana ante el único hecho de la vida que es inevitable. Observen esta secuencia con atención si no los ha devorado antes la emoción.
Imaginación e inocencia pasan de una generación a otra como valores positivos En otro punto diferente de Toy Story 3, está una secuencia importante donde los juguetes son estafetas que pasan de mano en mano para alimentar la inocencia y renovar la imaginación, de generación en generación.
Por un lado, los juguetes recuperan su esencia –y su propia felicidad existencial- al ser de nuevo objeto de cuidados y sonrisas infantiles: están “vivos” al participar en el mismo “juego” de siempre, pero siempre nuevo porque es “una primera vez” otra vez. Con este enfoque, l@s niñ@s “sienten” que hay una alternativa a los mundos virtuales-electrónicos prefabricados y con pocas variantes, que pueden animarse a “soñar despiert@s” con mundos propios, creativos, personales, inventados por ell@s mism@s y por nadie más.
Para los adultos está el momento “nostálgico” donde recuerdan cuando jugaron como niños por última vez, y se desprendieron de sus juguetes para adoptar sus responsabilidades adultas. Este sentimiento quizás sea más marcado en la generación que vio en su infancia Toy Story 1 y que hoy, 15 años después, alrededor de sus 25 años (cinco más o cinco menos no importa) sienten el paso del tiempo y sienten que son incapaces de revivir esos momentos.
Sin embargo, el mensaje emocional de Toy Story 3 para esa generación alrededor de los 25 años (+/- 5) y para todos los adultos más allá de los 30, es que esas situaciones volverán con la misma intensidad, magia, sueños y placer cuando “el juego” reviva al jugar con nuestr@s hij@s, con nuestr@s niet@s. Así, la satisfacción de los personajes se extiende al público: de nuevo ellos serán juguetes, nosotr@s serem@s niñ@s... Así lo plantea esta disfrutable película de Disney y, sobre todo, PIXAR…
Puede ser que Toy Story 3 no deslumbre con “novedades” en su historia, con “vueltas de tuerca” inesperadas en la trama que “sorprendan” como lo logró Toy Story 1; o peor, las “sorpresas” superficiales que acostumbra el cinebasura comercial en los géneros de terror, horror, gore, etc., diseñadas para generar emociones baratas en el público, y baba pavloviana en algún filmópata ante su manjar fílmico favorito. También puede ser que Toy Story 3 no deslumbre con “momentos de suspenso” combinados con “cine de acción” como lo logró brillantemente Toy Story 2 a los que sumó su crítica subterránea pero feroz del “coleccionismo” neoliberal donde personas y objetos sólo importan por su “valor de cambio en el mercado”.
Donde sí nos deslumbra Toy Story 3 es con su capacidad para reinventarse en un marco fílmico ya conocido, su esfuerzo para plantear variantes inteligentes, su habilidad creativa para presentar problemas complejos ante un público de todas las edades, sin asustar o engañar a l@s niñ@s ni insultar o aburrir la razón de los adultos.
Deslumbra, finalmente, por ser coherente consigo misma y sus hermanas fílmicas anteriores al afirmar que la imaginación y la inocencia son valores positivos que nos enriquecen a tod@s, en todo momento, sin importar nuestra edad… ni el paso irrefrenable del tiempo.
Ah la la, Carla Bruni, notre Première Dame, était quand même plus sexy avant de devenir Mme Sarkozy ! Maintenant on a droit aux tailleurs stricts, au maquillage léger et aux cheveux bien lisses... Moi je préfère la Carla d'avant, et vous ?
Ah ! Pour ceux qui auraient raté la vidéo de Carla faisant la promo de la Tectonick, c'est ici
Voila une incroyable photo de Madonna datant de 1976 ! Malgré ses soquettes blanches, on voit déjà que la miss aime poser et faire du charme au photographe. Quand on pense que quelques années plus tard, cette adolescente deviendra la star planétaire que l'on sait, je trouve cette photo vraiment évocatrice.
Uno de los propósitos de la Cineteca Nacional y del Instituto Mexicano de Cinematografía es la difusión del cortometraje mexicano por medio de distintos eventos, como el pasado ciclo Más sabe el corto… Toca la ocasión de que el 19 Foro Internacional de la Cineteca sea otra pantalla para dar a conocer este trabajo.
El cortometraje parece ser la zona más viva del cine mexicano. Con altibajos, falsas pretensiones, logros evidentes y muestras de buena factura, el corto es campo de expresión libre y zona de entrenamiento de los cineastas. Su valor durante años fue menospreciado. Pero ahora da muestras de vida aunque no todas las manifestaciones son parejas.
Algunas producciones que cuentan con más recursos fallan; otras, con menos financiamiento, encuentran en la creatividad y buen uso del cine la vía de una expresión sencilla pero de mayor alor estético. Otros cortos muestran a directores en formación, a los que sólo falta la madurez de su primer largometraje.
Por estas razones, es bueno que el cortometraje encuentre vías de distribución y proyección. A partir de este punto, queda al cinéfilo el apoyar estos esfuerzos con su asistencia a este tipo de exhibiciones.
El programa está conformado por cinco cortometrajes:
El muro, de Sergio Arau. Cortometraje de animación que plantea a un personaje que recorre tranquilamente un desierto hasta encontrarse con un muro de ladrillo que le impide el paso. Ante el obstáculo, el personaje busca brincarlo o destruirlo.
Con una duración de 6 minutos, Arau parece mostrarnos una metáfora de las reacciones humanas ante un problema o una barrera inesperada. El final del corto indica que esas reacciones son generales en la mayor parte de los individuos.
Sin pretensiones formales o de contenido, el corto de Arau obtiene mejores resultados en la comunicación de su idea que otros de los cortos de este programa, que toman mayor cantidad de tiempo para lograr un mensaje menos contundente o menos claro.
El muro es una de las razones para ver la proyección de este programa especial.
Lávelo y úselo / Wash and wear, de Sergio Guerrero Es, para mi gusto, el mejor corto del programa. En sólo 16 minutos, Guerrero hace planteamiento narrativo y formal completo. A partir de un encuentro en una lavandería de paga, dos personajes establecen una relación. En el fondo de todo se encuentra un asesinato pasional.
Lucy (Cecilia Suárez) se llevó por delante a su novio con un cuchillo y lava la ropa con todo y cartera (con el detalle de humor negro de que la identificación es la de Guerrero). Fabián (Luis Felipe Tovar) espera que su carga de ropa esté lista. Por una falla de la lavadora, Fabián descubre el secreto de Lucy.
A partir de ese momento, enmedio de una atmósfera obscura, donde en el exterior llueve, y fotografiada con contrastes fuertes, la pareja desarrolla el sueño de huir a una playa.
Pero de ese deseo mutuo, de esa posibilidad de relación, Guerrero recorre toda una gama de sentimientos a través de sus personajes: miedo, curiosidad, atracción, traición, de nuevo el miedo. A pesar de un asesinato, la cotidianeidad finalmente no se rompe.
Un gran valor de este corto es mostrar la capacidad técnica que ya existe en este cine, en cuanto al manejo de nuevas tecnologías, y de la calidad de la dirección de fotografía mexicana. Lávelo y úselo está hecho con gran solvencia técnica y sus imágenes son atractivas. Aun aquellas que son resultado de la experimentación o del juego estético no atentan contra la trama sino que la complementan. Es evidente también el trabajo de producción, acreditado a la argentina Magdalena Nicolini, ya lejos de sus inicios como asistente en Televisa.
Cocktail Molotov, de José Ángel García Moreno Corto de animación cuyas características formales son más interesantes que la historia que narra. A partir de imágenes basadas casi exclusivamente en grises, blancos y negros, García Moreno narra una borrachera de su personaje.
En ambientes de bar, se ve la obsesión por tomar alcohol y el resultado del corto es esperado casi sin sorpresa.
Por esa razón, la parte formal de la animación es la que se observa como más valiosa. El director dibuja lo grotesco de personajes y lugares de los ambientes nocturnos, así como la irresponsabilidad que priva en esos momentos. En tan sólo tres minutos llega a la conclusión lógica.
No es el corto más valioso del programa. Lo rescatable es su aspecto formal. Tómese como el respiro para lo que sigue.
La historia de I y O, de Valentina Leduc Aquí se siente a una directora mucho más madura en el manejo de la parte por el todo, que dice más de sus personajes y de la situación por medio de una narrativa enfocada al detalle conductual, a la atención al detalle.
Una pareja instalada en el aburrimiento sexual y existencial recibe el encargo de cuidar el departamento de unos vecinos del mismo edificio. El marasmo de ambos personajes, denotado, por ejemplo, por el manejo de los pies de ella al arrancar el corto, está circunscrito al espacio propio de la pareja.
Pero nuestro personaje masculino (Martín Zapata) recorre e investiga el departamento de los vecinos. Pronto lleva a su esposa a visitar el nuevo ambiente, Del cambio de ambiente se desprende un nuevo reencuentro de la pareja y una activación de su vida sexual y sentimental.
El departamento de los Otros es un cambio de ambiente que repercute en la vida y fantasías de la pareja. La edición y el trabajo de cámara despiertan también del marasmo narrativo, mientras que Valentina Leduc sigue fiel a la observación del detalle, como quemar la cortina de baño con el puro.
El hecho de abandonar el nuevo ambiente no implica que el reencuentro de la pareja se desdibuje. Como remate, Leduc usa de nuevo el detalle: nuestro personaje ha tenido la precaución de traerse el tapón de la bañera. La pareja puede seguir su aventura.
El corto, aunque un poco disparejo en la realización entre sus partes, apunta que existe una directora con capacidades narrativas, que sabe contar con imágenes y edición. Es sólo cuestión de tiempo para que madure una realizadora con un buen manejo de la observación y que, seguramente a futuro, si elige temáticas importantes, entregue al público largometrajes de excelente factura. La esperanza está viva, como lo demuestra este cortometraje.
Ciudad que se escapa, de Rodrigo García Saiz A partir de una obra de Paco Ignacio Taibo II, Mariachis muertos sonrientes, García Saiz atisba al mundo de la nota roja, de la creación literaria y de las relaciones de pareja. Es el cortometraje más largo –30 minutos- y más ambicioso del programa. También es el que falla más en su intento.
Un escritor debe acabar un guión por lo que se aparta de su novia. El personaje sobre el que escribe es un fotográfo de nota roja cuyo reino es la noche. Venal, cínico y atractivo, El Chato es lo mejor que hay en el corto.
Este personaje imaginario termina por introducirse a la realidad real del escritor, al grado de ligarse a su novia, comunicarse con él y afectar la escritura y el desarrollo de la historia, El Chato es tan vital que adquiere vida propia.
Pero el juego imaginario del triángulo amoroso pierde fuerza cuando El Chato entra en determinadas circunstancias. Una escena sobrante, que no aporta ni a los personajes, ni al corto, ni a la ciudad en la que se desarrollan los hechos –la Ciudad de México- es la del payaso enano que amenaza con suicidarse y termina actuando a las órdenes del fotográfo.
De nuevo el pobrediablismo al que es tan afecto el cine mexicano que se desea social o estético –Ripstein en El evangelio de las maravillas, por ejemplo-. La escena no aporta nada porque se autosabotea hasta volverse inverosímil. El payaso y su amigo gritándose mientras el fotográfo logra sus placas con la promesa de seducción a dos solteronas que viven en el departamento más cercano al payaso enano.
El conjunto de la escena quiere juntar varios tipos sociales para mostrar una ciudad que, en la realidad, ya va más allá de la imaginación de sus habitantes.
La frase del escritor, sobre los cientos de historias posibles de esta megalópolis, y que finalmente huyen de él porque es una ciudad que se escapa a su talento resume perfectamente lo que ocurre en este corto.
La historia se le va de las manos a su director, la trama se abre de tal forma que todo termina por desdibujarse, hasta el mismo Chato, el más sólido de los personajes. Ya poco importa como acabe el triángulo amoroso… todo termina en un juego mental estéril
En ese sentido, la historia debió ajustarse. Es decir, un trabajo en la mesa de edición que dejara fuera de la pantalla lo innecesario o lo inútil. Por desgracia eso no se dio.
EL MURO. Producción: Art Naccó industries, Conaculta, Imcine, rossana Arau, Sergio Arau. Dirección: Sergio Arau. Año: 1998. Guión: Sergio Arau. Música: Juan Colomer. Edición: Sergio Arau. Animación: Cuauhtli Arau Méndez y Sergio Arau. Duración: 6 minutos. Distribución: Imcine.
LÁVELO Y ÚSELO. Producción: Manifiesto Films, Conalculta, Imcine, Magdalena Nicolini. Dirección: Sergio Guerrero. Año: 1999. Fotografía en color: Alfredo Kassem. Música: Bon. Edición: Sergio Guerrero. Intérpretes: Luis Felipe Tovar (Fabián), Cecilia Suárez (Lucy). Duración: 16 minutos. Distribución: IMCINE.
COCKTAIL MOLOTOV. Producción: Conaculta, Imcine, José Ángel García Moreno, Martina Totzauerova, Guillermo Rendón. Direción: José Ángel García Moreno. Año: 1999. Guión: José Ángel García Moreno. Fotografía: Ciro Cabello y Armando Mejía. Música: Juan Cristóbal Pérez Grobet e Iraida Noriega. Edición: José Ángel García Moreno. Animación: Valeria Gallo, Kemi Guaida, Guillermo Rendón y José Ángel García Moreno. Duración: 3 minutos. Distribución: IMCINE.
LA HISTORIA DE I Y O. Producción: La Media Luna Producciones, Conalculta, Imcine, Tabasco Films, Mexine, Martha Sosa, Juan Carlos Rulfo. Dirección: Valentina Leduc. Año: 1999. Guión: Valentina Leduc y Alejandro Lubezki. Fotografía en color: Alexis Zabé. Música: Jacobo Liberman. Intérpretes: Martín Zapata y Gabriela Murray. Duración: 18 minutos. Distribución: IMCINE.
CIUDAD QUE SE ESCAPA. Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), Dirección General de Actividades Cinematográficas-UNAM, Conaculta, Imcine, Fonca, Televicine, Walter Navas. Dirección: Rodrigo García Saiz. Año: 1998. Guión: Rodrigo García Saiz, basado en Mariachis muertos sonrientes, de Paco Ignacio Taibo II. Fotografía en color: Juan Carlos Carrasco. Música: Luis Leñero. Edición: Gabriel Baudet y Rodrigo García Saiz. Intérpretes: Bruno Bichir (el chato y el escritor), Verónica Merchant (Lola), Gerardo Martínez, Rodolfo Vélez. Duración: 30 minutos. Distribución: IMCINE.
TV’s 10 highest paid actors in 2017
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India’s film industry might be the largest in the world. But who says the
country’s television is lagging behind? It...